
Un vuelo de larga distancia puede terminar mucho antes que la adaptación del organismo al nuevo destino. Mientras el avión atraviesa varios husos horarios en pocas horas, el reloj biológico continúa funcionando según el horario de origen.
El resultado puede aparecer al llegar: cansancio durante el día, insomnio durante la noche, dificultades para concentrarse y alteraciones digestivas.
Según un informe de BBC News, el fenómeno no responde únicamente a dormir pocas horas. El principal desencadenante es la alteración del sistema que regula los ciclos diarios del organismo.
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Russell Foster, profesor de Neurociencia Circadiana en la Universidad de Oxford comparó al núcleo supraquiasmático (NSQ) con el director de una orquesta, porque coordina los ritmos que permiten organizar las funciones corporales en relación con el día y la noche.
El reloj biológico queda fuera de sincronía
El organismo funciona mediante un ciclo cercano a las 24 horas, que regula momentos destinados al descanso, la alimentación y la actividad.
Cada jornada necesita pequeños ajustes para mantenerse sincronizado con el ambiente. En ese proceso intervienen células sensibles a la luz ubicadas en la retina, capaces de detectar el oscurecimiento y enviar señales al cerebro.
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Estas señales participan en la liberación de melatonina, una hormona relacionada con el sueño que produce la glándula pineal. El NSQ coordina este mecanismo y mantiene alineados distintos procesos fisiológicos.

Foster indicó que el problema aparece cuando un viaje modifica de manera abrupta el horario ambiental. El organismo continúa siguiendo temporalmente el ciclo anterior mientras el destino exige otro ritmo. Por eso, una persona puede sentirse agotada durante la jornada y permanecer despierta durante la madrugada.
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La intensidad de las molestias varía según factores como la genética y la medicación habitual. Los síntomas suelen ser más pronunciados cuando se atraviesan numerosos husos horarios, durante los días cortos y en los desplazamientos hacia el este.
Cansancio, problemas digestivos y cambios en el cerebro
El desfase horario puede provocar cefaleas, dolores musculares, náuseas, diarrea o estreñimiento. También puede afectar el funcionamiento cognitivo mediante confusión mental, dificultades de concentración y problemas para recordar información. La irritabilidad y la apatía forman parte de las manifestaciones descritas por el experto en neurociencia.
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Las investigaciones citadas en el informe también analizaron los efectos de los horarios exigentes en tripulaciones aéreas. Un estudio encontró niveles elevados de cortisol, la hormona asociada con la respuesta al estrés, en la saliva de auxiliares de vuelo sometidos a jornadas con poco descanso y frecuentes desplazamientos.

La exposición prolongada a concentraciones elevadas de cortisol puede debilitar el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Otros trabajos observaron modificaciones relacionadas con el cerebro. En un experimento de la Universidad de California en Berkeley, unos hámsteres fueron sometidos durante cuatro semanas a un patrón de sueño equivalente a realizar viajes frecuentes entre Nueva York y París. Durante ese período tuvieron dificultades para completar tareas que antes podían realizar con facilidad.
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Los investigadores también observaron una menor generación de células cerebrales nuevas en el hipocampo, una región vinculada con la memoria. Los efectos persistieron durante un tiempo después de normalizar el descanso.
Qué hacer antes y después del viaje
Una de las estrategias consiste en comenzar la adaptación antes de partir. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), adelantar o retrasar el horario de sueño durante los días previos al viaje puede ayudar al organismo a adaptarse al nuevo huso horario.
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Si el destino está hacia el este, la recomendación es acostarse una o dos horas antes de lo habitual; si está hacia el oeste, hacerlo una o dos horas más tarde.
Para quienes viajan al este, la recomendación es acostarse una hora antes por día durante los dos o tres días anteriores al vuelo; para quienes viajan al oeste, retrasarlo en la misma medida.
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La exposición a la luz también cumple un papel clave. La luz sincroniza el reloj biológico y puede reducir la desalineación circadiana, aunque el momento óptimo de exposición varía según la dirección del vuelo y la cantidad de husos horarios cruzados. La actividad física puede complementar esta estrategia, ya que potencia la alerta y facilita la adaptación.

Comer según los horarios del nuevo destino, especialmente tras aterrizar, es otro elemento recomendado por los CDC como parte de una estrategia integral.
En cuanto a la melatonina, su efecto depende del momento en que se administra: una toma mal programada puede aumentar la desalineación en lugar de reducirla. Los CDC advierten además que, al no estar regulada por la FDA en Estados Unidos, la concentración real del producto puede no coincidir con la indicada en el envase.
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