Lo que habitualmente se llama “grasa” es, en realidad, un sistema sumamente sofisticado. El cuerpo humano alberga tres tipos principales de tejido adiposo: blanco, marrón y beige, cuya presencia y distribución determinan procesos clave para el metabolismo y la regulación de la temperatura corporal, según Cleveland Clinic.
Cada uno de estos tejidos posee funciones y características particulares, fundamentales para la salud metabólica y la respuesta adaptativa del organismo.
Tejido adiposo blanco: energía, aislamiento y función hormonal
El tejido adiposo blanco constituye la mayor parte de la grasa corporal. Su misión principal es almacenar energía y proporcionar aislamiento a los órganos internos, además de actuar como órgano endocrino mediante la producción de hormonas y moléculas inflamatorias. Estos mediadores intervienen en la regulación del apetito, la sensibilidad a la insulina y la respuesta inmune.
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Sin embargo, un exceso de este tejido está directamente asociado con la obesidad y un estado inflamatorio crónico de bajo grado, sobre todo si se acumula de forma visceral alrededor de órganos como el hígado y el páncreas.

La grasa subcutánea se considera menos perjudicial desde el punto de vista cardiometabólico. Según Cleveland Clinic, el tejido blanco “almacena energía en varias partes del cuerpo y aísla los órganos”, y su exceso incrementa considerablemente el riesgo de obesidad.
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Tejido adiposo marrón: quemar calorías y generar calor
El tejido adiposo marrón es menos abundante, pero cumple un papel crucial en la termorregulación y el metabolismo energético. Se activa en condiciones de frío, antes de que el cuerpo empiece a tiritar, y su función esencial es generar calor a través de la quema de calorías, un proceso denominado termogénesis.
Además, ayuda a regular los niveles de glucosa y el metabolismo de las grasas. Según Cleveland Clinic, la grasa marrón “mantiene la temperatura corporal, participa en la producción y almacenamiento de energía, promueve la quema de calorías y facilita el control de los niveles de azúcar e insulina en sangre”.
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Tejido adiposo beige: adaptación y flexibilidad metabólica

El tejido adiposo beige surge principalmente mediante la conversión de células blancas, sobre todo cuando el organismo se expone al frío o durante el ejercicio físico. Sus células pueden quemar calorías para regular la temperatura corporal y aumenta el gasto energético según las demandas.
La Cleveland Clinic señala que la grasa beige es “una combinación de células de grasa blanca y marrón” que puede regular la temperatura corporal al convertirse bajo determinados estímulos. Este fenómeno, conocido como browning, abre nuevas líneas de investigación para prevenir trastornos metabólicos, aunque su impacto depende de la cantidad total disponible en los adultos.
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Distribución y evolución: ¿por qué existen los tres tipos?
La existencia simultánea de estos tipos de grasa responde a una adaptación evolutiva: la marrón permitió sobrevivir a ambientes fríos, la blanca garantizó reservas energéticas ante la escasez y la beige aporta un extra de flexibilidad metabólica. En la vida moderna —con ambientes calefaccionados, sedentarismo y abundancia alimentaria— estas funciones se activan menos.

La proporción de cada tejido varía a lo largo de la vida. En recién nacidos, la grasa marrón llega al 2%-5% del peso corporal, localizada en la espalda, cuello y hombros. Con el crecimiento, su cantidad y localización disminuyen.
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En adultos, la grasa marrón se encuentra en pequeñas zonas como cuello, riñones, glándulas suprarrenales, aorta y mediastino; las personas delgadas o deportistas suelen presentar mayor cantidad activa.
Diversas afecciones, como la anorexia nerviosa, la deficiencia congénita de leptina, la lipodistrofia y los lipomas, pueden alterar la cantidad y función de estos tejidos. Además, factores como el envejecimiento, la vida sedentaria y las dietas ultraprocesadas disminuyen la actividad del tejido marrón y beige.
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El impacto metabólico de la grasa: un delicado equilibrio

Según Cleveland Clinic, la exposición a bajas temperaturas (duchas o ambientes fríos) incrementa la actividad de la grasa marrón. El ejercicio físico regular estimula la liberación de irisina, una hormona que favorece la conversión de células blancas en beige.
Mantener una dieta equilibrada rica en hierro y compuestos como el ácido ursólico (presente en manzanas y frutas deshidratadas) ayuda a conservar células adiposas sanas. Además, se recomienda limitar el consumo de grasas saturadas y trans, y acompañar las grasas saludables con vegetales, cereales integrales y proteínas.
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El tejido adiposo marrón beneficia al organismo al mantener la temperatura corporal y favorecer la producción de energía. No obstante, su volumen en adultos es reducido, por lo que su activación debe complementarse con hábitos de vida saludables. El verdadero equilibrio metabólico depende de la proporción y la interacción de los tres tipos de grasa, que juntos permiten adaptarse al entorno, reforzar la salud metabólica y reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la obesidad.
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