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Por qué las flores comestibles suman color y nutrientes a la dieta, pero exigen precaución

Mientras las especies más conocidas ganan espacio en cocinas de todo el mundo, la evidencia científica advierte sobre contaminación microbiana, pesticidas ornamentales y beneficios que aún no se demostraron en personas

Taza de tisana caliente con flores comestibles naranjas, violetas y rodajas de banana vista desde arriba
Las flores comestibles ganan espacio en la cocina por su color, su sabor y su aporte de vitamina C, polifenoles y carotenoides, aunque su consumo exige cautela (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las flores comestibles ganan espacio en la cocina por su color, su sabor y su aporte de vitamina C, polifenoles, carotenoides y otros compuestos bioactivos, pero la evidencia científica también advierte sobre riesgos de inocuidad alimentaria. Según BBC Mundo y una revisión científica en PubMed Central, su consumo exige cautela y muchos de los beneficios atribuidos a estas especies aún no se demostraron en personas.

PubMed Central señala que estas especies se usan desde tiempos remotos como alimento, aromatizante y adorno, y hoy reaparecen por el interés en productos percibidos como naturales y de origen vegetal.

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Esa presencia histórica también incluye alimentos cotidianos que muchas veces no se reconocen como flores. El estudio precisa que la alcachofa, el brócoli y la coliflor son inflorescencias o botones florales, una idea que BBC Mundo ilustra al explicar que esas verduras se cosechan antes de abrirse.

Qué aportan las flores comestibles a la cocina y a la dieta

Cuadrícula con flores variadas, algunas comestibles, en recipientes vistos desde arriba
La revisión científica sobre flores comestibles indica que muchos beneficios atribuidos a estas especies aún no se demostraron en personas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La publicación de PubMed Central detalla que muchas flores ornamentales comestibles se usan sobre todo en infusiones, ensaladas y sopas y también como colorantes naturales en bebidas, yogures, productos horneados y postres.

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Sobre el hibisco, BBC Mundo explica que la parte consumida es el cáliz rojo que protege al fruto y no los pétalos, y que se usa fresco o seco por su color rubí y su sabor ácido. El medio indica además que contiene vitamina C, ácidos orgánicos, antocianinas y otros compuestos fenólicos con actividad antioxidante.

La bugambilia ocupa un lugar aparte por una precisión botánica que subraya BBC Mundo: en la cocina se usan las brácteas coloreadas; son hojas modificadas que rodean las flores blancas centrales. Además, añade que sirven para bebidas frías y jarabes, mientras el trabajo señala que Bougainvillea glabra figura entre las especies usadas como colorante natural por sus pigmentos.

Flor silvestre blanca con centro amarillo y hojas verdes sobre fondo natural desenfocado
El hibisco, la bugambilia, la flor de izote, la capuchina y la flor de plátano se usan en infusiones, ensaladas, sopas, postres y colorantes naturales (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la flor de izote, el medio destaca su uso tradicional en Centroamérica y el sur de México, donde se escalda o se hierve poco tiempo antes de añadirla a sopas, tamales o revueltos. También indica que es baja en calorías y aporta pequeñas cantidades de fibra, proteínas y minerales como calcio, fósforo y potasio.

La capuchina, originaria de los Andes, aporta un perfil distinto. El medio señala que toda la planta es comestible, que su sabor recuerda al berro o la rúcula y que sobresale por su vitamina C, carotenoides y compuestos fenólicos, mientras el estudio incluye a Tropaeolum majus entre las usadas en preparaciones dulces y saladas.

En la flor de plátano, el artículo describe una inflorescencia púrpura cuyos floretes interiores se comen crudos o cocidos en ensaladas, sopas, curris y salteados. Es rica en agua y fibra, y aporta pequeñas cantidades de minerales y compuestos fenólicos.

Qué dice la evidencia sobre sus posibles beneficios

Flores comestibles y frascos de laboratorio con líquidos de colores sobre una mesa blanca
La evidencia sobre flores comestibles proviene en gran parte de estudios in vitro, observaciones clínicas y trabajos con extractos, por lo que faltan datos sobre dosis seguras y formas de consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las dos fuentes ponen un freno a las promesas amplias sobre salud. Sobre el hibisco, BBC Mundo recoge que diversos estudios investigaron su potencial relación con la salud cardiovascular y el metabolismo, aunque los efectos observados dependen de la preparación y la cantidad consumida.

En el caso de la bugambilia, el sitio atribuye a estudios de laboratorio y en animales posibles efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antimicrobianos y relacionados con el control de la glucosa.

El artículo señala sobre el izote que “también contienen compuestos fenólicos con actividad antioxidante, aunque hasta ahora no existen pruebas suficientes para afirmar que su consumo produzca beneficios específicos para la salud”, y sobre la capuchina remarca que los estudios de laboratorio no bastan para atribuir efectos concretos al consumo de esta.

La investigación científica refuerza ese límite al indicar que buena parte de la investigación disponible procede de estudios in vitro, observaciones clínicas y trabajos con extractos acuosos, etanólicos o metanólicos. También precisa que las investigaciones sobre estas plantas crudas son escasas y que todavía faltan datos sobre dosis seguras, identificación taxonómica y formas de consumo que permitan maximizar beneficios sin aumentar riesgos.

Los riesgos que hay que tener en cuenta

Ramos de flores envueltos en plástico dentro de un refrigerador, mano con guante elige un arreglo
Las flores de uso ornamental suelen recibir pesticidas, insecticidas y fungicidas no aptos para consumo alimentario (Imagen Ilustrativa Infobae)

La advertencia más directa de BBC Mundo apunta al origen del producto: no consumir flores compradas en viveros o florerías. El motivo, según esa fuente, es que esas plantas suelen recibir pesticidas, insecticidas y fungicidas destinados a uso ornamental y no alimentario.

PubMed Central amplía el foco hacia la contaminación microbiana. El artículo indica que una preocupación importante en torno a las flores comestibles es su posible contaminación por microorganismos no deseados, y menciona entre los patógenos más frecuentes a Salmonella spp., Enterobacter spp., Bacillus spp. y Staphylococcus aureus.

Ese trabajo también advierte sobre mohos capaces de producir micotoxinas, como Aspergillus, Penicillium, Alternaria o Fusarium, además de reacciones alérgicas vinculadas al polen o a partes reproductivas de la flor. A eso se suma el riesgo de confundir especies comestibles con otras tóxicas de aspecto parecido.

Mujer joven sentada en una cama con sábanas blancas, vestida con camiseta gris y pantalones claros, agarrándose el abdomen con ambas manos.
La revisión en PubMed Central alerta que las flores comestibles pueden presentar contaminación microbiana con patógenos como Salmonella, Enterobacter, Bacillus y Staphylococcus aureus (Imagen Ilustrativa Infobae)

La publicación cita estudios con contaminación detectada en distintas flores comestibles y recuerda que muchas se consumen frescas o con procesamiento mínimo, lo que aumenta el problema. También indica que su alto contenido de agua favorece el deterioro microbiano y que el almacenamiento a 4℃ puede ayudar a conservarlas entre 7 y 14 días, según la especie.

Frente a esos riesgos, el estudio científico sostiene que las buenas prácticas agrícolas y la manipulación higiénica son esenciales para que el producto se recolecte con la menor carga microbiana posible. También recomienda comprar en puntos confiables, mantener la cadena de frío y aplicar buenas prácticas de cultivo, manipulación y envasado.

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