
Durante el embarazo, asegurar una ingesta suficiente de calcio es esencial tanto para la salud materna como para el desarrollo del bebé. Sin embargo, para quienes presentan alergia a la leche o intolerancia a la lactosa, cumplir con este requerimiento puede representar un reto.
Según Mayo Clinic, existen diversas alternativas, tanto dentro como fuera del grupo de los lácteos, que permiten cubrir las necesidades nutricionales durante esta etapa.
Diferencia entre alergia a la leche e intolerancia a la lactosa
Diferenciar la alergia a los lácteos de la intolerancia a la lactosa resulta esencial a la hora de definir las opciones de la dieta. La Mayo Clinic explica que, en el primer caso, se trata de una reacción del sistema inmunológico frente a las proteínas presentes en la leche, capaz de generar síntomas severos y que obliga a excluir por completo estos productos.
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En cambio, la intolerancia a la lactosa no involucra al sistema inmunitario, sino que se manifiesta a través de molestias digestivas como cólicos o hinchazón debido a la dificultad para digerir el azúcar de la leche.
Esta distinción permite que muchas personas con intolerancia a la lactosa puedan consumir ciertos productos lácteos adaptados o naturalmente bajos en lactosa.

El calcio cumple un papel central en la formación de los huesos del bebé y en el mantenimiento de la salud materna. Mayo Clinic indica que durante el embarazo se recomienda una ingesta diaria de entre 1.000 y 1.300 miligramos de calcio.
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Además, los productos lácteos no solo aportan este mineral, sino también otros nutrientes esenciales como proteínas, yodo, zinc, selenio, colina, vitamina A y vitamina B12, todos ellos relevantes para el desarrollo cerebral y el crecimiento fetal. La vitamina D, presente en la leche y otros lácteos fortificados, también favorece la absorción del calcio.
Alternativas alimenticias para la intolerancia y la alergia
Para quienes presentan intolerancia a la lactosa, Mayo Clinic señala que no es necesario eliminar todos los lácteos de la dieta. Existen alternativas como la leche sin lactosa, yogures con cultivos vivos que facilitan la digestión de la lactosa y quesos duros como el cheddar, parmesano o suizo, que contienen cantidades mínimas de este azúcar.
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Identificar y elegir estos productos permite aprovechar los beneficios nutricionales de los lácteos sin molestias digestivas. Además, se recomienda acompañar con alimentos no lácteos para ralentizar la digestión y reducir los síntomas, así como sustituir ingredientes ricos en lactosa por opciones más tolerables, como el requesón seco o el yogur.
En el caso de quienes deben evitar por completo los lácteos debido a una alergia a la leche, existen numerosas fuentes no lácteas de calcio. Mayo Clinic destaca alimentos como el brócoli, las verduras de hoja verde oscura, las almendras, las semillas de sésamo y los productos fortificados, como ciertos jugos y cereales.
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Consumir estos alimentos junto con fuentes de vitamina D resulta clave para optimizar la absorción del calcio. Así, una dieta variada y bien planificada puede cubrir los requerimientos nutricionales sin recurrir a los lácteos.
Entre los consejos prácticos que ofrece Mayo Clinic para mejorar la dieta durante el embarazo, se incluye la importancia de diversificar las fuentes de calcio y combinar los alimentos ricos en este mineral con aquellos que aportan vitamina D.
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Además, se recuerda que tanto la alergia a la leche como la intolerancia a la lactosa son poco frecuentes en niños pequeños, y que la mayoría de los casos de alergia a la proteína de la leche en menores de tres años suelen superarse con el tiempo.
El organismo no produce calcio por sí mismo, por lo que es imprescindible incorporarlo a través de la alimentación, especialmente durante el embarazo, etapa en la que este mineral contribuye de manera decisiva a la formación de un esqueleto fuerte en el bebé, tal como subraya Mayo Clinic.
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