Los hábitos que más dañan al corazón suelen pasar años sin dar señales

Un nuevo estudio de más de 53.000 adultos muestra que combinar pequeñas mejoras en el sueño, la actividad física y la alimentación puede reducir a más de la mitad el riesgo de un evento cardiovascular grave

Una profesional de la salud coloca un tensiómetro en el brazo de una mujer sentada frente a un monitor digital de presión.
Las enfermedades cardiovasculares se mantuvieron como la principal causa de muerte en Estados Unidos y estuvieron relacionadas con unas 919.000 muertes en 2023 (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cuidar el corazón no suele depender de una sola decisión extrema, sino de una suma de hábitos cotidianos que, repetidos durante años, pueden jugar a favor o en contra de la salud cardiovascular. El exceso de sal, el sedentarismo, el mal descanso, la comida ultraprocesada y la postergación de controles médicos aparecen entre las conductas más frecuentes que los cardiólogos observan en la práctica clínica.

La magnitud del problema ayuda a entender por qué estos hábitos importan. Según publicó Health, las enfermedades cardiovasculares siguieron siendo la principal causa de muerte en Estados Unidos y estuvieron vinculadas con alrededor de 919.000 muertes en 2023. En la publicación, cuatro cardiólogos describieron los errores más comunes que ven en pacientes y explicaron por qué muchas conductas normalizadas terminan elevando el riesgo con el paso del tiempo.

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Entre esos comportamientos aparece un patrón claro: lo que más perjudica al corazón no siempre es lo excepcional, sino lo acumulativo. Comer con demasiado sodio, pasar muchas horas sentado, dormir poco, sostener el aislamiento social o ignorar valores como la presión arterial, el colesterol y la glucosa forman parte de una rutina que puede erosionar la salud sin generar señales inmediatas.

Ese enfoque coincide con lo que señalan otras instituciones médicas sobre prevención. De acuerdo con Mayo Clinic, entre las medidas más importantes para reducir el riesgo cardiovascular figuran moverse con regularidad, comer con menos sal y alimentos ultraprocesados, dormir mejor, manejar el estrés y realizar controles de salud periódicos. La lógica es similar a la que describen los especialistas consultados por Health: no se trata de una corrección aislada, sino de varios factores que se refuerzan entre sí.

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Una mujer duerme en una cama junto a una ventana con cortinas. En la mesilla hay un libro abierto, unas gafas, una taza y una planta. Hay una lámpara.
Dormir entre ocho y nueve horas por noche, combinado con actividad física y buena alimentación, se asoció con una reducción del 57% en el riesgo de eventos cardiovasculares graves, según el European Journal of Preventive Cardiology. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en marzo de 2026 en el European Journal of Preventive Cardiology, que siguió a más de 53.000 adultos durante ocho años, confirmó lo que los cardiólogos vienen advirtiendo en sus consultorios: pequeñas mejoras combinadas en el sueño, la actividad física y la alimentación pueden reducir el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca hasta un 57%. El problema, en la práctica, es que varios de los hábitos que más dañan al corazón pasan desapercibidos durante años, lo que hace de la salud cardiovascular un terreno especialmente difícil de cuidar sin información clara.

El estudio, difundido por la Sociedad Europea de Cardiología, demostró que quien logra la combinación óptima —entre ocho y nueve horas de descanso por noche, más de 42 minutos diarios de actividad física moderada a intensa y una dieta de buena calidad— alcanza esa reducción del 57% en los eventos cardiovasculares graves, frente a quienes tienen el perfil de vida menos saludable. Y lo más relevante para la vida cotidiana es que incluso cambios mínimos ya tienen impacto: once minutos más de sueño, cuatro minutos y medio adicionales de ejercicio y un cuarto de taza más de verduras al día se asociaron con una baja del 10% en el riesgo cardiovascular.

Ese respaldo científico reciente le da más peso a las advertencias que los especialistas llevan años haciendo desde la práctica clínica. Según datos que recoge Health, las enfermedades cardiovasculares causaron alrededor de 919.000 muertes en Estados Unidos en 2023 y siguen siendo la principal causa de muerte en ese país. A partir de consultas a cardiólogos de distintos centros médicos, ese medio identificó cuáles son los errores más frecuentes: conductas cotidianas que, con el tiempo y la repetición, deterioran el sistema circulatorio sin generar síntomas evidentes en las primeras etapas.

