Dolor al caminar: las afecciones ocultas más allá de la artritis que advierten los expertos de Harvard

Las molestias persistentes al desplazarse suelen estar asociadas a distintos factores subestimados, lo que lleva a confusiones frecuentes y retrasa la búsqueda de atención médica especializada

Guardar
Mujer de mediana edad con chaqueta y jeans, caminando por una acera urbana, se sujeta la espalda baja mostrando una expresión de dolor.
El dolor en las piernas al caminar puede originarse en enfermedades vasculares, neurológicas o musculoesqueléticas, no siempre relacionadas con la artritis

El dolor en las piernas al caminar es frecuente en personas mayores y en quienes padecen enfermedades crónicas, aunque sus causas suelen pasar inadvertidas o confundirse con problemas articulares. Especialistas de la Harvard Medical School destacan que identificar con precisión el origen es fundamental para recibir un tratamiento adecuado y evitar complicaciones asociadas a otras afecciones.

Cuatro causas principales de dolor en las piernas al caminar no vinculadas a la artritis son la enfermedad arterial periférica, la insuficiencia venosa crónica, la estenosis espinal lumbar y la neuropatía diabética. Cada una presenta síntomas y abordajes terapéuticos propios. Reconocerlas permite un diagnóstico más preciso y mejores resultados clínicos.

El dolor en las piernas al caminar puede deberse a causas vasculares,neurológicas o musculoesqueléticas. Una evaluación clínica precisa, según la Harvard Medical School, permite orientar el tratamiento y reducir el riesgo de complicaciones.

Aunque caminar es beneficioso, las molestias persistentes en las extremidades inferiores a menudo limitan la movilidad y dificultan el diagnóstico cuando coinciden varios problemas médicos.

4 causas frecuentes de dolor en las piernas al caminar

1. Enfermedad arterial periférica

La enfermedad arterial periférica se produce cuando las arterias que irrigan los músculos de las piernas se estrechan por acumulación de grasa y colesterol, dificultando el flujo sanguíneo. Factores como tabaquismo, hipertensión, dislipidemia y diabetes incrementan el riesgo de desarrollarla.

El síntoma más característico es la claudicación intermitente: un calambre intenso en las piernas, especialmente en la pantorrilla, que aparece al caminar y desaparece en reposo. “El dolor clásico es un calambre en las extremidades inferiores, un dolor intenso que se siente en los músculos situados aguas abajo de la arteria estrechada”, señala la Harvard Medical School.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La enfermedad arterial periférica genera calambres y dolor muscular debido al estrechamiento de las arterias en las piernas, afectando la circulación sanguínea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta afección puede causar enfriamiento y palidez de la piel, disminución del pulso y retraso en la curación de heridas. El diagnóstico se confirma mediante el índice tobillo-brazo, que compara la presión arterial entre tobillo y brazo.

El tratamiento se basa en controlar factores de riesgo y usar medicamentos como estatinas y antiagregantes plaquetarios. En casos graves, pueden indicarse procedimientos de revascularización como la angioplastia o el bypass. Según la Harvard Medical School, los programas de ejercicio supervisado pueden ofrecer beneficios iguales o superiores a largo plazo frente a las intervenciones invasivas.

2. Insuficiencia venosa crónica

La insuficiencia venosa crónica surge cuando las válvulas de las venas de las piernas pierden su función, provocando acumulación de sangre, formación de varices y aumento de la presión venosa.

“El síntoma más común es la hinchazón de pies y tobillos”, indica la Harvard Medical School. Otros síntomas incluyen pesadez, dolor, opresión e inflamación de la piel, con riesgo de úlceras o infecciones.

Para aliviar estos síntomas se recomienda elevar las piernas, realizar ejercicios para activar la musculatura y usar medias de compresión, sobre todo en el tobillo. En ciertos casos existen procedimientos mínimamente invasivos que, con anestesia local, pueden cerrar permanentemente las venas dañadas.

3. Estenosis espinal lumbar

Ilustración realista de la espalda de una persona desde atrás, con zonas de dolor rojas en la parte superior y baja de la espalda, señaladas con flechas blancas.
La estenosis espinal lumbar provoca el estrechamiento de la columna baja y comprime los nervios, generando dolor y entumecimiento en las piernas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La estenosis espinal lumbar consiste en el estrechamiento de la parte baja de la columna, comprimiendo los nervios y afectando la irrigación local. Esto produce dolor muscular y entumecimiento en las piernas.

“El dolor en la pierna causado por la estenosis lumbar se denomina claudicación neurogénica”, explica la Harvard Medical School. Los síntomas suelen mejorar al inclinarse hacia adelante o apoyarse en un objeto y pueden manifestarse como calambres en el muslo, acompañados de debilidad o pérdida de sensibilidad.

El diagnóstico se basa en la evaluación clínica y, con frecuencia, en una resonancia magnética. El tratamiento inicial incluye fisioterapia, analgésicos y, en ocasiones, corticoides. Si las opciones conservadoras no bastan, se recurre a la laminectomía, que amplía el canal espinal y reduce la compresión de los nervios.

4. Neuropatía diabética

En personas con diabetes, el daño crónico de los nervios por hiperglucemia puede derivar en neuropatía diabética, que afecta principalmente las extremidades inferiores y puede manifestarse como dolor, entumecimiento y hormigueo.

“Las personas con diabetes son propensas a sufrir daño nervioso o neuropatía”, advierte la Harvard Medical School. La pérdida de sensibilidad facilita lesiones y dificulta la movilidad.

diabetes, glucosa, diabetes tipo 2, azúcar en sangre-VisualesIA
El control estricto de la glucosa resulta fundamental para prevenir o retrasar el avance de la neuropatía diabética (Imagen ilustrativa infobae)

El control estricto de la glucosa ayuda a prevenir la neuropatía o frenar su avance, aunque si el daño ya existe, los beneficios pueden ser limitados. El tratamiento incluye antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina, y anticonvulsivos como gabapentina o pregabalina, bajo supervisión médica.

El diagnóstico de alguna de estas afecciones, especialmente la enfermedad arterial periférica, se asocia a un mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares. Por eso, una evaluación médica específica y precoz es clave para prevenir eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares.