
El durazno es una de las frutas más versátiles y apreciadas tanto por su sabor como por su aporte nutricional en México y diversas regiones del mundo. Su aspecto aterciopelado y jugosa pulpa lo convierten en un favorito no solo para el consumo directo, sino también en numerosas preparaciones culinarias, dulces y saladas. Pero, ¿qué beneficios ofrece realmente este fruto a la salud y a quién está dirigido su consumo?
De acuerdo con El Poder del Consumidor, el durazno, cuyo nombre científico es Prunus pérsica, es un fruto pequeño y globoso con una única semilla. Suele medir cerca de 5 centímetros de largo y unos 4 centímetros de diámetro. Su piel de tono amarillo intenso con matices rojizos encierra una pulpa firme, dulce y jugosa, de color amarillo mostaza.
Originario de China, en donde es símbolo de larga vida e inmortalidad, el durazno llegó a México con la llegada de los españoles y, desde entonces, ha tenido una importante presencia en la agricultura y gastronomía nacional.

Actualmente, México es el decimoséptimo productor mundial de durazno, gracias a la capacidad de esta fruta para crecer en distintos climas: desde zonas cálidas hasta regiones altas y frías, pasando por ambientes secos y húmedos. En 2018, la producción alcanzó las 158 mil 800 toneladas en 25 mil 500 hectáreas y los datos reflejan un consumo estimado en alrededor de 2 kilos por persona por año.
El principal atractivo del durazno radica en su aporte nutrimental. Por cada 100 gramos de fruto se obtienen alrededor de 39 calorías, lo que lo convierte en una opción ligera y fácil de incluir en la dieta diaria. También contiene 8 gramos de carbohidratos, 0.9 gramos de proteínas, 0,3 gramos de lípidos y 1.5 gramos de fibra, esta última fundamental para promover la buena digestión y combatir el estreñimiento.
Al bajo aporte calórico del durazno se suman otros nutrientes esenciales: es fuente destacada de potasio, lo que ayuda a mantener el equilibrio de líquidos en el organismo y contribuye al control de la presión arterial; además, es bajo en sodio, lo que vuelve al melocotón adecuado para quienes buscan prevenir o controlar enfermedades cardiovasculares.

La vitamina A que contiene el durazno favorece la salud de dientes, tejidos blandos, huesos y la visión, previniendo problemas oculares. Por su parte, la vitamina C fortalece el sistema inmunológico y contribuye a la producción de colágeno, también ofrece ácido fólico y calcio.
Algunos estudios apuntan a que el consumo habitual de duraznos puede ayudar a prevenir el desarrollo de enfermedades respiratorias y degenerativas, como el cáncer, el Alzheimer y la osteoporosis, aunque se requieren más estudios para confirmar estos efectos. Además protege la piel frente al envejecimiento prematuro y el daño ambiental.
La temporada de durazno se extiende de mayo a septiembre, aunque su gran adaptabilidad permite encontrarlo durante la mayor parte del año. Además de consumirse fresco, el melocotón es usado en ensaladas, postres, cócteles de frutas, nieves y hasta en oferta gastronómica tradicional, como los chiles en nogada. En regiones como Chihuahua y Durango, incluso se utiliza para preparar licores.
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