Gran parte del sodio se consume sin saberlo

Bolsas de frituras, un paquete de fiambre, un frasco de salsa y una caja con una tabla nutricional resaltada sobre una mesa de madera.
El consumo elevado de sodio puede aumentar la presión arterial y elevar el riesgo de infarto e insuficiencia cardíaca, según especialistas en salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los hábitos más extendidos y menos visibles es el consumo elevado de sodio. Nilay Shah, cardiólogo de Northwestern Medicine, explicó a Health que el exceso de sal puede elevar la presión arterial y convertirse en uno de los principales factores de riesgo de infarto e insuficiencia cardíaca. El límite general que manejan los especialistas es de 2.300 miligramos por día, cerca de una cucharadita de sal, aunque la mayor parte de la población lo supera sin notarlo.

El motivo es que más del 70% del sodio que consume la gente no viene del salero, sino de alimentos envasados, fiambres, panes industriales, salsas y comidas preparadas. Por eso, el problema no se resuelve con no agregar sal en la mesa: requiere revisar la composición general de la dieta. La Mayo Clinic incluye la reducción de sal y de ultraprocesados entre las medidas preventivas más efectivas, junto con la actividad física regular, el descanso adecuado y el control del estrés.

Pasar muchas horas sentado afecta al corazón aunque se haga ejercicio

El segundo error habitual es el sedentarismo. Brian Downey, director de Servicios de Cardiología General del Tufts Medical Center, sostuvo ante Health que la inactividad favorece el aumento de peso y se vincula con presión alta, diabetes y otros trastornos que deterioran el corazón. Solo una cuarta parte de los adultos cumple con la recomendación mínima de 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y dos jornadas de fortalecimiento muscular.

Lo que añade la Cleveland Clinic en sus advertencias es un matiz importante: pasar muchas horas sentado representa un riesgo en sí mismo, incluso para personas que sí hacen ejercicio en algún momento del día. Interrumpir los períodos prolongados de inmovilidad con pausas breves de movimiento cada 45 minutos puede ayudar a reducir ese impacto, especialmente en trabajos de oficina o frente a pantallas.

Un hombre mayor vistiendo ropa deportiva azul camina por un sendero arbolado en un parque.
El sodio que afecta la salud del corazón suele estar oculto en alimentos procesados, fiambres, panes, salsas, snacks y comidas de restaurantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir mal y el aislamiento son riesgos que se subestiman

La prevención cardiovascular no se agota en la comida y el movimiento. La falta de sueño y el aislamiento social forman parte del mismo mapa de riesgo, aunque reciben menos atención. Baljash Cheema, cardiólogo especializado en insuficiencia cardíaca avanzada y trasplante en Northwestern Medicine, señaló a Health que el estrés, la ansiedad, la falta de vínculos y la soledad son factores menos visibles, pero con impacto real sobre la salud del corazón.

Una revisión de 23 estudios con más de 180.000 adultos, publicada por Harvard Health, encontró que la soledad o el aislamiento sostenido se asocian con un riesgo 29% mayor de enfermedad coronaria y 32% mayor de accidente cerebrovascular. El análisis muestra una asociación, no una causalidad directa, pero refuerza la preocupación por la desconexión social como factor de riesgo subestimado.

En la misma dirección apunta el estudio del European Journal of Preventive Cardiology: la relación entre sueño, ejercicio y alimentación fue descrita por los autores como interdependiente. Dormir mejor facilita moverse más; moverse más mejora la calidad del descanso y del apetito. Esa retroalimentación positiva explica por qué los cambios pequeños combinados tienen más impacto que un único cambio grande hecho de forma aislada.

Postergar los controles retrasa la detección de problemas silenciosos

El último error frecuente que los cardiólogos remarcan es la falta de chequeos regulares, sobre todo entre adultos jóvenes. Shah advirtió a Health que muchas personas de entre 20 y 40 años consultan menos al médico de cabecera o directamente no sostienen ningún seguimiento. Eso puede retrasar la detección de presión arterial alta, colesterol elevado o glucosa alterada, cuadros que suelen avanzar sin señales claras durante años.

Conocer esos valores básicos es, según los especialistas, una condición indispensable para actuar a tiempo. Una investigación de la Universidad de Boston publicada en enero de 2026 en JAMA Network Open, que analizó 40 años de datos del estudio Coronary Artery Risk Development in Young Adults, mostró que quienes mejoraron aunque sea levemente sus hábitos de salud entre los 18 y los 30 años tuvieron resultados significativamente mejores en la mediana edad que quienes mantuvieron un perfil estable o en descenso. “Cualquier mejora, incluso modesta, puede reducir el riesgo futuro”, afirmó Donald Lloyd-Jones, uno de los autores del trabajo.

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