
La noción de comer insectos es suficiente para que muchas personas pierdan el apetito, pero los investigadores de la Universidad Estatal de Colorado argumentan que los insectos son en realidad una opción inteligente para planear la ingesta diaria. Es que, según en un artículo publicado en Nature Food, tanto la quitina (kai’tin) como las grasas saludables obtenidas al comer insectos parecen contribuir a una microbiota intestinal saludable, además de proporcionar muchas proteínas y nutrientes esenciales.
En colaboración con Valerie Stull de la Universidad de Wisconsin, he estado investigando el efecto del consumo de grillos en la microbiota intestinal durante años.
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Una investigación anterior me ayudó a generar conocimiento sobre cómo la quitina derivada del grillo (un biopolímero similar a la celulosa ampliamente distribuido en la naturaleza) en las hamburguesas puede aumentar los efectos prebióticos positivos entre las personas con síndrome del intestino irritable (SII). “Los insectos comestibles y sus fibras pueden ser inusuales en la dieta humana, pero son comunes en muchas partes del mundo, como parte de muchas cocinas tradicionales. Están ganando atención como una fuente de proteína animal respetuosa con el medio ambiente” explicó Stull.

Además, según un estudio comer insectos es bastante común a escala mundial: 3.000 grupos étnicos en 130 países comen insectos, en su mayoría recolectados en la naturaleza. La cría de insectos también está comenzando a ganar popularidad, ya que utiliza menos recursos (agua, tierra, alimento) y emite menos gases de efecto invernadero.
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Aunque los impactos ambientales reducidos de la cría de insectos en comparación con el ganado tradicional han sido un punto de venta clave para los productos a base de insectos, también existen beneficios nutricionales poco explorados y subestimados. Los insectos se promocionan como una buena fuente de proteínas, pero el componente de fibra, la quitina, no se encuentra en otros alimentos de origen animal, y el contenido de omega-3 puede ser mayor que el que se localiza en muchos alimentos vegetales. Estos componentes pueden brindar beneficios únicos para el intestino al fomentar una microbiota saludable y reducir la inflamación intestinal.

Las variedades de insectos que se comen en áreas donde viven aproximadamente dos mil millones de personas incluyen escarabajos, orugas, avispas, abejas, hormigas, saltamontes, chinches y termitas. Si bien la capacidad de nutrición varía de un insecto a otro, en general, todos parecen ser una fuente confiable de proteína animal biodisponible que también contiene todos los aminoácidos esenciales necesarios para la nutrición humana, especialmente entre aquellos en dietas basadas en cereales y legumbres.
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Se han realizado estudios centrados en los riesgos potenciales del consumo de insectos, como alérgenos y contaminantes, pero hay poca evidencia de que la entomofagia (comer insectos) presente un mayor riesgo para los consumidores que otras fuentes de alimentos animales como el pollo o la carne de vaca.
Investigaciones recientes muestran que los tipos de células humanas producen enzimas para descomponer la quitina, lo que facilita la absorción durante el proceso de digestión. El estudio anterior con llevamos adelante con Stull encontró que 25 gramos de polvo de grillo ingeridos diariamente muestran una conexión con un aumento de bacterias beneficiosas en los intestinos. Aún así, los autores advierten que se necesita más investigación para obtener más conclusiones al respecto.
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El consumo de insectos tiene el potencial de influir positivamente en los desafíos globales de la desnutrición, al mismo tiempo que reduce el riesgo de enfermedades y la escasez mundial de alimentos. La evidencia prometedora sobre el impacto en la salud intestinal debe verse atenuada por las limitaciones del estudio. Por lo tanto, pedimos estudios humanos grandes y bien controlados entre poblaciones específicas y deliberadas.
La cría de insectos a bajo costo podría ayudar a las comunidades vulnerables a satisfacer sus necesidades nutricionales y mejorar la seguridad alimentaria, especialmente en contextos donde ya se practica la entomofagia. No solo son generalmente una fuente de proteína animal respetuosa con el medio ambiente que requiere menos recursos que el ganado convencional, sino que algunas especies también son recicladores expertos que pueden consumir y convertir subproductos y desechos orgánicos de bajo valor, incluido el desperdicio de alimentos, en alimentos nutritivos y de alta calidad aún para animales.
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*Tiffany Weir es profesora asociada en el Departamento de Ciencias de la Alimentación y Nutrición Humana de la CSU, autora de esta investigación en colaboración con Valerie Stull de la Universidad de Wisconsin
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