
Los problemas cognitivos posteriores a la infección por COVID-19, denominados niebla mental, se consideran las secuelas más devastadoras de esta enfermedad. Los estudios hasta el momento han demostrado que la disminución de la atención y la concentración, la disfunción ejecutiva, el deterioro de la memoria y el retraso en la velocidad de procesamiento de la información dominan este escenario clínico.
La mayoría de los estudios cognitivos posteriores a la pandemia se han realizado en personas previamente sanas sin ningún deterioro cognitivo antes de la infección por COVID-19. Ahora, en nuestra publicación realizada en el Journal of Alzheimer’s Disease Reports, advertimos que el coronavirus tiene un impacto significativo en la función cognitiva en pacientes con demencia preexistente. Estas personas, con todos los subtipos de demencia incluidos en el estudio, experimentaron una aceleración progresiva después del contagio.
Desde la primera ola, los expertos notaron síndromes neurológicos agudos y a largo plazo y secuelas neuropsiquiátricas. Pero, hasta ahora, la información sobre este impacto seguía sin estar clara y los neurólogos lograron determinar que sería una afección denominada niebla mental. Por eso, con el objetivo de comprender mejor esta situación, investigamos los efectos del COVID-19 en el deterioro cognitivo, en 14 pacientes con demencia preexistente (cuatro con enfermedad de Alzheimer [EA], cinco con demencia vascular, tres con enfermedad de Parkinson, y dos con la variante conductual de la demencia frontotemporal), los cuales habían sufrido un mayor deterioro cognitivo tras su contagio.

Especulamos que debe haber algún efecto nocivo de COVID-19 en pacientes con demencia preexistente extrapolando nuestra comprensión del impacto cognitivo de esta infección viral en pacientes sin demencia. Sin embargo, la evaluación posterior es difícil debido a múltiples factores de confusión y sesgos. Además de que descubrimos que todos los subtipos de demencia, independientemente de los que ya experimentaban los pacientes, se comportaron como una acción rápidamente progresiva después de atravesar el COVID-19.
Ritwik Ghosh, co-investigador y miembro del Departamento de Medicina General del Burdwan Medical College and Hospital, en India, resaltó que la línea de demarcación entre los diferentes tipos de demencia se volvió notablemente borrosa después del contagio y expresó su preocupación por los subtipos advertidos.
“Es más difícil en la era post-COVID-19, donde la historia de esta infección viral juega el papel más importante. Pocos pacientes con antecedentes de coronavirus sin demencia preexistente tienen cambios cerebrales similares fenotípicamente y en cuanto a imágenes que simulan otras demencias degenerativas y vasculares”, afirmó.

Deterioro veloz y progresivo
También encontramos que las características de un tipo particular de demencia cambiaron después del COVID-19, y tanto la demencia degenerativa como la vascular comenzaron a comportarse como una mixta tanto clínica como radiológicamente. Observaron un curso de deterioro rápido y agresivo en pacientes con inicio insidioso, lentamente progresivo y que previamente estaban cognitivamente estables.
La atrofia cortical también fue evidente en los seguimientos posteriores del estudio. La coagulopatía que afecta a los vasos pequeños y la inflamación, que se correlacionaron además con los cambios de intensidad de la materia blanca en el cerebro, se consideró el indicador patogénico más importante.
La rápida progresión de la demencia, la adición de más impedimentos/deterioro de las capacidades cognitivas y el aumento o la aparición de nuevas lesiones en la sustancia blanca sugieren que los cerebros previamente comprometidos tienen pocas defensas para resistir un nuevo ataque, es decir, un segundo golpe como una infección.

La niebla mental es una terminología ambigua sin una atribución específica al espectro de secuelas cognitivas posteriores al COVID-19. Con base en la progresión de los déficits cognitivos y la asociación con cambios en la intensidad de la materia blanca, proponemos un nuevo término: ‘fade in memory’ (fatiga de la memoria). Es decir, la fatiga implica la disminución de la fluidez, déficit de atención, depresión, disfunción ejecutiva, velocidad de procesamiento de la información más lenta y deterioro de la memoria subcortical.
Mahua Jana Dubey, que también se desempeñó como coinvestigador, y es científico del Departamento de Psiquiatría del Hospital Mental de Berhampur en Bengala, India, agregó: “En medio de varios impactos psicosociales de COVID-19, los déficits cognitivos, cuando se acompañan de depresión y/o apatía y fatiga en pacientes con o sin demencia preexistente, requieren una evaluación meticulosa porque impone un estrés y una carga adicionales a los cuidadores, uno de los problemas más importantes pero a menudo olvidados que pueden tener el potencial de obstaculizar el tratamiento”.
A medida que el envejecimiento de la población y la demencia aumentan en todo el mundo, creemos que se necesita con urgencia el reconocimiento de patrones de los déficits cognitivos asociados con COVID-19 para distinguir entre los deterioros asociados con él per se y otros tipos de demencia. Esta comprensión tendrá un impacto definitivo en la investigación futura de la dolencia.
El equipo de trabajo también estuvo conformado por: Das, Shambaditya; Ghosh, Ritwik; Chakraborty, Arka Prava; Roy, Dipayán; Das, Gautama; Dutta, Ajitava; Santra, Arindam y Sengupta, Samya.
*Souvik Dubey, investigador y autor principal del trabajo, miembro del Departamento de Neuromedicina, Instituto Bangur de Neurociencias (BIN) de Calcuta en India.
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