
La perimenopausia sigue siendo, para muchas mujeres, un tramo confuso de la vida. Los cambios físicos y emocionales se mezclan con explicaciones incompletas y consejos contradictorios, mientras los síntomas aparecen y desaparecen sin un patrón fácil de reconocer.
En este paisaje lleno de dudas, no es extraño que la pregunta: “¿Será que estoy en perimenopausia?”, se convierta en un lema que se repite una y otra vez sin una respuesta clara.
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Durante años, la conversación pública y médica se centró sobre todo en la menopausia como final del ciclo reproductivo, dejando en segundo plano todo lo que ocurre antes. Esa etapa previa suele vivirse a ciegas: hay sofocos, trastornos del sueño, irritabilidad, cambios en el ciclo menstrual y otras señales que se confunden con estrés, cansancio o problemas aislados.
Ese vacío fue el punto de partida de un estudio internacional realizado por un equipo de especialistas de Flo Health, University College London, la School of Population Health del Royal College of Surgeons in Ireland y Mayo Clinic. El trabajo, que analizó la experiencia de más de 7.600 mujeres adultas, se publicó en la revista Menopause y permitió poner en números algo que muchas intuían: la perimenopausia está atravesada por mitos, falta de información y una fuerte sensación de incertidumbre.
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Los síntomas que se confunden con otros problemas

El punto de partida del estudio fue una comprobación sencilla: gran parte de los síntomas que se asocian a la perimenopausia también aparecen en otras etapas de la vida adulta. En el comunicado de prensa, la Menopause Society resume esta situación al afirmar que la perimenopausia es “un período subestimado y todavía poco comprendido, a menudo acompañado por síntomas complejos y fluctuantes”.
Además, explica que estos síntomas “se superponen con los de otras condiciones frecuentes, como el síndrome premenstrual, los trastornos tiroideos y ciertos problemas de salud mental”, lo que dificulta atribuirlos con seguridad a esta etapa específica.
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Uno de los ejes del estudio fue que muchos síntomas atribuidos a la perimenopausia también pueden aparecer en otras situaciones habituales de la vida adulta, lo cual complica su identificación. Según el estudio y el comunicado de la Menopause Society, las mujeres entrevistadas relataron haber experimentado:
- Sofocos y sudoraciones nocturnas
- Dificultad para dormir o insomnio
- Cambios frecuentes de humor o sensación de irritabilidad
- Ciclos menstruales irregulares, más cortos o más largos
- Problemas de atención, concentración o “lagunas” de memoria
- Dolores musculares, articulares o fatiga persistente
- Sequedad vaginal o molestias urogenitales

Esta variedad de síntomas, que puede variar en intensidad y duración, contribuye a que muchas mujeres no reconozcan de inmediato que están atravesando la perimenopausia. Como explica el trabajo académico: “No se cuenta con un marcador biológico definitivo para la perimenopausia, lo que obliga a basarse en la historia clínica y en la autopercepción de los síntomas”.
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El artículo científico va un paso más allá y describe un problema de base: no hay una prueba sencilla que diga de manera tajante cuándo empieza la perimenopausia, lo que obliga a basarse en la historia clínica y en la autopercepción de los síntomas. Esta falta de un “indicador estrella” hace que muchas mujeres se queden a mitad de camino: sienten cambios, pero las consultas no siempre ofrecen explicaciones convincentes.
El estudio muestra, además, que incluso cuando el ciclo menstrual sigue siendo regular, ya pueden estar presentes síntomas típicos de la transición hacia la menopausia. Para quienes esperan que el único signo sea que “la regla se vuelve irregular”, ese desfasaje entre lo que se siente y lo que se ve en el calendario refuerza la confusión.
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Los mitos sobre la edad de inicio

Otro foco importante del trabajo fue revisar las ideas instaladas sobre cuándo “debería” empezar la perimenopausia. La idea extendida suele ubicarla cerca de los 50 años o asociarla a un cambio brusco en la menstruación. Sin embargo, el análisis de las respuestas recogidas cuenta otra historia.
Según se detalla en el comunicado de la Menopause Society, muchas mujeres que reportaron síntomas compatibles con perimenopausia relataron que habían escuchado durante años que “todavía eran demasiado jóvenes” para atravesar esta etapa. El estudio recoge esta percepción al señalar que “la confusión sobre la edad de inicio y las ideas equivocadas respecto a los primeros síntomas persisten incluso entre mujeres de mediana edad”.
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Ese desfase entre lo que se vive y lo que se cree que “tendría que pasar” alimenta la duda: si los síntomas llegan antes de lo esperado, es habitual interpretarlos como otra cosa. Los investigadores también observaron que, en ausencia de información clara, muchas personas recurren a relatos de amigas, familiares o contenidos en redes para intentar entender lo que les sucede.
El artículo menciona que “numerosas participantes describieron la necesidad de consultar distintas fuentes, como conversaciones entre pares o investigaciones propias, ante la falta de respuestas claras en el ámbito médico”. Esa búsqueda puede ofrecer contención, pero también expone a mensajes contradictorios o a promesas de soluciones sin respaldo científico.
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En este contexto, la perimenopausia se convierte en una experiencia marcada por dos factores: por un lado, el cuerpo cambia; por otro, los mitos y las expectativas ajenas hacen más difícil reconocer esos cambios como parte de un proceso normal y frecuente.
La falta de respuestas en el consultorio
El estudio no se limita a describir síntomas y creencias. También pone el foco en la experiencia de las mujeres cuando buscan ayuda. El comunicado institucional señala que muchas relataron encuentros clínicos “poco satisfactorios”, en los que sus malestares se atribuyeron a “estrés, edad o problemas emocionales” sin considerar la posibilidad de que se tratara de perimenopausia. Esa falta de reconocimiento refuerza la idea de que lo que pasa es “exageración” o algo que debería soportarse en silencio.
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El trabajo académico recoge esta dimensión al indicar que la incertidumbre no se debe solo a la falta de información, sino también a la dificultad para obtener validación. El artículo señala que “las experiencias clínicas poco satisfactorias o la ausencia de respuestas concretas sostienen la percepción de ambigüedad sobre la etapa que se está atravesando”.

Cuando el consultorio no ofrece palabras ni nombre para lo que sucede, la perimenopausia permanece como una sospecha más que como un proceso reconocido.
Ante este panorama, los autores del estudio proponen un cambio en la forma de abordar la perimenopausia. El comunicado enfatiza que no se trata solo de vigilar la irregularidad menstrual, sino de prestar atención al conjunto de síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden aparecer incluso con ciclos aparentemente normales.
El objetivo, plantean, es que las mujeres cuenten con información clara y que puedan reconocer la transición sin sentirse “dramáticas” o “hipocondríacas”, como ellas mismas describieron, sino ofrecer una fotografía amplia de lo que se siente, se cree y se desconoce sobre la perimenopausia.
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