
La migraña dejó de ser considerada un simple dolor de cabeza para transformarse en un problema de salud pública que afecta a millones de personas y altera su vida en varios niveles. Un nuevo estudio impulsado por la Americas Health Foundation (AHF) reveló que, en América Latina, las consecuencias de esta enfermedad van mucho más allá del dolor físico.
El trabajo, titulado Una Mirada Profunda a la Travesía de Pacientes que Viven con Migraña, se llevó a cabo entre febrero y agosto de 2025 con el apoyo de Pfizer e incluyó entrevistas a más de 2000 personas con migraña moderada a grave en siete países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú.
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Los resultados muestran un escenario que combina dificultades de diagnóstico, limitaciones en el acceso a tratamientos y un fuerte impacto económico y emocional. Según la investigación, las mujeres son las más afectadas: en América Latina, hay un hombre con migraña por cada 13 mujeres.

En Argentina, el 96% de los participantes fueron mujeres y más de la mitad señaló que sus síntomas se minimizaron antes de recibir un diagnóstico. El 26% fue diagnosticado en forma equivocada, muchas veces con estrés, cefalea tensional o ansiedad. Casi un tercio esperó más de cinco años para conocer con certeza qué le ocurría, un dato que refleja la necesidad de mejorar la formación médica y los sistemas de derivación.
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“El objetivo es arrojar luz sobre esta realidad y promover un enfoque más empático e inclusivo para el manejo de la migraña en Latinoamérica. Se requieren acciones coordinadas entre gobiernos, profesionales de la salud, sector privado y organizaciones de la sociedad civil para expandir y poner a disposición más médicos especialistas, mejorar la accesibilidad al tratamiento y crear una red de concientización sobre la enfermedad y sus consecuencias sociales”, afirmó Marcela Santos, Directora Médica de la Americas Health Foundation.
El problema no se agota en el dolor de cabeza. La migraña es una afección neurológica que afecta a mil millones de personas en el mundo y puede generar una gran discapacidad.
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Así lo confirma una encuesta del Servicio de Cefaleas de Fleni, que reveló que siete de cada diez personas con migraña consideran que su enfermedad es incapacitante durante una crisis y que el 35% la vive como extremadamente incapacitante, con repercusión en los ámbitos laboral, familiar, social y educativo.
La doctora Dawn Buse, directora de Medicina Conductual en el Montefiore Headache Center de Nueva York, explicó: “Es muy lógico que cuando vives con una enfermedad crónica como la migraña, que incide en tu vida de una manera tan importante, te sientas triste, deprimido y frustrado por cómo está afectando tu vida”.
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Un peso económico y emocional creciente
Los números del informe de la AHF muestran que casi la mitad de los participantes interrumpe su trabajo por las crisis y que el 45% ve afectada su productividad. Además, el 42% enfrenta inestabilidad financiera relacionada con la enfermedad. En promedio, un 22% destina entre el 5% y el 10% de sus ingresos mensuales a cuidados médicos. A la pérdida de productividad se suma la presión económica, que se vuelve especialmente dura cuando los episodios se repiten varias veces al mes y requieren medicación frecuente.

La carga emocional es igual de contundente. El 50% de los argentinos consultados dijo sentir frustración o enojo de manera constante ante la posibilidad de una nueva crisis, y casi el 30% manifestó tristeza o síntomas de depresión.
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La Fundación Americana de la Migraña sostiene que las personas con esta enfermedad tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar depresión que quienes no la padecen. Para esta entidad, los síntomas de ansiedad —preocupación excesiva, miedo e irritabilidad— pueden reflejarse en los propios síntomas de la migraña.
“Los pacientes se preocupan por cuándo llegará el próximo ataque, se sienten impotentes ante la imprevisibilidad de sus síntomas y frustrados por las muchas formas en que la migraña afecta su vida”, advirtió la organización.
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El estigma social persiste. Más del 70% de los participantes del estudio regional dijo que su dolor es minimizado como “solo un dolor de cabeza”. Esa percepción alimenta la automedicación: el 68% de los pacientes en Colombia y el 50% en México ajusta su medicación por cuenta propia, sin supervisión médica, lo que incrementa el riesgo de cefalea por sobreuso de fármacos. En Argentina, casi el 30% usa medicación de manera diaria, un hábito que exige mayor educación sanitaria y seguimiento profesional.
Los síntomas de una crisis van mucho más allá del dolor intenso
Según la doctora Buse, incluyen “náuseas, vómitos, intolerancia a la luz, sonidos, olores o movimientos. También las personas pueden experimentar dificultad para concentrarse o sentirse lentas en el pensamiento, sensación de tensión en el cuello. Todo esto puede repercutir severamente en su calidad de vida y generar dificultad o imposibilidad para desarrollar sus actividades con normalidad durante una crisis de esta enfermedad”.
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Un desafío para los sistemas de salud

