
Por Valeria Román
Cuando el popular físico Albert Einstein muere en 1955, el médico que hizo su autopsia removió su cerebro, y se lo guardó en un frasco con formol. Le tomó fotos al cerebro, ya partido por la mitad. Lo midió. Lo pesó. Y lo cortó en 240 bloques que fue llevando a escondidas por las diferentes ciudades de los Estados Unidos en las que vivió.
Hasta que en los años noventa el médico, que se llamaba Thomas Harvey, empezó a ofrecer a científicos del mundo la posibilidad de estudiar el cerebro de Einstein. En aquel momento, el investigador argentino Jorge Colombo le pidió a Harvey por carta, algunos bloques del cerebro de Einstein. Harvey aceptó mandarlos al laboratorio del Conicet y el CEMIC en la Ciudad de Buenos Aires .
Durante una entrevista con Infobae, el doctor Colombo contó qué pregunta guió su propia investigación sobre el cerebro de Einstein y por qué considera que la palabra "genio" debería dejar de utilizarse. "Hay que desterrar la palabra genio. Porque todos los seres humanos tenemos algún talento. Lo que pasa es que no todos estamos condicionados de igual manera para expresar ese talento", dijo.

-Después de haber estudiado el cerebro de Einstein, usted prefiere no asociarlo con la palabra "genio" como popularmente se le dice. ¿Por qué?
-Hoy se sabe que el talento de cada persona depende de una multiplicidad de factores, como la herencia, la alimentación, la crianza, el enriquecimiento cognitivo, y la receptividad del medio socio-cultural en el que se expresa que ponderar o dejar de lado la propuesta de cada uno. Todo hace que el cerebro funcione como una serie de complejas redes de neuronas y glias en interacción con el ambiente, que también depende de cada persona y de cada etnia. Por eso, cada sociedad impone ciertas reglas, y puede sofocar talentos que no llegan a destacarse a través de la escuela o la universidad.

-¿Significa que toda persona puede tener un talento especial?
-Sí. Incluso una persona pobre puede ser talentosa también. Todo depende de las oportunidades que la sociedad le brinde para que no sufra desigualdad. Por esto, si no se ayuda al desarrollo de una persona con bajos recursos es un "crimen evolutivo" en la medida en que la evolución de nuestra especie está asociada a su nivel de inventiva y de creatividad. Para ser claro: la idea de "genio" es una construcción no científica. Se refiere a alguien que generó un producto destacado para esa sociedad. Si una propuesta sobresale, la sociedad lo considera como un "genio". Pero hay muchos otros talentos en todas las áreas del quehacer humano que no son promovidos o son asfixiados en la inequidad social a nivel mundial.
-Usted estudió el cerebro de Einstein. ¿Qué piensa ahora de él?
-Einstein hizo sus contribuciones a la física, pero no debe inferirse que necesariamente haya sido más inteligente que muchos otros científicos de su época.

-¿Por qué hubo científicos que buscaron algo extraordinario en el cerebro de Einstein?
–En el siglo XIX se inició la tendencia a preservar cerebros de líderes políticos, escritores y científicos. Se buscaron indicios en la formas y en las estructuras de los cerebros de personajes "notables" de la época. Con esa finalidad, se construyeron bancos de cerebro en Francia, Rusia, Estados Unidos, entre otros países. Pero los resultados fueron cuestionados.
-¿Por qué fueron cuestionados?
Porque la búsqueda estuvo basada en preconceptos, sin evidencias. Pensaban que la genialidad de una persona o el talento tenía una "marca" anatómica. Ese preconcepto se relaciona con el conocimiento del cerebro que había en el siglo XIX, aún influenciado por teorías localizacionistas como la sustentada por Francis Gall, quien propuso las bases de la frenología que sostenía que el cerebro estaba formado por una serie de órganos. Las neurociencias aún no habían recibido los aportes germinales de Sherrington, Ramón y Cajal, Golgi y otros pioneros.

-¿Qué pasó con Albert Einstein después de su muerte?
–El físico murió por una ruptura de aneurisma de la aorta. El patólogo Harvey removió su cerebro y lo dejó en formol. Lo seccionó en 240 bloques que fueron embebidos luego en celoidina, y mantenidos en alcohol. Mucho tiempo después, en los años noventa, diferentes científicos pretendieron encontrar alguna "marca" en su cerebro que pudiera asociarse a la supuesta "genialidad". Como componentes distintivos del cerebro de Einstein, se intentó señalar un aumento de la región del lóbulo parietal, el aumento de astrocitos, el menor grosor de la corteza cerebral, o el cuerpo calloso (que es la sustancia blanca interhemisférica). Pero todos han sido cuestionados. Uno de los problemas es que intentaron extraer relaciones causales de procesos complejos, como el desempeño cognitivo, con eventos estructurales observados en un cerebro en particular, añoso y fijado en formol. En febrero pasado, publiqué un artículo en la revista Brain Structure and Function en el que hago una revisión crítica de esos trabajos que sólo llegaron a resultados sesgados.
-¿Cómo consiguió usted bloques del cerebro de Einstein?
-Con mi equipo, estábamos estudiando un tipo de células que es única en el cerebro de los primates, como los seres humanos o los chimpancés. Se llama "glia interlaminar". Queríamos saber qué pasaba con esa glia especial en un cerebro con un uso intensivo en lo intelectual como fue el de Einstein. Pero sabíamos que algunas de las variaciones observadas podrían no ser específicas de Einstein, sino consecuencia de las modificaciones con la edad. En 1997, pedimos muestras del cerebro de Einstein al patólogo Harvey.

Aceptó enviarlas a la Argentina. Teníamos muchas expectativas en ese momento. Uno de los trabajos se hizo en colaboración con un laboratorio del Departamento de Psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Mississippi. Lo que encontramos fue que las masas terminales de la célula glia interlaminar del cerebro de Einstein tenían un engrosamiento particular. Pero ese tipo de engrosamiento se encuentra también en cerebros de personas que han sido diagnosticadas con la enfermedad de Alzheimer. Aún no sabemos si ese engrosamiento es producto de un proceso degenerativo o si está vinculado a algún aspecto dinámico particular.

La teoría de la relatividad de Einstein no fue formulada desde la nada, sino a partir de conocimientos aportados por otros científicos. No le niego el talento a Einstein, pero tampoco deberíamos oscurecer las contribuciones de otros científicos anteriores o de su misma época. Tal vez, una frase atribuida al mismo Einstein resuma todo: "Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a un árbol vivirá toda su vida pensando que es un estúpido".
Fotos: Julieta Ferrario
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