Cómo identificar si un producto en conserva ya no es apto para comer

Especialistas y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos explicaron qué detalles del envase conviene revisar antes de abrirlo

Un hombre sostiene y observa una lata de alimentos frente a las estanterías con productos en un supermercado
Las fechas impresas en los alimentos enlatados señalan el período de calidad del producto y no definen por sí solas la seguridad del envase (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las fechas impresas en los alimentos enlatados suelen leerse como un límite de seguridad, aunque en muchos casos indican hasta cuándo el producto conservaría su mejor calidad. Para decidir si una lata puede usarse, resulta más útil observar su estado y el del alimento que contiene.

Una fecha ya cumplida no plantea la misma situación que un alimento enlatado con una fuga, una tapa hinchada, corrosión intensa o un cierre dañado. Esas alteraciones pueden afectar la protección del envase y exigen descartar el producto.

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La dietista Joan Salge Blake, profesora de Nutrición de la Universidad de Boston, explicó en declaraciones recogidas por People que las fechas de las etiquetas apuntan a la calidad esperada del producto y no definen por sí solas su seguridad.

Dos manos sostienen y abren una lata de metal oxidada, mostrando la tapa levantada y el borde interior del recipiente.
El estado exterior del envase y la condición de la comida aportan datos decisivos para autorizar el consumo de una conserva (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa distinción coincide con la guía del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que indica que, salvo en las fórmulas infantiles, la fecha no es el único criterio para evaluar un alimento enlatado.

La evaluación tiene dos momentos. Antes de abrir la lata, corresponde revisar el envase. Después, el olor, el aspecto y la textura del contenido permiten detectar problemas que no eran visibles desde afuera.

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Las pérdidas, la hinchazón y los golpes profundos son señales de descarte

Las latas que pierden líquido, están hinchadas, perforadas o tienen golpes profundos deben desecharse. Skylar Griggs, dietista y asesora nutricional de Newbury Street Nutrition en Boston, advirtió que las pérdidas y las tapas hinchadas pueden indicar que el envase perdió su integridad.

Una lata metálica plateada y cilíndrica con la tapa y los laterales abultados se encuentra sobre una superficie lisa de granito oscuro.
Las latas con pérdidas de líquido, tapas hinchadas o perforaciones deben desecharse para evitar riesgos para la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

La guía del organismo incluye estos daños entre las alertas porque pueden alterar la protección del recipiente. Un golpe leve no tiene el mismo efecto que uno profundo.

La guía oficial considera profundo un hundimiento en el que puede apoyarse un dedo. Ese daño puede dejar bordes filosos y, si alcanza una costura, afectar la unión del envase y permitir el ingreso de bacterias.

La ubicación también es importante. Una marca en la tapa, el borde o una costura merece más atención que un daño superficial en el cuerpo de la lata.

Un borde o un cierre alterados pueden dejar expuesto el alimento

El cierre aísla el contenido del exterior. Una abertura, un corte, una grieta o una deformación en el borde pueden afectar esa barrera, aunque la fecha indicada todavía no haya pasado.

Plano cerrado de una lata metálica sin etiquetas con la tapa abombada hacia arriba sobre una superficie lisa de color gris.
Un golpe profundo en la costura o en el borde del envase metálico permite el ingreso de bacterias perjudiciales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La autoridad sanitaria recomienda no utilizar los alimentos enlatados con tapas flojas o deformadas. En esos casos, el problema no es la antigüedad del producto, sino que el envase ya no puede cumplir su función de protección.

Los códigos impresos en las latas no modifican esa evaluación. Sirven para que los fabricantes identifiquen y rastreen los productos, pero no son una fecha de consumo. Un cierre intacto aporta una señal más útil que el código de producción.

El óxido intenso o presente en el interior exige desechar el producto

Según el organismo, el óxido superficial que se retira al frotar el envase con un dedo o una toalla de papel no representa, por sí solo, un problema grave. La situación cambia cuando la corrosión es intensa o cubre una parte amplia de la lata.

Una lata cilíndrica metálica y abierta con el fondo y los laterales cubiertos de óxido sobre una encimera de granito gris.
El óxido extendido en el exterior o presente en el interior de la lata exige descartar el contenido de inmediato (Imagen Ilustrativa Infobae)

El organismo explica que el óxido extendido puede formar pequeños agujeros en el metal. Esas aberturas modifican las condiciones de conservación y permiten la entrada de bacterias.

Si el óxido aparece dentro de la lata después de abrirla, el contenido no debe consumirse. Por eso, la observación debe incluir la parte exterior y la interior del recipiente.

El olor, la textura y el aspecto permiten detectar problemas al abrir la lata

Una lata sin daños visibles aún requiere observar el alimento después de abrirla. Un olor desagradable, una textura distinta de la habitual, cambios de color o la salida brusca de líquido son motivos para no consumirlo, de acuerdo con las pautas oficiales.

Una persona con la mano sobre la boca sostiene un abrelatas frente a una lata abierta y varios botes de conserva sobre una mesada.
Las alteraciones en el olor, el color o la textura tras la apertura obligan a desechar el alimento sin probarlo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La guía sobre etiquetado explica que los alimentos deteriorados pueden cambiar de olor, sabor o textura por la acción de bacterias que alteran el producto. Si aparecen esos cambios, corresponde descartar el contenido, incluso cuando la fecha impresa siga vigente.

No es necesario probar un alimento sospechoso para evaluarlo. La autoridad sanitaria advierte que, ante alteraciones evidentes, el contenido no debe degustarse.

La fecha de calidad debe leerse junto con el estado de la lata y su almacenamiento

Confundir una fecha de calidad con una garantía de seguridad puede llevar a desechar un alimento enlatado en buenas condiciones o, en sentido contrario, a guardar una lata dañada porque su etiqueta aún está vigente.

Rosemary Trout, profesora clínica asociada y directora del programa de Artes Culinarias y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Drexel, señaló que las fechas suelen establecerse en función del deterioro de la calidad y no necesariamente de la seguridad. La guía oficial distingue ambos aspectos.

Vista de espaldas de un hombre que sostiene una lata con una etiqueta de información nutricional en el interior de una cocina
Los alimentos enlatados de mayor acidez mantienen su calidad hasta 18 meses, mientras que las carnes y verduras alcanzan cinco años (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los alimentos enlatados que pueden guardarse fuera de la heladera, la indicación de mejor calidad antes de una fecha determinada señala el período en que se espera que conserven sabor y textura.

Según la guía oficial, los productos más ácidos, como tomates y frutas, mantienen su mejor calidad entre 12 y 18 meses. Los de menor acidez, como carnes y verduras, pueden conservarla entre dos y cinco años si se almacenan de manera adecuada.

El almacenamiento también influye. La recomendación oficial es guardar las latas en un lugar fresco y seco, lejos de temperaturas extremas. La condición del envase, el aspecto del alimento y la forma de guardarlo permiten interpretar mejor lo que informa la fecha.

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