Pacientes inmunodeprimidos: no todos necesitarían un refuerzo de las vacunas contra el COVID-19

Un estudio de la Universidad de Birmingham detectó que entre esos enfermos algunos podrían necesitar una nueva dosis para protegerse de los contagios y otros no. Qué pacientes podrían precisarla

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Sólo algunos pacientes con sistemas
Sólo algunos pacientes con sistemas inmunológicos deteriorados tienen una respuesta de anticuerpos baja

Las personas inmunodeprimidas por distintas patologías están siendo el foco de atención de las políticas de vacunación en varios países, ya que son especialmente vulnerables ante un posible contagio de COVID-19. Ante esto se están desarrollando estudios para detectar si la protección del esquema completo de las vacunas disminuye con el paso del tiempo en forma más pronunciada para las personas que tienen su sistema inmunológico deteriorado.

En esa línea se lleva a cabo un estudio en el Reino Unido, cuyos primeros hallazgos fueron publicados en preimpresión en la revista The Lancet. Los científicos de la Universidad de Birmingham detectaron que sólo algunos pacientes con sistemas inmunológicos deteriorados tienen una respuesta de anticuerpos baja o nula después de recibir dos dosis de la vacuna contra el COVID-19. Por eso estas personas enfermas necesitarían un refuerzo vacunal para fortalecer su protección contra la eventualidad de un contagio con el SARS-CoV-2. En cambio, un amplio grupo de estos pacientes mostró una respuesta favorable con las dos dosis de los inoculantes de los laboratorios AstraZeneca y Pfizer/BionTech

Los expertos evaluaron que el refuerzo incluiría a personas que padecen vasculitis, que están tomando un medicamento potente llamado rituximab, pacientes con cáncer, artritis inflamatoria, enfermedades renales o hepáticas y quienes se hayan sometido a trasplantes de células madre.

“Las respuestas inmunitarias después de la vacunación contra el SARS-CoV-2 están no tan bien caracterizadas en grupos de pacientes potencialmente inmunes vulnerables”, dijeron los estudiosos. En ese grupo incluyeron las personas que padecen “enfermedades inflamatorias y crónicas inmunomediadas” como es el caso de la “artritis inflamatoria -IA- que incorpora artritis reumatoide -AR- y artritis psoriásica -PsA-; vasculitis asociada -AAV-; enfermedad inflamatoria intestinal -EII-; enfermedad hepática (HepD), enfermedad renal en etapa terminal que requiere hemodiálisis sin o con inmunosupresión (HDIS); cánceres sólidos (CS) y neoplasias hematológicas malignas (MH), y los que han sido sometidos a trasplante de células madre hematopoyéticas (TCMH)”.

El 60% tenía niveles de
El 60% tenía niveles de anticuerpos comparables a los de los jóvenes sanos

El llamado ensayo OCTAVE aún se sigue desarrollando y “evaluará de manera integral las respuestas a la vacuna contra el SARS-CoV-2 dentro y entre las cohortes de enfermedades mencionadas anteriormente utilizando plataformas analíticas comunes en pacientes reclutados en todo el Reino Unido. La mayoría de los sujetos recibieron la vacuna COVID-19 mRNA BNT162b2 (Pfizer / BioNTech) o la vacuna ChAdOx1 (AstraZeneca anteriormente AZD1222) como parte del programa nacional de vacunación COVID-19 del Reino Unido”, puntualizaron.

La investigación que coordinan los científicos de la Universidad de Birmingham forma parte de la evidencia que ayudará a informar la decisión del organismo asesor independiente del gobierno británico (JCVI por sus siglas en inglés).

Los científicos detectaron en análisis de laboratorio de las muestras de sangre de 600 voluntarios con esas patologías que el 40% “tiene una respuesta de anticuerpos por debajo de lo óptimo después de dos dosis de la vacuna AstraZeneca o Pfizer”.

Además, “de ellos, el 11% no genera ningún anticuerpo detectable cuatro semanas después de dos dosis de la vacuna; muchos eran pacientes con vasculitis con el fármaco rituximab”, precisaron.

