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Cuál es la dieta que podría tener beneficios en el tratamiento de algunas condiciones de salud mental

Equipos de investigación en universidades y hospitales analizan si un cambio radical en la alimentación puede ofrecer alivio en cuadros psiquiátricos que no responden a las terapias convencionales

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La dieta cetogénica abrió una vía de estudio en la psiquiatría metabólica para aliviar síntomas de depresión, trastorno bipolar y esquizofrenia (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La posibilidad de que la dieta cetogénica ayude a reducir síntomas de trastornos mentales empezó a ganar espacio en consultorios, laboratorios y hospitales, a partir de una línea de investigación que asocia el funcionamiento del cerebro con el metabolismo. Según informó National Geographic, varios equipos científicos estudian si un cambio profundo en la alimentación puede ofrecer alivio en cuadros como depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia.

La hipótesis se apoya en una idea central de la psiquiatría metabólica: en algunos trastornos mentales, el cerebro pierde parte de su capacidad para usar la glucosa como fuente de energía. De acuerdo con un reporte de National Geographic, ese déficit podría alterar funciones vinculadas con el estado de ánimo, la cognición y la conducta, y abrir la puerta a estrategias que apunten al metabolismo cerebral.

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Aunque la evidencia aún es limitada y parte de estudios pequeños, los primeros resultados muestran señales alentadoras. National Geographic detalló que algunos pacientes reportaron mejoras en síntomas depresivos, estabilidad emocional y rendimiento cognitivo tras adoptar un esquema alimentario bajo en carbohidratos y alto en grasas.

Qué plantea la psiquiatría metabólica

El concepto de psiquiatría metabólica fue impulsado por la investigadora Shebani Sethi, de la Universidad de Stanford, quien propone revisar una mirada histórica de la salud mental centrada casi de forma exclusiva en los neurotransmisores. La especialista sostiene que dopamina y serotonina forman parte del problema, aunque no explican por sí solas el origen de muchos cuadros psiquiátricos.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Shebani Sethi propone revisar una mirada histórica de la salud mental centrada casi de forma exclusiva en los neurotransmisores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pregunta, según este enfoque, apunta a qué provoca esos desequilibrios químicos. Para algunos investigadores, una parte de la respuesta puede estar en el modo en que las células cerebrales producen y regulan su energía. Esa relación entre metabolismo y salud mental ya había aparecido en trabajos científicos de la década de 1920, aunque perdió peso durante décadas y volvió a cobrar impulso con estudios recientes.

Sethi explicó, en declaraciones recogidas por National Geographic, que en enfermedades neurodegenerativas y trastornos como el bipolar o la esquizofrenia el cerebro puede presentar dificultades para “quemar” glucosa. “Es como si las células estuvieran hambrientas y no pudieran comer”, afirmó. Bajo esa lógica, el uso de cetonas como combustible alternativo podría favorecer un mejor desempeño cerebral.

Cómo funciona la dieta keto

La dieta cetogénica, conocida como keto, reduce de forma drástica el consumo de carbohidratos y eleva la proporción de grasas en la alimentación diaria. En muchos planes, cerca del 60% de las calorías proviene de grasas, 30% de proteínas y apenas 10% de carbohidratos.

Persona sujetando un plato blanco con tenedor sobre un huevo poché, aguacate, carne, espárragos, tocino, tomates, hojas verdes, sésamo, ají, aceite y café
La dieta cetogénica reduce carbohidratos, aumenta grasas e induce cetosis para que el hígado produzca cetonas que el cerebro puede utilizar como energía (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese reparto busca inducir un estado llamado cetosis. En esa condición, el organismo deja de depender de los carbohidratos como principal fuente de energía y pasa a utilizar grasa. El hígado transforma esa grasa en cetonas, compuestos que atraviesan la barrera hematoencefálica y pueden ser usados por el cerebro.

La psiquiatra Georgia Ede, médica de Massachusetts y autora de un libro sobre alimentación y salud mental, sostiene que ese cambio de combustible puede favorecer procesos de reparación y estabilidad cerebral. Ede trató a cientos de pacientes con esta estrategia, acompañada por medicación cuando hizo falta, y considera que el metabolismo merece un lugar más amplio dentro de la psiquiatría clínica.

Los estudios y las dudas

Sethi reunió parte de la evidencia con ensayos clínicos pequeños. En su trabajo más reciente, publicado en mayo, varias decenas de personas con trastorno bipolar o cuadros del espectro de la esquizofrenia mostraron mejoras en síntomas depresivos y desempeño cognitivo después de un mes con esa alimentación, en comparación con participantes que mantuvieron su dieta habitual.

