
La composición de la microbiota intestinal puede predecir el riesgo de diabetes tipo 2 años antes del diagnóstico, según una investigación con 4.685 adultos.
El trabajo siguió a los participantes en Suecia durante 5 años y detectó 383 casos. En ese período, los investigadores hallaron nueve especies bacterianas asociadas con el riesgo futuro de la enfermedad.
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El estudio fue dirigido por investigadores de la Universidad Tecnológica de Chalmers y se publicó en Cell Reports Medicine.

Gaël Toubon, investigador posdoctoral en ciencia de los alimentos del Departamento de Ciencias de la Vida de esa universidad, afirmó: “Nuestro estudio logró demostrar cambios en la microbiota intestinal varios años antes de que se desarrollara la enfermedad. Esto podría indicar que la composición del microbioma influye en el desarrollo de la diabetes, y no al revés”.
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La investigación se realizó dentro del proyecto europeo HealthFerm e incluyó a adultos suecos libres de diabetes al inicio y sin tratamiento con fármacos antidiabéticos. Las muestras de microbioma se obtuvieron a partir de materia fecal y fueron analizadas con secuenciación metagenómica.
Nueve bacterias se asociaron con el desarrollo futuro de diabetes tipo 2
De acuerdo con el artículo científico, seis especies se vincularon con mayor riesgo: Desulfovibrio piger, Alistipes communis, Alistipes finegoldii, Akkermansia muciniphila, Ruminococcus gnavus y GGB3614_SGB4886, una bacteria de la familia Lachnospiraceae. Otras tres se asociaron con menor riesgo: Erysipelotrichaceae bacterium, Coprococcus catus y Clostridia unclassified SGB6317.
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Entre los hallazgos que más llamaron la atención del equipo apareció Akkermansia muciniphila, una bacteria que suele relacionarse con beneficios para la salud.
Toubon explicó que, en condiciones favorables, esta bacteria se alimenta de la fibra de la dieta, pero cuando la ingesta de fibra es demasiado baja empieza a degradar la capa protectora de moco del intestino.
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Ese proceso puede permitir que otras bacterias entren en contacto con el revestimiento intestinal y provoquen inflamación y alteraciones metabólicas vinculadas con la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2.
En el estudio, el efecto de A. muciniphila sobre el riesgo fue más fuerte en las personas ubicadas en el cuartil más bajo de consumo de fibra, equivalente a una ingesta de ≤20,7 g/día.
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El análisis también mostró un patrón particular con Coprococcus catus. La mayor probabilidad de diabetes apareció cuando esta bacteria estaba presente en cantidades muy bajas; por encima de cierto umbral, ese aumento del riesgo no se observó.
Tres funciones metabólicas del intestino también anticiparon el riesgo
Además de las especies bacterianas, los investigadores evaluaron 103 módulos metabólicos del microbioma intestinal. Tres se asociaron de forma consistente con el desarrollo posterior de diabetes tipo 2.
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La degradación de asparagina fue el marcador funcional más ligado a un mayor riesgo. En cambio, la degradación de manosa y la vía no oxidativa de las pentosas fosfato se asociaron con menor riesgo de enfermar. El estudio no encontró una asociación clara entre la diversidad general de la microbiota intestinal y la aparición de diabetes tipo 2. La señal predictiva surgió de especies y funciones concretas, no de una mayor o menor diversidad global.
Rikard Landberg, profesor del Departamento de Ciencias de la Vida de Chalmers y autor principal del trabajo, sostuvo que la investigación respalda, a nivel general, las recomendaciones actuales de consumir alimentos ricos en fibra procedente de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
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También subrayó la importancia de estudiar el microbioma junto con otros factores del estilo de vida, porque en conjunto pueden influir en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Según la Organización Mundial de la Salud, el número de adultos con diabetes se ha más que duplicado desde la década de 1990. Hoy viven con la enfermedad 800 millones de personas y más del 90% de los casos corresponden a diabetes tipo 2.
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Los autores plantean que, si estos resultados se confirman en otros estudios de gran escala, las bacterias identificadas podrían utilizarse como biomarcadores.
Esa información podría complementar factores de riesgo ya conocidos, como la obesidad, la herencia familiar y los niveles de glucosa en sangre, mediante una muestra fecal que ayude a predecir mejor quién desarrollará la enfermedad.
La publicación remarcó que los hallazgos todavía deben validarse en nuevas cohortes. Si se confirma el papel de la microbiota intestinal en el desarrollo de la diabetes, el microbioma podría convertirse en un objetivo de estrategias preventivas personalizadas, con una ventaja central frente a los genes: puede modificarse mediante la dieta y el estilo de vida.
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