“Pero el 60% tenía niveles de anticuerpos comparables a los de los jóvenes sanos y todos tenían niveles óptimos de otro tipo de respuesta de células inmunitarias, las células T, que pueden eliminar la infección por coronavirus del cuerpo”, agregaron, lo que indicaría que no todos los pacientes inmunodeprimidos necesitarían una tercera dosis.

Una investigación reciente que utiliza datos del mundo real sobre las tasas de enfermedad de COVID-19 en más de un millón de personas en riesgo, sugiere que las vacunas de COVID-19 son muy efectivos para las personas con afecciones de salud subyacentes , reduciendo el riesgo de padecer síntomas de la enfermedad en alrededor del 90%.

El profesor Iain McInnes, director del ensayo Octave y de la Universidad de Glasgow, dijo: “Si bien se descubrió que el 40% de estos grupos de pacientes con riesgo clínico tenían una respuesta inmune baja o indetectable después de una dosis doble de la vacuna, estamos alentado que esta cifra no es más alta”.

“Sin embargo, es posible que incluso una protección parcial sea clínicamente beneficiosa, y esto es algo que vigilaremos de cerca”, agregó McInnes.

La profesora Eleanor Riley, experta en inmunología y enfermedades infecciosas de la Universidad de Edimburgo, dijo: “Como son las células T las que son particularmente efectivas para evitar que nos enfermemos gravemente y necesitemos tratamiento hospitalario, esperaríamos que la vacuna siga ofreciendo una cantidad sustancial de protección a la mayoría de estas personas altamente vulnerables “.

“Sabemos que los resultados podrían ser preocupantes para quienes son clínicamente vulnerables, pero cualquier persona que se someta a un tratamiento contra el cáncer debe seguir los consejos de sus médicos y alentamos a todos los que puedan a vacunarse”, recomendó el profesor Charles Swanton de Cancer Research UK.

La mayoría de los pacientes
La mayoría de los pacientes estudiados habían sido vacunados con Pfizer o AstraZeneca (EFE/EPA/POOL / FREDERIC SIERAKOWSKI)

“Con la reducción de las restricciones, es posible que se pregunte si debe protegerse; hable con su médico, familiares y amigos y, en última instancia, debe hacer lo que sea adecuado para usted”, remarcó.

Una extensión del estudio de Octave se encuentra analizando el efecto que tendrá la administración de una inyección de refuerzo en personas con el sistema inmune afectado.

Algunos otros países ya han comenzado a administrar dosis de refuerzo de las vacunas contra el COVID-19, en la mayoría de esos casos a la población en general. Muchos países de ingresos altos y medianos estuvieron discutiendo las dosis de refuerzo (una tercera dosis, en la mayoría de los casos) como una forma de garantizar que las personas tanto sanas como enfermas permanezcan protegidas contra las nuevas variantes del SARS-CoV-2 a medida que se acercan los meses de invierno. En Israel, se convocó ayer a recibir una tercera vacuna a los mayores de 30 años. Turquía comenzó a administrar dosis de refuerzo en julio a los trabajadores de la salud y a las personas mayores de 50 años. El país, que usa las vacunas Sinovac y Pfizer, ahora también permite que las personas que recibieron la vacuna Sinovac reciban la vacuna Pfizer también para que puedan viajar a países que no reconocen la vacuna china.

Una iniciativa similar se está implementando en Uruguay, donde a los ciudadanos que recibieron la vacuna Sinovac se les ofrece una dosis de la vacuna Pfizer para estimular su respuesta inmune. Y en Camboya y Tailandia, la vacuna AstraZeneca se ofrece como refuerzo a las personas que recibieron la vacuna Sinovac o Sinopharm.

Se espera que EE.UU. implemente vacunas de refuerzo para la mayoría de los adultos a partir del 20 de septiembre, y se recomienda administrar la tercera dosis ocho meses después de la segunda. Los trabajadores de la salud, los residentes de centros geriátricos y los adultos mayores que recibieron las vacunas desde el principio serán priorizados para el refuerzo.

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