Antes de ese estudio, la investigadora ya había encabezado dos trabajos piloto sin grupo de control alimentario. En esos ensayos, difundidos entre 2024 y 2025, también aparecieron reducciones en depresión y otros síntomas psiquiátricos tras varios meses de seguimiento.

Siete personas con batas blancas y uniformes médicos, múltiples monitores de computadora con imágenes médicas de cuerpos, bolígrafos y papeles.
Ensayos clínicos pequeños reportaron mejoras en síntomas depresivos, estabilidad emocional y desempeño cognitivo tras un mes o varios meses con dieta keto (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todos los resultados fueron favorables. Un estudio pequeño publicado en febrero encontró que pacientes con depresión clínica asignados a la dieta keto durante seis semanas apenas superaron a quienes siguieron una versión algo más saludable de su alimentación habitual. La base de evidencia todavía no alcanza para hablar de un tratamiento consolidado, y por eso varios profesionales mantienen distancia.

El psiquiatra Mark Taylor, que trabaja en Edimburgo, revisó la literatura científica para un artículo sobre nutrición y estado de ánimo. Según consignó National Geographic, Taylor afirmó que no ve una evidencia abrumadora que justifique recomendar hoy la dieta de forma generalizada. Aun así, el panorama puede cambiar si los estudios más amplios confirman beneficios, sobre todo en pacientes que no logran alivio con fármacos o sufren efectos adversos.

Cerebro, azúcar en sangre y enfermedades asociadas

Uno de los puntos que más interés despierta en este campo es la conexión entre trastornos mentales y enfermedades metabólicas. Las personas con cuadros psiquiátricos graves presentan tasas más altas de problemas metabólicos, mientras que quienes tienen alteraciones como resistencia a la insulina muestran una mayor propensión a desarrollar depresión mayor.

Una mujer de mediana edad con cabello castaño ondulado, vestida con un suéter azul oscuro, mira con el ceño fruncido en un entorno interior.
Las personas con resistencia a la insulina tuvieron el doble de probabilidad de desarrollar trastorno depresivo mayor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio realizado en Países Bajos durante casi una década indicó que las personas con resistencia a la insulina tenían el doble de probabilidad de desarrollar trastorno depresivo mayor frente a quienes no presentaban esa condición. Esa relación refuerza la idea de que cerebro y cuerpo no operan en compartimentos separados.

Sethi relató que su interés por esta línea de trabajo surgió durante su formación médica, cuando sugirió la dieta keto a una paciente con diabetes, obesidad y esquizofrenia resistente al tratamiento para mejorar peso y glucosa. La sorpresa llegó cuando también aparecieron mejoras psiquiátricas que ningún medicamento había conseguido hasta ese momento.

Otras vías en estudio y los límites del enfoque

La dieta cetogénica no es la única estrategia bajo análisis. Investigadores también observan el impacto de fármacos para la diabetes, como los agonistas GLP-1, sobre la depresión y la ansiedad. Taylor examinó una base de datos sueca y encontró menos episodios psiquiátricos en personas con diabetes que recibieron esos medicamentos, con un efecto especialmente marcado en quienes usaban semaglutida.

A ese mapa se suman otras intervenciones. Distintos trabajos estudian la composición de la microbiota intestinal, el ayuno intermitente, la actividad física intensa y la calidad del sueño. La idea común es que cambios en el metabolismo, la inflamación o la regulación energética podrían influir también en el funcionamiento mental.

Una mano de científico señala un gráfico de barras en un monitor de computadora que muestra datos y modelos matemáticos. Hay libros, gafas y una taza de café en el escritorio.
Los especialistas aclararon que la dieta keto no es una cura para los trastornos mentales y que requiere seguimiento médico, controles periódicos y supervisión de la medicación psiquiátrica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas que impulsan esta corriente aclaran que la dieta keto no constituye una cura. También señalan que requiere seguimiento médico, análisis periódicos y vigilancia sobre factores de riesgo cardiovascular, entre ellos el colesterol. Cualquier reducción de medicación psiquiátrica, remarcan, debe resolverse con supervisión profesional.

La experiencia de Julianne Armijo, enfermera especializada y estudiante doctoral en Ann Arbor, Michigan, ilustra tanto el potencial como los límites del método. Tras años de convivir con trastorno bipolar severo y episodios que persistían pese al uso de antidepresivos y anticonvulsivos, decidió probar la dieta hace tres años.

Después, con acompañamiento médico, dejó un antipsicótico que afectaba su concentración y su ánimo. Armijo dijo a National Geographic que el cambio mejoró su calidad de vida, aunque aclaró que la estabilidad exige control diario, manejo del estrés, descanso suficiente y sostén social.

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