
Investigadoras de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) destacan la importancia de adaptar la nutrición femenina a cada etapa vital, debido a las variaciones hormonales, metabólicas y en la composición corporal.
Ajustar la alimentación según el ciclo de vida permite preservar la salud, optimizar la energía y responder de manera adecuada a los cambios fisiológicos que experimentan las mujeres.
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En la adolescencia, se requiere un mayor aporte de hierro y calcio; durante la etapa fértil, es fundamental compensar las pérdidas menstruales y mantener el metabolismo; el embarazo y la lactancia incrementan la demanda de ciertos nutrientes y exigen extremar la seguridad alimentaria, mientras que la menopausia obliga a recalibrar el consumo energético y proteger huesos y sistema cardiovascular.
Según la UOC, adaptar los hábitos alimentarios y mantener una dieta equilibrada es esencial para responder a las demandas específicas de cada periodo.
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El enfoque nutricional no puede ser idéntico para hombres y mujeres. Las expertas subrayan que la fisiología femenina, sensible a las fluctuaciones hormonales, condiciona la absorción y el aprovechamiento de los nutrientes, por lo que la intervención debe individualizarse y considerar tanto la etapa vital como el contexto personal.

Los ciclos hormonales afectan el metabolismo, la salud ósea y cardiovascular, así como la demanda energética. Los hábitos adquiridos en la adolescencia, por ejemplo, pueden influir en la salud a largo plazo.
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En ese sentido, la doctora Mireia Obón, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, advierte que la reducción progresiva de estrógenos desde los 30 años conduce a una disminución paulatina de masa muscular (sarcopenia), lo que requiere ajustar la dieta para preservar la integridad ósea y la función cardíaca. Mantener una alimentación variada y actividad física regular es esencial para afrontar estos cambios.
Nutrición en la adolescencia y juventud
El inicio de la vida reproductiva es decisivo para consolidar hábitos saludables y evitar déficits frecuentes. Por su parte, la doctora Cristina Jardí, también profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, recomienda establecer un patrón de dieta mediterránea, con abundancia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva.
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Además, sugiere consumir pescado con regularidad, moderar el consumo de lácteos y carnes blancas, y limitar carnes rojas, embutidos y productos ultraprocesados.

La doctora Marta Massip Salcedo, directora de la especialización en Nutrición y Estilos de Vida Saludables de la Mujer de la UOC, advierte sobre el riesgo del consumo elevado de refrescos azucarados, bebidas energéticas y snacks procesados durante esta etapa, ya que pueden provocar déficits de hierro y calcio, comprometiendo la salud ósea futura.
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Las especialistas también recomiendan mantener actividad física diaria, asegurar un descanso adecuado, gestionar el estrés y evitar el consumo de tabaco y alcohol en edades tempranas. La educación nutricional en la juventud contribuye a establecer una base sólida para la salud a largo plazo.
Claves nutricionales en la etapa fértil
Durante la edad fértil, el ciclo menstrual, la posibilidad de embarazo y las demandas propias de la adultez modifican los requerimientos alimentarios. Obón destaca la importancia de seguir una dieta equilibrada y adaptada al nivel de actividad física, teniendo en cuenta preferencias como el veganismo o vegetarianismo.
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El hierro es esencial para compensar las pérdidas menstruales, mientras que el calcio y la vitamina D previenen la osteoporosis.

La UOC recomienda priorizar hidratos de carbono integrales, grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos) y asegurar una ingesta suficiente de proteínas para favorecer el metabolismo y la salud cardiovascular.
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Es fundamental evitar grasas trans presentes en productos ultraprocesados, ya que, según Massip, pueden inducir un estado inflamatorio y agravar el síndrome premenstrual. Si existe deseo gestacional, nutrientes como la vitamina D, el hierro, el ácido fólico y el yodo adquieren especial relevancia.
El mantenimiento de un peso adecuado, la práctica regular de ejercicio combinado (aeróbico y fuerza) y un buen descanso son estrategias que inciden positivamente en la salud presente y futura.
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Nutrición durante embarazo y lactancia
El embarazo impone necesidades específicas que aumentan progresivamente. Es clave priorizar hidratos de carbono complejos para evitar desbalances de glucosa y aumentar de forma gradual la ingesta de proteínas y micronutrientes.
Jardí subraya que la suplementación con ácido fólico antes y durante el primer trimestre reduce el riesgo de defectos fetales. Además, enfatiza la importancia de la seguridad alimentaria y la prevención de infecciones que puedan afectar al feto.

Massip aclara que no es necesario aumentar la ingesta calórica de manera desproporcionada durante el embarazo. Se debe evitar el consumo de alcohol y de especies marinas con alto contenido de mercurio.
Al momento de la lactancia, las recomendaciones nutricionales permanecen similares, aunque la demanda energética, especialmente de proteínas, es mayor. Jardí resalta que no se requiere restringir alimentos preventivamente, salvo en casos de diagnósticos específicos en el lactante.
Las expertas insisten en consultar con profesionales antes de consumir preparados naturales durante estas etapas, para evitar riesgos no previstos.
Alimentación en la menopausia y la tercera edad
En la perimenopausia y la menopausia, la disminución de estrógenos modifica las prioridades alimentarias. Obón recomienda reducir la ingesta calórica y controlar las grasas saturadas y los azúcares libres, priorizando carbohidratos de absorción lenta como cereales integrales, legumbres y patatas.

El consumo de legumbres es particularmente beneficioso por su aporte de proteínas vegetales, fibra y fitoestrógenos, que pueden aliviar síntomas como los sofocos, aunque no sustituyen la terapia hormonal.
La ingesta de calcio debe garantizarse mediante lácteos o alternativas vegetales, complementada por una hidratación adecuada de unos dos litros al día. Massip aconseja limitar la sal para evitar problemas cardiovasculares y de densidad ósea, y recomienda acompañar los hidratos de carbono con fibra para regular la glucosa.
Jardí señala que, en la posmenopausia, aumenta el riesgo de sarcopenia, por lo que es imprescindible incrementar la proteína y realizar ejercicios de fuerza.
El ejercicio físico, enfocado en el trabajo muscular y el equilibrio, resulta fundamental para prevenir caídas y preservar la vitalidad en la tercera edad. La UOC enfatiza que la prevención temprana es la estrategia más eficaz, aunque la intervención resulta beneficiosa en cualquier momento.

Mitos y recomendaciones sobre la nutrición femenina
Jardí sostiene que el metabolismo basal depende principalmente de la masa muscular y la composición corporal, más que del sexo. El aumento de peso durante el embarazo debe ser moderado y progresivo, ya que los excesos favorecen complicaciones como la diabetes gestacional o la hipertensión.
En cuanto a los fitoestrógenos, las expertas de la UOC aclaran que actúan como complementos, no como sustitutos de la terapia hormonal. Además, la prevención de la osteoporosis debe comenzar en la juventud, cuando se alcanza el máximo pico de masa ósea.
La UOC reitera que no existen soluciones universales ni alimentos milagrosos. Adaptar la alimentación según la etapa de la vida y mantener hábitos coherentes y sostenibles son factores clave para el bienestar femenino a largo plazo.
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