El objeto de cocina de uso diario que una microbióloga identificó como el más contaminado del hogar

Una experta de la Universidad del Sur de Florida advirtió que ese utensilio puede albergar bacterias y patógenos capaces de causar enfermedades graves

Un fregadero de acero inoxidable con grifo, jabón verde, esponja, tabla de madera y un escurridor con platos sobre una encimera de mármol.
Un objeto cotidiano de la cocina puede concentrar más bacterias que cualquier otra superficie del hogar (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un elemento de uso cotidiano presente en prácticamente todas las cocinas del mundo podría ser la principal fuente de bacterias y patógenos en el hogar, según precisó una especialista citada por la revista Parade.

Jill Roberts, microbióloga, epidemióloga molecular y profesora del Colegio de Salud Pública de la Universidad del Sur de Florida (USF), identificó a la esponja de cocina como el objeto más contaminado del hogar y explicó que reúnen varias condiciones que favorecen la supervivencia microbiana. Se utilizan de manera repetida y permanecen húmedas entre cada uso, lo que proporciona a los microorganismos lo necesario para mantenerse vivos.

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Además, su uso habitual en piletas, platos y mesadas las expone a una variedad de superficies y, con ellas, a una mayor diversidad de contaminantes. A eso se suma que los restos de alimentos que quedan impregnados en la esponja funcionan como fuente de nutrientes para las bacterias, lo que prolonga su ciclo de vida dentro del objeto.

Primer plano de una esponja de limpieza verde y amarilla sobre un soporte cerámico y una esponja amarilla más pequeña en un fregadero de cocina de acero inoxidable.
La microbióloga Jill Roberts identificó a la esponja de cocina como el objeto más contaminado del hogar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Patógenos frecuentes: Salmonella, Listeria y E. coli

La microbióloga precisó que la diversidad de bacterias que pueden encontrarse en una esponja usada es considerable:

  • La Salmonella, uno de los principales responsables de hospitalizaciones por enfermedades transmitidas por alimentos, puede llegar a la esponja desde aves o huevos crudos. Sus efectos más comunes incluyen diarrea, náuseas y dolor abdominal, aunque en personas con sistemas inmunes comprometidos puede resultar grave.
  • La Listeria, asociada a lácteos no pasteurizados, fiambres y quesos blandos, presenta síntomas iniciales similares a los de una gripe, pero puede derivar en complicaciones neurológicas severas si no recibe tratamiento.
  • La E. coli, por su parte, depende en gran medida de la cepa: algunas variantes generan cuadros leves, mientras otras pueden provocar fallas orgánicas.
  • La Shigella, vinculada a manos sin lavar y al contacto con heces, causa diarrea con sangre y requiere atención médica en personas vulnerables.
  • El Staphylococcus produce episodios de vómitos y diarrea intensos, aunque suelen ser breves y raramente derivan en deshidratación grave.
  • También pueden hallarse microorganismos ambientales como Pseudomonas, que en la mayoría de los casos son inofensivos, salvo en personas con defensas muy bajas, en quienes pueden generar neumonía.
Una esponja verde y amarilla sobre un fregadero de acero con una ampliación circular que muestra bacterias azules
Patógenos como Salmonella, Listeria y E. coli habitan en las esponjas usadas de la cocina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo reducir el riesgo bacteriano en la cocina

Frente a ese panorama, hay una serie de medidas concretas para reducir el riesgo. Calentar la esponja en el microondas durante uno o dos minutos reduce aproximadamente el 99% de la carga microbiana, según Roberts, aunque aclara que ese proceso no elimina esporas y no equivale a una esterilización completa.

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Un estudio publicado en la revista Microorganisms confirmó que el microondas es eficaz para disminuir la presencia bacteriana en las esponjas, y que pasar la esponja por el lavavajillas produce el mismo efecto.

Otra medida complementaria, y paralela al mantenimiento, es asignarle a cada esponja una función específica. Roberts sugiere reservar las esponjas de doble cara exclusivamente para los platos, sin usarlas en mesadas, y destinar las más económicas, de colores, para la limpieza general del hogar. La clave está en no usar el mismo utensilio para lavar vajilla y limpiar superficies que estuvieron en contacto con alimentos crudos.

En cuanto a la frecuencia de reemplazo, la recomendación general es renovar la esponja cada tres semanas, aunque ese plazo puede acortarse según el tipo, la intensidad de uso y las instrucciones del fabricante.

Roberts advirtió que la contaminación bacteriana no resulta perceptible a simple vista ni al olfato: los patógenos no alteran el aspecto ni el olor del objeto. Como referencia práctica, una esponja que empieza a desintegrarse o a perder su capacidad de limpieza es una señal clara de que debe descartarse.

Para quienes decidan prescindir de las esponjas, Roberts propone reemplazarlas por repasadores de tela que puedan lavarse con frecuencia en el lavarropas. Para la limpieza de superficies de preparación de alimentos, recomienda el uso de toallitas con lavandina sin manchas antes y después de manipular carnes crudas, aves o mariscos.

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