
Un microbioma del cuero cabelludo en equilibrio puede marcar la diferencia entre un pelo sano y abundante y otro con grasa, caspa o caída, un punto que cobra más peso porque esta zona envejece seis veces más rápido que el rostro, según explicó un informe realizado por The Telegraph.
Ese ecosistema también es especialmente vulnerable: el cuero cabelludo concentra unas 280.000 glándulas sebáceas, y esa combinación de humedad y producción de grasa facilita alteraciones que repercuten en la piel y en la fibra capilar.
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Los expertos consultados por el medio británico sostuvieron que por eso el cuidado del cuero cabelludo debe asumirse con la misma seriedad que la rutina facial y la nutrición de la piel.
El microbioma del cuero cabelludo es la comunidad de bacterias, hongos y otros microorganismos que habitan la cabeza. En condiciones sanas predominan bacterias como Cutibacterium acnes y Staphylococcus epidermidis, junto con la levadura Malassezia, atraída de forma particular por las glándulas sebáceas.
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La presidenta del Instituto de Tricólogos y especialista en salud capilar, Eva Proudman, afirmó que ese microbioma mantiene la piel y el cabello sanos para un crecimiento óptimo. También señaló que afecciones como la caspa y la dermatitis seborreica son consecuencia de un desequilibrio, al igual que el debilitamiento y la caída del cabello.
Un desequilibrio del cuero cabelludo se traduce en grasa, irritación, caspa y afinamiento del pelo
La relación es directa: cuando el cuero cabelludo está rosado o rojo, pica o arde, Proudman lo interpreta como señal de desequilibrio. Ese desajuste puede expresarse tanto por exceso como por falta de sebo, dos extremos que alteran el aspecto y la resistencia del pelo.
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Si hay sobreproducción de grasa, las raíces se ven pesadas y los productos utilizados para compensarla pueden empeorar el cuadro: se acumulan, obstruyen los folículos, eliminan aceites naturales y modifican la flora capilar. Si ocurre lo contrario y el sebo es insuficiente, el cabello queda desnutrido, opaco, menos elástico y más propenso a la rotura.

La inflamación y la irritación forman otro frente. Detalló que un desequilibrio de levaduras o bacterias puede favorecer cuadros inflamatorios incómodos; entre ellos, el más frecuente es la dermatitis seborreica, que provoca picazón.
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La caspa también aparece dentro de esa cadena. La descamación puede responder a sequedad, irritación general o infección por hongos, y cuando hay caspa aumenta la presencia de Malassezia en el cuero cabelludo.
Otro efecto posible es el afinamiento del cabello. La DHT, un subproducto de la testosterona presente sobre todo en el torrente sanguíneo, puede alcanzar el cuero cabelludo a través del sebo y el sudor; cuando sus niveles son demasiado altos, los folículos se encogen y el pelo se vuelve más fino, y quebradizo.
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Lavar cada 48 horas y reducir el calor figuran entre las medidas para restaurar el equilibrio
La primera recomendación reunida por la publicación apunta a la higiene: la mayoría de los expertos aconseja lavar el cabello cada 48 horas para conservar un cuero cabelludo sano. El lavado excesivo elimina aceites protectores y puede favorecer la proliferación de bacterias dañinas.

El estilista Sam McKnight destacó a The Telegraph que el shampoo es el producto principal que se aplica sobre el cuero cabelludo y que por eso conviene elegir uno que trabaje en armonía con el microbioma.
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Añadió que muchos productos de peinado deben aplicarse únicamente desde la mitad del cabello hasta las puntas y que, en zonas con agua dura, puede resultar útil enjuagar el pelo con agua embotellada o instalar un descalcificador.
Cepillar el cabello también aparece como una práctica útil. El experto atribuye a ese hábito la capacidad de regular la producción de sebo, retirar residuos de productos sin necesidad de shampoo y estimular el flujo sanguíneo, con un mayor aporte de nutrientes a los folículos; la recomendación recogida es hacerlo una o dos veces al día.
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El masaje del cuero cabelludo durante el lavado comparte esa lógica. Se lo asocia con una mejor circulación, con el posible desarrollo de un cabello más grueso al estirar los folículos y con una eventual reducción del estrés.
La dermatóloga Justine Hextall vinculó la descamación con momentos de tensión y explicó que la dermatitis seborreica puede desencadenarse por estrés, noches sin dormir, exceso de alcohol y mala alimentación. Su enfoque, citado por The Telegraph, prioriza una estrategia más amplia: recomendación de probióticos para el intestino y una dieta prebiótica para alimentar bacterias beneficiosas.
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La dieta, el pH de los productos y tratamientos específicos completan el abordaje
Además de sumar verduras, cereales integrales y grasas saludables, los expertos mencionaron suplementos destinados a corregir niveles bajos de proteínas y hierro, ya que esas carencias pueden alterar el equilibrio general. También incluye productos orientados a déficits nutricionales, estrés, desequilibrio hormonal y contaminación.

El calor de secadores y planchas figura entre los factores que resecan el cuero cabelludo, alteran el microbioma y dañan la superficie del tallo capilar. Por eso se aconsejaron minimizar las herramientas térmicas o recurrir a opciones de baja temperatura, además de proteger la cabeza del sol y lavar el pelo después del ejercicio, ya que el sudor favorece un entorno propicio para la DHT.
La acumulación de cosméticos puede modificar el pH del cuero cabelludo, y el rango que los especialistas identificaron como óptimo es de 4,5 a 5,5. A partir de ese criterio, se recomienda hidratar con mascarillas, aceites o sérums, exfoliar, evitar sulfatos y parabenos y buscar productos con certificación.
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