
La osteoartritis figura entre las principales causas de dolor crónico y discapacidad en el mundo, con la rodilla como una de las articulaciones más afectadas. Durante décadas, la enfermedad fue entendida como una consecuencia casi inevitable del envejecimiento y del desgaste mecánico progresivo.
Sin embargo, un conjunto creciente de evidencias científicas comenzó a modificar esa mirada, al señalar que los trastornos metabólicos cumplen un papel central en el origen y la progresión de la patología, en especial en personas con obesidad.
En ese contexto, un nuevo estudio aporta un dato disruptivo: la semaglutida, un fármaco ampliamente utilizado para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, desaceleró el avance de la artrosis a través de un mecanismo metabólico directo sobre el cartílago, independiente de la pérdida de peso.

La osteoartritis afecta aproximadamente al 7 % de la población mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud, y su prevalencia asciende de forma abrupta con la edad, hasta alcanzar al 73 % de las personas mayores de 55 años.
El deterioro progresivo del cartílago articular provoca dolor persistente, rigidez, limitación funcional y, en muchos casos, discapacidad severa. A pesar de su enorme impacto sanitario y social, las opciones terapéuticas disponibles se concentraron históricamente en el alivio de los síntomas, sin fármacos capaces de modificar el curso de la enfermedad.
En los últimos años, la noción de una “osteoartritis metabólica” comenzó a ganar terreno. Este subtipo propone que factores como la obesidad, la resistencia a la insulina, la dislipidemia y la inflamación sistémica de bajo grado contribuyen activamente al daño articular, más allá de la sobrecarga mecánica. En adultos jóvenes y de mediana edad, este perfil metabólico emergió como un factor de riesgo tan relevante como la edad avanzada.

El nuevo estudio, publicado en la revista Cell Metabolism, se inscribe en esa línea y propone una estrategia terapéutica novedosa: actuar sobre el metabolismo de las células del cartílago para favorecer su reparación.
“Independientemente de la pérdida de peso, la semaglutida mejora la artritis de rodilla mediante la restauración del cartílago, tanto en el modelo de ratón como en un pequeño ensayo clínico aleatorizado”, destacó el prestigioso médico estadounidense Eric Topol, en su cuenta social X.
El metabolismo del cartílago como blanco terapéutico

La investigación demostró que la semaglutida, un agonista del receptor del péptido similar al glucagón-1, ejerció efectos condroprotectores robustos en un modelo murino de osteoartritis asociada a obesidad. Los animales tratados mostraron menor degeneración del cartílago, reducción en la formación de osteofitos, menor daño sinovial y menor sensibilidad al dolor. Estos resultados no solo surgieron de análisis histológicos y de imágenes, sino también de evaluaciones funcionales del dolor y la movilidad.
“Uno de los aspectos más relevantes del trabajo fue el diseño experimental utilizado para aislar el efecto metabólico del fármaco. Establecimos un entorno dietario estrictamente controlado que permitió descartar la influencia de la supresión del apetito y de la pérdida de peso, dos efectos conocidos de la semaglutida”, explico el doctor Hongyu Qin, autor del estudio. De este modo, el beneficio observado sobre la articulación no dependió del descenso ponderal, sino de una acción directa sobre las células del cartílago.
A nivel celular, el estudio reveló que la semaglutida reprogramó el metabolismo energético de los condrocitos en condiciones inflamatorias. En lugar de depender de la glucólisis, una vía metabólica menos eficiente, las células activaron la fosforilación oxidativa. Esta restauración del equilibrio energético permitió sostener los procesos de reparación del cartílago incluso en un entorno metabólicamente adverso.

“Los experimentos mecanísticos identificaron un eje central en este proceso: la activación de la molécula AMPK, que funciona como un sensor energético intracelular y regula el balance entre las distintas rutas metabólicas. Al activar esta señalización, la semaglutida favoreció una producción energética suficiente para sostener la integridad del cartílago. Los modelos animales con genes inactivados para el receptor GLP-1 o para AMPK no mostraron estos beneficios, lo que confirmó el rol causal de esta vía”, sostuvieron los investigadores.
El hallazgo cuestiona una idea profundamente arraigada en el manejo clínico de la osteoartritis en personas con obesidad: que la mejora articular depende casi exclusivamente de la reducción del peso corporal.
El estudio sugiere que el metabolismo del cartílago representa un blanco terapéutico directo, capaz de modificar la progresión de la enfermedad incluso cuando el peso permanece estable.
Del laboratorio a la clínica
Más allá de los modelos animales, el trabajo incluyó un estudio clínico piloto aleatorizado en personas con obesidad y artrosis de rodilla. Aunque de tamaño reducido, este ensayo de prueba de concepto respaldó los resultados experimentales. Los participantes tratados con semaglutida mostraron reducciones significativas en la degradación del cartílago y mejoras en la función articular en comparación con el grupo control.
Estos datos adquieren especial relevancia en un escenario clínico marcado por la falta de terapias modificadoras de la enfermedad. La osteoartritis impone una carga sustancial tanto a los pacientes como a los sistemas de salud, debido a la discapacidad que genera y a la necesidad frecuente de cirugías de reemplazo articular en estadios avanzados. La posibilidad de intervenir de forma temprana sobre los mecanismos metabólicos abre una vía completamente nueva para el tratamiento.
Los agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida, la liraglutida y la dulaglutida, se utilizan desde hace dos décadas para el manejo de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Sus efectos incluyen la mejora de la sensibilidad a la insulina, la regulación de la glucosa, la modulación del apetito y beneficios cardiovasculares demostrados. Estudios previos ya habían sugerido un alivio de los síntomas articulares en pacientes tratados con estos fármacos, pero los mecanismos subyacentes permanecían poco claros.

El nuevo trabajo aporta una explicación molecular concreta y desplaza el foco desde el peso corporal hacia el metabolismo celular. En la osteoartritis metabólica, el cartílago se expone a un entorno hostil, caracterizado por inflamación, estrés oxidativo, acumulación de lípidos y productos de glicación avanzada. En ese contexto, la capacidad de los condrocitos para producir energía de manera eficiente resulta clave para su supervivencia y función.
Al demostrar que la semaglutida restauró este equilibrio energético, el estudio redefine el rol potencial de los fármacos metabólicos en enfermedades musculoesqueléticas. La artrosis deja de ser vista exclusivamente como un problema mecánico y se consolida como una patología sistémica, estrechamente vinculada al estado metabólico del organismo.
Los autores señalan que estos resultados podrían impulsar el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas capaces de modificar el curso de la enfermedad, en lugar de limitarse al control del dolor. Aunque se requieren ensayos clínicos más amplios para confirmar la eficacia y seguridad a largo plazo, el hallazgo marca un punto de inflexión conceptual.

En un escenario de envejecimiento poblacional y aumento sostenido de la obesidad, la osteoartritis metabólica emerge como un desafío sanitario de primer orden. La posibilidad de reutilizar fármacos ya disponibles, con perfiles de seguridad conocidos, para frenar el daño articular representa una oportunidad concreta.
La semaglutida, según muestra este estudio, no solo actúa sobre la balanza, sino también sobre el metabolismo íntimo del cartílago, allí donde se decide el destino de la articulación.
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