
El organismo cuenta con una extensa red de nervios, pero pocos despiertan tanto interés como el nervio vago, una vía que nace en el cerebro y se extiende por el cuello, el diafragma, el corazón, los pulmones y el sistema digestivo. Según informó Prevention, su función está vinculada con la regulación del estrés y con tratamientos médicos para migrañas, epilepsia y otras afecciones.
Este nervio integra el sistema nervioso parasimpático, que ayuda al cuerpo a recuperar un estado de reposo después de una situación de alerta. Su actividad influye en funciones automáticas como el ritmo cardíaco, la digestión y la respiración. Aunque existen ejercicios cotidianos que pueden favorecer la relajación, los usos terapéuticos de la “estimulación vagal” requieren dispositivos y seguimiento médico.
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Para una práctica de respiración sencilla, puede probarse el método 4-7-8: inhalar por la nariz durante cuatro segundos, contener el aire siete segundos y exhalar por la boca durante ocho. La propuesta consiste en repetir el ciclo ocho veces, dos veces al día o en momentos de tensión. Ante síntomas persistentes o cualquier enfermedad diagnosticada, corresponde consultar con un profesional de la salud.
¿Qué función tiene el nervio vago?

1. Ayuda a aliviar el estrés
Frente a una situación de preocupación o peligro, el organismo activa mecanismos que preparan para reaccionar. La frecuencia cardíaca puede aumentar, los músculos se tensan y se eleva la producción de cortisol, una hormona relacionada con el estrés.
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La actividad del nervio vago participa en la regulación del sistema nervioso autónomo después de una situación de alerta. La investigación suele analizar este fenómeno mediante la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador indirecto de la regulación autonómica, y no como una medición directa del funcionamiento del nervio en la vida cotidiana.
Una revisión sistemática y metaanálisis de 2022, que reunió 223 estudios sobre respiración voluntaria lenta, encontró aumentos en indicadores de variabilidad cardíaca asociados con la actividad parasimpática durante la práctica, inmediatamente después y tras intervenciones de varias sesiones.
Los resultados respaldan el uso de la respiración lenta como recurso complementario para la regulación fisiológica, aunque no permiten presentarla como tratamiento de trastornos de ansiedad, depresión u otras enfermedades.
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La respiración con exhalaciones más prolongadas puede favorecer esa respuesta de relajación. Sin embargo, las técnicas respiratorias no reemplazan la atención profesional ante síntomas persistentes o problemas de salud diagnosticados.
2. Alivia los dolores de cabeza
La estimulación no invasiva del nervio vago se realiza mediante dispositivos que aplican impulsos eléctricos en el cuello o en el oído, según el sistema y la indicación. En Estados Unidos, un dispositivo de estimulación cervical cuenta con autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para el tratamiento agudo de migraña en adultos y para el tratamiento agudo y preventivo de la cefalea en racimos.
Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicada en PubMed Central encontró que la estimulación cervical no invasiva aumentó la proporción de pacientes que logró una reducción de al menos 50 % en la frecuencia de los ataques.
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Sin embargo, no halló una disminución concluyente de los días mensuales de migraña con esa modalidad. Los resultados variaron según el tipo de dispositivo y la zona de estimulación, por lo que la técnica debe evaluarse con un neurólogo y no equivale a ejercicios de respiración o relajación. Se trata de una intervención médica con indicaciones específicas, por lo que no debe iniciarse sin una consulta previa.
3. Mejora la salud mental

La estimulación del nervio vago también se estudia como terapia complementaria para algunos adultos con depresión resistente al tratamiento. En Estados Unidos, la modalidad implantable está autorizada para casos seleccionados, pero requiere cirugía, programación y seguimiento especializado.
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Un ensayo clínico aleatorizado publicado en PubMed, con 493 adultos con depresión resistente, no encontró diferencias en su desenlace principal entre la estimulación activa y la simulada. Sí registró ventajas de la estimulación activa en algunas evaluaciones secundarias de médicos y pacientes.
Por eso, se trata de una alternativa especializada y no de una indicación general para la ansiedad o el trastorno bipolar. Tampoco sustituye la evaluación de especialistas ni los tratamientos farmacológicos o psicoterapéuticos prescritos.
4. Previene las convulsiones
Desde 1997, la FDA autoriza dispositivos implantables para estimular el nervio vago en algunas personas con epilepsia. El sistema, parecido a un marcapasos, envía impulsos eléctricos a través de un cable conectado al nervio.
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El objetivo es disminuir la frecuencia de las convulsiones cuando los medicamentos u otras alternativas no logran controlarlas de manera suficiente. La terapia no se plantea como una solución universal para la epilepsia, sino como una opción para pacientes seleccionados tras una evaluación clínica. La estimulación vagal forma parte del tratamiento de epilepsias resistentes desde hace casi tres décadas, bajo supervisión de equipos especializados en neurología.

Una revisión publicada en Frontiers señaló que la “estimulación vagal” implantable es una alternativa establecida para epilepsia farmacorresistente. En cambio, las modalidades no invasivas todavía requieren ensayos clínicos más amplios para definir con mayor precisión su eficacia en el control de las crisis.
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5. Favorece la recuperación tras un accidente cerebrovascular
La investigación sobre el nervio vago también alcanzó la recuperación después de un accidente cerebrovascular. Algunos estudios sugieren que la estimulación, combinada con un plan de rehabilitación, puede ayudar a personas con dificultades moderadas o graves y persistentes para mover un brazo tras un ACV.
En estos tratamientos, la activación eléctrica se coordina con ejercicios de terapia física. El propósito es acompañar el proceso de recuperación de la función motora, no reemplazar la rehabilitación.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó en 2021 un sistema implantable para combinar la estimulación vagal con rehabilitación en personas con secuelas motoras moderadas o graves en un brazo tras un ACV isquémico crónico.
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En el estudio que respaldó esa decisión, el 47,2 % de los pacientes tratados alcanzó una mejora clínicamente relevante en la función del miembro superior, frente al 23,6 % del grupo de control. La indicación se limita a ese perfil de pacientes y exige seguimiento de equipos especializados.
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