
Los suplementos de multivitaminas y minerales combinan una variedad de nutrientes esenciales y, en muchos casos, también hierbas u otros ingredientes como probióticos, coenzima Q10 o té verde. Según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), no existe una norma estandarizada para su fabricación: cada empresa decide qué vitaminas incluir y en qué cantidades.
En los estantes de farmacias y tiendas en línea conviven presentaciones básicas —que aportan nutrientes cercanos a las cantidades diarias recomendadas— con fórmulas avanzadas que contienen dosis significativamente más altas. Algunos fabricantes promueven sus productos para objetivos específicos como el rendimiento atlético, el control del peso o el fortalecimiento del sistema inmunitario.
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Tanto expertos en toxicología como nutricionistas advierten que estos productos pueden volverse perjudiciales si se consumen sin información.
El riesgo del hierro y las vitaminas liposolubles
No todos los nutrientes se comportan igual en el organismo. La doctora Kait Brown, directora clínica de America’s Poison Centers, señaló a Popular Science que la principal amenaza en casos de consumo excesivo agudo es el hierro: “Puede ser corrosivo para el tracto estomacal en dosis altas, y causar náuseas, vómitos y diarrea”.
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En casos extremos, la intoxicación severa puede derivar en acidosis metabólica y fallo multiorgánico. La línea de emergencias de America’s Poison Centers recibe más de 60.000 llamadas al año relacionadas con posible intoxicación por vitaminas, la mayoría de padres preocupados por sus hijos.
La distinción entre vitaminas liposolubles —A, D, E y K— y vitaminas hidrosolubles —B y C— resulta determinante para entender los riesgos del consumo crónico. Las primeras se almacenan en tejidos y huesos, lo que favorece su acumulación. Las segundas, en cambio, se eliminan con mayor facilidad a través de la orina.
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La vitamina D, por ejemplo, es fundamental para la absorción de calcio y el mantenimiento óseo, pero su exceso puede generar hipercalcemia, con síntomas que van desde debilidad y vómitos hasta alteraciones cardíacas y neurológicas.
La vitamina A, por su parte, fue asociada por la doctora Brown con daño hepático, dolor óseo y caída del cabello ante un consumo elevado y sostenido en el tiempo.
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Lo que dice la ciencia sobre su eficacia
El NIH advierte que determinar si los suplementos multivitamínicos generan beneficios concretos es una tarea compleja: los estudios utilizan productos distintos, los fabricantes pueden modificar las fórmulas sin previo aviso y quienes más consumen suplementos suelen ser personas que ya llevan una alimentación saludable.
Los resultados disponibles ofrecen un panorama mixto. En materia de cáncer, un estudio con médicos mayores de 50 años que tomaron suplementos básicos durante 11 años registró una leve reducción en el riesgo de desarrollar la enfermedad, aunque no en la mortalidad.
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Otro estudio con adultos de entre 60 y 65 años no encontró diferencias significativas, salvo en el cáncer de pulmón. Distintas investigaciones apuntan en direcciones contradictorias respecto al cáncer de mama, colon y próstata.

Respecto a las enfermedades cardiovasculares, la mayoría de los estudios no encontró evidencia de que los suplementos protejan contra infartos o accidentes cerebrovasculares. Una excepción más alentadora proviene del campo oftalmológico: el estudio AREDS (Age-Related Eye Disease Study) demostró que una combinación específica de vitamina C, vitamina E, betacaroteno, zinc y cobre logró frenar la progresión de la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) en pacientes que ya padecían la enfermedad.
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Quiénes sí se benefician de tomarlos
A pesar de las limitaciones en la evidencia general, el NIH identifica grupos específicos para quienes los suplementos multivitamínicos pueden ser beneficiosos. Las mujeres en edad fértil deben consumir 400 microgramos diarios de ácido fólico para reducir el riesgo de defectos congénitos. Las embarazadas necesitan hierro, yodo y vitamina D en cantidades difíciles de cubrir solo con la dieta. Los bebés amamantados requieren suplementos de vitamina D —10 microgramos (400 UI) diarios— y vitamina B12 si la madre sigue una dieta vegana.
Las personas mayores de 50 años también pueden beneficiarse: la absorción natural de vitamina B12 disminuye con la edad, por lo que la suplementación se vuelve una vía práctica para cubrir ese déficit.
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En adultos mayores de 60 años, algunos estudios señalaron mejoras en la función cognitiva y la memoria tras 1 a 3 años de consumo regular de multivitamínicos.
Cómo elegir y consumir estos suplementos de forma segura
La nutricionista y especialista en salud intestinal doctora Emily Leeming advirtió a Popular Science que las gomitas vitamínicas suelen contener azúcares o alcoholes de azúcar que, en dosis elevadas, generan distensión abdominal.
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Además, cuestionó la idea de que estos productos reemplacen a una dieta equilibrada: “Los alimentos contienen 26.000 sustancias bioquímicas que cumplen múltiples funciones en el organismo”, señaló, mientras que la mayoría de los multivitamínicos incluye entre 5 y 30 nutrientes.
Desde el NIH recomiendan consultar con un médico antes de incorporar cualquier suplemento, prestar atención a las etiquetas de porcentaje de valor diario y evitar duplicar la ingesta de ciertos nutrientes si ya se consumen alimentos enriquecidos.
Los fumadores y exfumadores, en particular, deben evitar suplementos con altas dosis de betacaroteno y vitamina A, dado el vínculo identificado con un mayor riesgo de cáncer de pulmón. Quienes toman anticoagulantes como warfarina deben consultar a su médico antes de iniciar cualquier suplemento que contenga vitamina K.
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