El azúcar oculto en los alimentos que parecen saludables: cómo reconocerlo

Expertos de Harvard y la Organización Mundial de la Salud advierten que el consumo promedio de esta sustancia casi duplica el límite recomendado, y que pequeños cambios en etiquetas y condimentos pueden marcar una diferencia real

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Una persona con cabello largo examina dos envases de productos en una góndola de supermercado con múltiples recipientes.
El azúcar añadido aparece en productos cotidianos más allá de galletas y refrescos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El azúcar añadido oculto aparece en más alimentos cotidianos de lo que parece, y reconocerlo ayuda a recortar su consumo sin eliminar el postre ni convertir la comida en una lista de prohibiciones. Esa es la propuesta de Eating Healthy Magazine, que plantea una guía práctica para detectar dónde se cuela y cómo elegir mejor.

El punto de partida es distinguir entre los azúcares naturales y los añadidos. Los primeros están en alimentos enteros como la fruta, con fructosa, y la leche, con lactosa; los segundos se incorporan durante el procesamiento, la cocción o en la mesa, e incluyen azúcar blanco, azúcar moreno, miel o jarabe de maíz de alta fructosa.

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La diferencia no es menor. El texto de la revista citada explica que los azúcares naturales llegan acompañados de fibra, vitaminas y otros nutrientes que moderan su absorción. Mientras que los añadidos elevan con rapidez la glucosa en sangre y, en exceso, se han vinculado con enfermedad cardíaca, diabetes tipo 2, inflamación y enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Infografía: cesta de compra con alimentos procesados y terrones de azúcar, lupa, personas leyendo etiquetas, yogur, pan, salsas, bebidas, barras de proteína, estadísticas.
Distinguir azúcares naturales de incorporados ayuda a tomar mejores decisiones de compra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el consumo de azúcares añadidos a menos del 10% de la ingesta calórica diaria, y sugiere que una reducción al 5% podría aportar beneficios adicionales para la salud, especialmente en la prevención de obesidad y caries dental. Estudios publicados en The BMJ han vinculado la ingesta elevada de azúcares libres con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

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Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el adulto promedio de Estados Unidos consume unas 17 cucharaditas de azúcar añadido al día. La publicación añade que esa cifra se acerca al doble del límite recomendado por la Asociación Estadounidense del Corazón (American Heart Association).

El problema no está solo en galletas o refrescos. También aparece en productos que suelen percibirse como sanos o neutros en sabor, aunque carguen una cantidad de azúcar que pasa inadvertida.

Tazón blanco con yogur, arándanos, frambuesas y granola, cuchara dorada y taza de café espumoso sobre mesa blanca, con manta tejida beige.
Los yogures saborizados pueden sumar muchos gramos por porción aunque parezcan saludables. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los yogures saborizados, incluso cuando exhiben envases sobrios o reclamos como “natural” u “orgánico”, pueden aportar de 12 a 20 gramos de azúcar añadido por porción. La granola, a su vez, puede reunir por taza una cantidad comparable a la de una galleta.

La guía propone una salida sencilla: elegir yogur natural y añadir fruta fresca, con un toque de miel si hace falta. En el caso de la granola, aconseja buscar opciones con menos de cinco gramos de azúcar añadido por porción o prepararla en casa con avena, frutos secos, canela y un poco de sirope de arce.

El pan también entra en la lista. Muchas marcas industriales, en especial las que se presentan como integrales o ligeras, contienen entre dos y cuatro gramos de azúcar añadido por rebanada.

Pan de avena cortado en rebanadas sobre una tabla de madera, con un cuchillo dentado y granos de avena esparcidos. Se ven también tallos de avena al fondo.
Los panes industriales, incluso los que se venden como integrales o ligeros, pueden incluir entre dos y cuatro gramos de azúcar añadido por rebanada, por lo que conviene revisar la etiqueta y elegir opciones con pocos ingredientes y menor dulzor. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La recomendación es revisar la etiqueta y optar por panes con cero a dos gramos de azúcar por rebanada y menos de 10 ingredientes. Si “azúcar de caña”, “miel” o “melaza” aparecen en posiciones altas de la lista, el producto suele ser más dulce de lo necesario.

