
A comienzos de mayo, las alarmas volvieron a sonar en el noreste de la República Democrática del Congo. En cuestión de días, los hospitales de la provincia de Ituri, a más de 1.000 kilómetros de Kinshasa, la capital del país, comenzaron a recibir pacientes con fiebre alta, vómitos y síntomas hemorrágicos.
La confirmación llegó el 15 de mayo, cuando las autoridades sanitarias y la CDC de África declararon oficialmente un nuevo brote de ébola. Las cifras ya son contundentes: hasta el 17 de mayo, se confirmaron al menos 88 fallecimientos asociados y 336 casos sospechosos.
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El ébola es una enfermedad infecciosa grave causada por el virus del mismo nombre, detectada por primera vez en 1976. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el brote en la República Democrática del Congo y Uganda representa una emergencia de salud pública internacional, debido a su gravedad, el riesgo de propagación a otros países y la falta de tratamientos o vacunas específicas, lo que exige una respuesta coordinada a nivel global.
Asimismo, aclaran que no cumple con los criterios para ser considerada como pandemia. La organización ya desplegó expertos y equipos médicos en la región.
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El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó: “La República Democrática del Congo cuenta con una sólida trayectoria en la respuesta y el control del ébola. El brote nos recuerda la amenaza persistente que suponen los brotes de enfermedades para la salud humana y la importancia de la cooperación y la solidaridad para fortalecer continuamente la seguridad sanitaria mundial”.
Una cepa inusual y el reto de las vacunas
Expertos sanitarios detectaron indicios de que la cepa responsable no corresponde a la habitual Zaire, sino a la variante Bundibugyo. Según explicó la doctora Céline Gounder a CBS News, esta variante solo se registró en dos brotes anteriores: Uganda en 2007 y Congo en 2012. “No hay vacunas ni tratamientos aprobados para esta cepa”, subrayó la experta, y agregó que la tasa de letalidad histórica de Bundibugyo ronda el 36-40%, mientras que la de Zaire oscila entre 60% y 90%.
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La OMS reconoce que existen dosis de vacunas para la cepa Zaire, pero no para Bundibugyo. “Ahora hay vacunas disponibles para algunos virus causantes del ébola, que pueden ayudar a proteger a los trabajadores sanitarios y reducir la transmisión cuando se despliegan rápidamente alrededor de los casos confirmados y sus contactos en una estrategia conocida como vacunación en anillo”, explicó Daniela Manno, profesora clínica adjunta de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, en diálogo con Euronews. No obstante, el acceso sigue siendo limitado por problemas logísticos y recortes de financiación internacional.

Síntomas del ébola: cómo reconocer la enfermedad
El ébola se manifiesta de forma repentina y los síntomas iniciales pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades infecciosas. Los signos más frecuentes incluyen:
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- Fiebre alta
- Dolor muscular y de cabeza
- Debilidad intensa
- Dolor de garganta
- Vómitos y diarrea
- Erupciones cutáneas
- Hemorragias internas y externas en casos graves
La enfermedad suele progresar rápidamente y puede causar falla multiorgánica. La tasa de letalidad promedio se sitúa entre el 50% y el 60%, aunque puede variar según la cepa viral y la respuesta sanitaria. El virus solo se transmite durante el periodo en que el paciente presenta síntomas.
Cómo se transmite el virus del ébola
La transmisión del ébola ocurre únicamente a través del contacto directo con fluidos corporales (sangre, saliva, sudor, orina, vómito, heces, semen) de personas infectadas, especialmente cuando presentan síntomas. El virus también se puede propagar mediante superficies y objetos contaminados con estos fluidos, como ropa o sábanas. No existe evidencia de transmisión por aire, agua o alimentos.
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Entre los principales factores de riesgo se encuentran los trabajadores de la salud y familiares de personas enfermas, debido a la exposición directa a fluidos corporales. El periodo de incubación suele oscilar entre 2 y 21 días, y solo se contagia cuando aparecen los síntomas. Una persona que no desarrolla síntomas después de 21 días desde la exposición no desarrollará la enfermedad, según el portal oficial de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, MedlinePlus.
Prevención y control en brotes de ébola

La prevención del ébola se basa en el aislamiento de los casos sospechosos, el rastreo de contactos y la adopción de medidas estrictas de control de infecciones en centros de salud. El entierro seguro de fallecidos y la sensibilización comunitaria resultan claves para cortar la cadena de transmisión.
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Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la respuesta eficaz ante un brote requiere coordinación entre autoridades sanitarias, organismos internacionales y la comunidad. El uso de equipos de protección personal, la vigilancia epidemiológica y la educación de la población son herramientas esenciales.
En los últimos años, se desarrollaron vacunas que mostraron resultados positivos para la inmunización frente a la cepa Zaire, aunque su disponibilidad y aplicación dependen del tipo de virus involucrado en cada brote.
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Dificultades en la contención y riesgos de expansión internacional

Las autoridades locales y los organismos internacionales alertan sobre un alto riesgo de expansión hacia Uganda, que ya presentó un fallecimiento asociado, y Sudán del Sur, dada la proximidad geográfica y la movilidad de la población. “Hay una gran cantidad de factores aquí que hacen que la situación sea de alto riesgo, incluido el hecho de que se trata de un área urbana con movimientos intensos de población y múltiples fronteras nacionales”, señaló Gounder.
La CDC de África convocó una reunión urgente con representantes sanitarios de Congo, Uganda y Sudán del Sur para coordinar acciones inmediatas, vigilancia epidemiológica y entierros seguros.
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La respuesta se complica aún más por lagunas en la identificación de contactos y la falta de recursos para rastrear a quienes pudieron haber estado expuestos al virus. Anne Cori, de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres, sostuvo: “Las intervenciones no farmacéuticas son piedras angulares de la respuesta al brote de ébola. Estas intervenciones incluyen la búsqueda activa y el aislamiento de casos, el rastreo de contactos y los entierros seguros, ya que el ébola es muy mortal”.
El Congo enfrentó 17 brotes de ébola desde 1976. La experiencia previa y la infraestructura sanitaria desarrollada en las últimas décadas son un activo, aunque la falta de fondos complica la respuesta.
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