
La relación directa entre el cambio climático, provocado por el incremento de gases de efecto invernadero (GEI), producidos por el ser humano, y su impacto negativo en la salud es indiscutible.
Y se sostiene aún más después del último informe informe publicado por la revista Lancet sobre el impacto del cambio climático en la salud, en donde se desprende que la mortalidad por calor aumentó un 160% en la región en los últimos 20 años.
Ante la vuelta de las olas de calor y, de acuerdo a un informe publicado por la revista Lancet, debemos extremar los cuidados antes estos escenarios cada vez más frecuentes e intensos. Este fenómeno “ha puesto en riesgo cada vez más la salud y la supervivencia de los niños menores de un año y de los adultos mayores de 65 años”, advierten los autores del artículo.

“Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela tuvieron anomalías climáticas de hasta 2°C. Las olas de calor se han vuelto más frecuentes e intensas, y ponen en peligro la salud y la supervivencia de varios grupos etarios. En los últimos 10 años se han visto más intensas y más frecuentes olas de calor que pusieron en riesgo la vida de niños de menos de un año y de los adultos de más de 65. Las personas de todo el mundo sienten cada vez más el impacto del cambio climático en su salud y bienestar, y estas crisis agravadas están amplificando esos daños. Sin embargo, los gobiernos y las empresas de países de ingresos altos y bajos siguen dando prioridad a los intereses de los combustibles fósiles”, amplió el informe firmado por la coautora Yasna Palmeiro-Silva, investigadora de la Universidad Católica de Chile y del London College y autora del reporte, entre otros muchos científicos.
Para los expertos que elaboraron el crítico documento, el cambio climático está exacerbando la inseguridad alimentaria, los impactos en la salud del calor extremo, el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas y los eventos climáticos extremos que amenazan la vida.
Respecto a la Argentina, el pronóstico para la temporada estival no parece alentador. De acuerdo al Servicio Meteorológico Nacional, “durante el trimestre noviembre-enero se esperan temperaturas más altas que lo normal en el norte y noroeste del país, región del Litoral, Córdoba y Santa Fe. Mientras que en La Pampa y provincia de Buenos Aires se prevé que las temperaturas sean de normales a más cálidas de lo habitual”.

Las temperaturas extremas están asociadas a un aumento de la mortalidad, sobre todo en las ciudades, y no solo debido a los golpes de calor, sino a que agravan enfermedades crónicas como las cardiovasculares y respiratorias.
Frente a este panorama, el doctor Raúl Mejía, Jefe del Departamento de Medicina Ambulatoria del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 62.123), explicó que “una persona que sufre de hipertermia por golpe de calor, es aquella que, por estar expuesta al mismo, presenta un aumento de la temperatura corporal -mayor a 40°-, alteraciones neurológicas y deshidratación aguda”.
“El problema afecta principalmente a los chicos y las personas grandes porque no toman líquido y les cuesta regular la pérdida de líquido corporal. El mecanismo de producción inicial es que la pérdida de líquido es superior a la ingesta de líquido. Las personas mayores suelen no tener sensación de sed, y pasa lo mismo con los bebés, que además en ocasiones no tienen acceso a hidratarse. También impacta más en pacientes con enfermedades cardiovasculares, diabetes u otras predisponentes. El resto de las personas habitualmente se sienten mal, tienen mucho calor, pierden líquido y se sienten cansadas. Eso es un paso previo al golpe de calor”, aclaró Mejía.

Las manifestaciones más habituales del golpe de calor son la presencia de temperatura corporal elevada, cansancio, náuseas, vómitos, modificación de la frecuencia cardíaca, dificultad para respirar, enrojecimiento de la piel, pérdida de la conciencia, síncope e inclusive coma. Pueden darse complicaciones médicas tales como una falla renal o alteraciones respiratorias.
El especialista del Clínicas indicó que, en el caso de presentar síntomas, la persona debe estar en un lugar fresco, con aire acondicionado o frente a un ventilador. Se debe mojar la piel con paños o agua fría y retirar todas las prendas que se pueda. Es clave la rehidratación con líquidos fríos, en forma regular. En caso de persistir o empeorar los síntomas, se debe acudir a un centro de salud.
¿Cómo prevenir un golpe de calor?

-Tomar frecuentemente y preferentemente agua. Las bebidas con cafeína y/o azúcar tienden a deshidratar más. En adultos mayores, salvo que tengan una situación médica que lo impida, se sugiere 1 vaso de agua por hora. Si viven solos, visitarlos frecuentemente. En el caso de los bebés, lo mejor es que tomen leche materna.
-Elegir lugares frescos, ventilados -no es necesario que haya aire acondicionado-, con poca concentración de personas. En el caso de circular por la calle, tratar de ir por la vereda de la sombra -hay hasta 3 grados de diferencia entre el sol y la sombra-.
-Exposición al sol: evitar hacerlo en las horas de mayor calor -desde las 10 y las 17 horas-, usar gorra o sombrero y anteojos de sol. Utilizar protector solar.

-Consumir frutas y vegetales. Evitar las comidas con mayor contenido graso, que generan más trabajo en el tubo digestivo. En el caso de comer helado, es ideal que sea de agua y sin azúcar.
-Actividad física: tener en cuenta que la mejor forma de eliminar calor es la evaporación, lo cual es ineficaz cuando hay mucha humedad, favoreciendo los golpes de calor. Una variedad del golpe de calor es el producido por el ejercicio. Por eso hay que tratar de disminuir la física. En el caso de sostener el entrenamiento, conviene hacerlo antes de las 9 de la mañana o al bajar el sol. Tomar agua antes, durante y después de la actividad física.
-Utilizar ropa holgada, liviana y evitar fibras sintéticas que se adhieren al cuerpo e impiden la sudoración.
-También se aconseja refrescarse a menudo en las zonas que se concentra más el calor como el cuello, axilas, ingles. Colocar compresas frías si es necesario.
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