Salsas, aderezos y tentempiés

El kétchup, la salsa barbacoa, la salsa teriyaki y hasta algunas vinagretas balsámicas figuran entre las fuentes menos evidentes. Solo dos cucharadas de kétchup pueden contener 8 gramos de azúcar, más de la mitad de la cantidad diaria recomendada para niños, según recoge el medio.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Salsas y aderezos como kétchup y barbacoa aportan azúcar oculto en pocas cucharadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alternativa que plantea el texto pasa por mostaza, aliños de aceite y vinagre o versiones caseras con menos azúcar. Para untar, también sugiere hummus o palta pisada, que no aportan azúcar añadido.

Algo parecido ocurre con muchos batidos embotellados y barras de proteína. Aunque se presenten como opciones saludables o funcionales, pueden incluir azúcares añadidos ocultos en purés de fruta o jarabes “naturales”.

La etiqueta “sin azúcar añadido” tampoco resuelve siempre el problema. El texto advierte que algunos productos incorporan concentrado de jugo de fruta, que puede elevar la glucosa de forma parecida al azúcar de mesa.

Un tazón de cerámica marrón lleno de hummus cremoso, rociado con aceite de oliva y hierbas, rodeado de pan pita triangular, pepino, zanahoria y pimientos de colores cortados.
El hummus funciona como untable sin azúcar añadido y aparece como alternativa práctica frente a salsas dulces, porque permite sumar sabor en snacks y comidas rápidas sin acumular endulzantes invisibles en la rutina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para los tentempiés, la guía aconseja buscar combinaciones con proteína y fibra y mantener el azúcar añadido por debajo de 8 gramos por porción. Como opciones fáciles de transportar, propone fruta entera con frutos secos o huevos cocidos.

La Escuela de Salud Pública de Harvard subraya que el exceso de azúcar añadido puede contribuir a un aumento de peso y descontrol glucémico, incluso en personas sin antecedentes de diabetes. Recomiendan elegir alimentos integrales y leer con atención las etiquetas para evitar los efectos adversos asociados al consumo inadvertido de azúcares ocultos.

Bebidas, sustituciones y adaptación del paladar

Una taza de café blanco con arte latte está sobre una barra de madera. Al fondo borroso hay bolsas de café y una máquina de espresso.
Cambiar bebidas vegetales azucaradas por versiones sin endulzar recorta el consumo diario. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El café a la mañana también puede sumar más azúcar de la prevista. Las bebidas vegetales azucaradas, como las de almendra o avena, suelen contener entre 7 y 15 gramos por taza, y la cifra sube si se añade jarabe saborizado o nata montada.

La opción recomendada es elegir versiones sin azúcar y sumar sabor con especias o vainilla. Para quienes prefieren el café aromatizado, Eating Healthy Magazine sugiere reducir la dosis de jarabe o recurrir a la canela para añadir dulzor.

La idea central no pasa por prohibir el postre. La publicación plantea fijarse de dónde sale el dulzor y con qué frecuencia aparece, para reservarlo a elecciones deliberadas y no a ingredientes que se acumulan sin notarse.

Vista cenital de cuatro recipientes con comidas saludables: pollo asado con vegetales, quinua con garbanzos, bayas con kiwi y yogur, y hummus con galletas.
Reducir el azúcar de forma gradual favorece la adaptación del paladar y sostiene el hábito. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa lógica también se aplica al cambio de hábitos. El texto sostiene que cortar el azúcar de golpe suele fallar, porque una reducción demasiado brusca puede intensificar el antojo o empujar a comer de más después.

El artículo también menciona sustitutos como fruta del monje, estevia o eritritol, pero plantea usarlos como apoyo y no como una forma de mantener intacta la costumbre de buscar sabores cada vez más dulces. Se resume la idea en un gesto pequeño y sostenido: corregir un desayuno, cambiar un condimento y dejar que el exceso salga de la mesa sin quitarle a la comida su parte de disfrute.

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