
En los atletas jóvenes, las lesiones por sobreesfuerzo concentran más de la mitad de las consultas médicas. Cleveland Clinic vinculó este fenómeno con la práctica deportiva intensiva durante todo el año y señaló que los períodos regulares de descanso son fundamentales para prevenir complicaciones crónicas, entre ellas la artritis y la tendinitis.
La recomendación más concreta del centro médico es que los chicos que practican un solo deporte se tomen tres meses de descanso de esa actividad. Ese intervalo no implica inactividad total: el objetivo es cambiar de estímulo físico para que músculos, articulaciones y huesos sobrecargados puedan recuperarse.
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Según Cleveland Clinic, la especialización temprana en una sola disciplina expone a los niños a movimientos repetidos miles de veces durante meses o años. Ese patrón incrementa el desgaste en tendones, músculos y huesos, explicó el médico especialista en medicina deportiva Paul Saluan.
El entrenamiento sin pausas aumenta el desgaste en articulaciones, músculos y huesos
El volumen de trabajo no es el único factor de riesgo. La intensidad elevada de muchos programas anuales, la técnica incorrecta y el intento de alcanzar demasiado rápido un nivel alto de rendimiento también elevan la probabilidad de lesión.
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La médica especialista en medicina deportiva Molly McDermott sostuvo que aprender la técnica correcta antes de aumentar la carga de trabajo es una condición básica para sostener la práctica sin daños. El Dr. Saluan añadió que, tras un período de inactividad o interrupción, el regreso debe seguir un proceso progresivo.
Entre las lesiones por sobreuso más habituales en deportistas jóvenes figuran la tendinitis de Aquiles, las lesiones de espalda como la espondilólisis, la distensión del flexor de la cadera y el síndrome de la banda iliotibial.
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También aparecen el codo y el hombro de las ligas infantiles, la enfermedad de Osgood-Schlatter, la tendinitis rotuliana, la fascitis plantar, la tendinitis del manguito rotador, la enfermedad de Sever, las fracturas por estrés y la distensión de muñeca.

El problema puede afectar prácticamente cualquier parte del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Las fracturas por estrés son más frecuentes en los huesos de carga de la parte inferior del cuerpo.
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El dolor durante la actividad y la caída del rendimiento son señales de alarma
El informe de la institución médica responde de forma directa a la pregunta central: un joven atleta puede estar entrenando por encima de lo tolerable si siente dolor articular o muscular durante la actividad, si presenta rigidez, hinchazón o pérdida de movimiento después de entrenar.
La lista de señales también incluye cambios en el sueño relacionados con el dolor, alteraciones del estado de ánimo sin explicación clara y una baja del rendimiento físico o académico.
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McDermott señaló que muchos chicos no expresan cómo se sienten por temor a que los frenen, por lo que recomendó prestar atención a cualquier indicio de que algo no está bien. “El dolor no es algo que deba tolerarse en los atletas jóvenes”, afirmó Saluan.

McDermott remarcó que la recuperación debe formar parte de la idea misma de ser deportista y no quedar relegada frente al entrenamiento. Para reducir el riesgo durante la temporada, Cleveland Clinic reunió cuatro medidas:
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- Reservar al menos un día completo de descanso por semana
- Dormir entre 7 y 8 horas
- Mantener una alimentación adecuada
- Sostener una buena hidratación
El descanso prolongado que propone la clínica no supone “90 días” en el sofá. Un corredor puede pasar a la natación para reducir el impacto sobre rodillas y tobillos, y otros atletas pueden dedicar ese período a trabajo de fuerza de cuerpo completo.
Ese cambio de actividad era más habitual cuando los jóvenes alternaban deportes según la temporada. De acuerdo con la institución médica, ese patrón distribuía las cargas en distintas zonas del cuerpo y ayudaba a limitar el sobreuso asociado a la especialización en una sola disciplina.
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Los niños son más vulnerables antes de alcanzar la madurez esquelética
McDermott explicó que los menores tienen una susceptibilidad mayor porque el estrés repetitivo afecta especialmente sus centros de crecimiento antes de la madurez esquelética. Esa condición ayuda a explicar por qué este tipo de lesiones aparece con tanta frecuencia en la infancia y la adolescencia.

Ignorar una molestia y seguir entrenando puede dejar consecuencias duraderas. La degradación articular a edad temprana puede sentar las bases para artritis y tendinitis crónica años después.
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“Si empezamos a considerar la recuperación y el descanso como parte fundamental de ser deportista, podremos reducir las lesiones por sobreesfuerzo y ayudar a los niños a mantenerse sanos y en forma”, afirmó McDermott.
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