El acceso a la atención especializada continúa siendo limitado. El 43% de los participantes del estudio de la AHF consideró difícil o muy difícil consultar a un especialista, y el 52% opinó que el sistema de salud carece de recursos y guías adecuadas para el manejo de la migraña. Solo el 18% se siente informado sobre las opciones de tratamiento.
Para la doctora Santos, estos datos son una señal de alarma: “La migraña no es invisible para quien la vive, pero la travesía del paciente es larga y llena de estereotipos. Necesitamos transformar este conocimiento en acciones que reconozcan la condición como una enfermedad incapacitante, con impactos reales en la vida de las personas”.
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La doctora María Florencia Viozzi, Gerente Médica de Medicina Interna para Pfizer Cono Sur, coincidió en la necesidad de acortar los tiempos de diagnóstico: “Conocer la travesía del paciente es cada vez más importante en el avance del manejo de la migraña, pero es necesario entender que esta comienza antes del diagnóstico, en la búsqueda de un profesional capacitado para evaluar correctamente y en el acceso a un tratamiento eficaz y accesible para cada paciente”.
La Organización Mundial de la Salud ubica a la migraña entre las veinte enfermedades más incapacitantes del planeta, con una prevalencia del 14% de la población global. El trastorno es más común entre los 20 y 40 años y suele iniciarse en la pubertad. De cada cuatro personas con migraña, tres son mujeres, un dato que especialistas vinculan con la influencia de las hormonas, especialmente los estrógenos. Se trata de un trastorno genético que puede dispararse por cambios de temperatura, variaciones en la presión atmosférica, altitud o estímulos sensoriales como luces brillantes, ruidos o aromas intensos.
Opciones de tratamiento y estrategias de prevención

El abordaje de la migraña incluye dos tipos de tratamiento: agudo o de rescate y preventivo. El primero se aplica cuando comienzan los síntomas para controlar el dolor y las molestias asociadas, mediante analgésicos y medicamentos específicos.
Los especialistas aconsejan que su uso no supere dos días por semana y que se lleve un registro de la frecuencia para evitar el abuso de fármacos. El tratamiento preventivo, en cambio, busca disminuir la frecuencia, intensidad y duración de los ataques, además de facilitar una mejor respuesta al tratamiento de rescate.
Las terapias no farmacológicas también ofrecen resultados positivos. La terapia cognitivo-conductual, que relaciona pensamiento y conducta, ayuda a sustituir emociones negativas, mientras que el biofeedback permite modificar la actividad fisiológica para mejorar la salud.

La doctora Buse recomienda no aislarse: “Manténgase en contacto con sus amigos y familiares. Quizás deba cancelar algunas citas, salir temprano o disculparse y refugiarse en una habitación oscura y tranquila. Pero no deje de hacer planes, porque cuando uno comienza a aislarse, se siente solo y deprimido, y entonces puede entrar en una verdadera espiral descendente”.
El informe de la AHF destaca la urgencia de ampliar la red de especialistas, reducir los tiempos de espera para las consultas, integrar cuidados de salud mental y fortalecer el apoyo a los pacientes. Mejorar la capacitación médica, aumentar la disponibilidad de tratamientos basados en evidencia y difundir información precisa son pasos esenciales para transformar la realidad de millones de personas.
La migraña fue durante décadas una dolencia invisibilizada. Los nuevos datos confirman que su impacto es profundo y que requiere una respuesta sanitaria y social a la altura del problema.
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