
Los parásitos son la forma de vida más exitosa del planeta, según Emmitt Jolly, profesor de biología en Case Western University, en declaraciones recogidas por TIME. Aunque suele asociarse el término con enfermedades exóticas o situaciones extremas, existen cientos de especies capaces de infectar a personas, muchas veces sin que los afectados lo adviertan.
Estos organismos pueden permanecer en el cuerpo durante años, a menudo sin que se manifiesten síntomas claros. La magnitud del fenómeno y la diversidad de efectos en la salud humana lo convierten en un asunto de salud pública mundial.
“Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 25% de la población mundial padece una infección relacionada con un parásito intestinal”, advierten desde Cleveland Clinic. Al tiempo que destacan que “en zonas tropicales y subtropicales con acceso limitado a agua potable y saneamiento, esa cifra llega al 50%”.
Parásitos en humanos: transmisión y prevalencia
Los parásitos, definidos por Bobbi Pritt, especialista en medicina de laboratorio y patología en Mayo Clinic, como organismos que toman algo del huésped sin devolver nada a cambio, superan en número a cualquier otro tipo de ser vivo en la Tierra.

Jolly explica que, en la naturaleza, casi todos los insectos suelen tener parásitos, y los humanos no representan una excepción. Se han identificado cerca de 850 especies capaces de infectar a personas, desde el plasmodio causante de la malaria hasta otras especies menos conocidas pero extendidas.
Pritt, por su parte, indica que algunos parásitos pueden provocar enfermedades graves, mientras que otros permanecen ocultos sin generar síntomas evidentes. Como ejemplo, menciona la tenia, un gusano plano que absorbe nutrientes en silencio y que puede estar alojado en el organismo sin ser detectado.
La transmisión de parásitos ocurre de formas diversas y se relaciona, sobre todo, con condiciones ambientales y prácticas de higiene. Las regiones tropicales y subtropicales, como África subsahariana, Asia y el Caribe, tienen alta prevalencia debido al saneamiento deficiente.
Pritt señala que la infección puede producirse por picaduras de insectos, consumo de agua no potable, ingestión de carne o vegetales poco cocidos, relaciones sexuales o caminar descalzo sobre suelos contaminados.

En países desarrollados, la urbanización, el acceso a agua potable y la mejora en el saneamiento han reducido significativamente las infecciones parasitarias. Alfredo Mena Lora, jefe de medicina en Saint Anthony Hospital de Chicago, destaca en TIME que las condiciones climáticas y el acceso a sistemas de salud han sido clave para reducir estos cuadros en Estados Unidos, aunque todavía se reportan millones de casos nuevos cada año.
Muchas infecciones responden bien a los medicamentos antiparasitarios, pero Mena Lora advierte que los síntomas suelen ser tan leves que la mayor parte permanece sin diagnosticar.
Tipos de parásitos, síntomas y prevención
Uno de los parásitos más frecuentes en humanos es el Toxoplasma gondii, transmitido principalmente por heces de gatos. Este microorganismo puede infectar a diferentes especies, incluidos humanos, aves y mamíferos domésticos. Jolly lo señala como uno de los parásitos más prolíficos en cantidad de huéspedes.
Se estima que entre el 30% y el 50% de la población mundial ha estado expuesta, generalmente sin síntomas. Sin embargo, en personas inmunodeprimidas y mujeres embarazadas, la infección puede provocar complicaciones graves en el feto, como ceguera, epilepsia, anemia y daño cerebral. Algunos estudios sugieren incluso que la toxoplasmosis podría tener un impacto en la conducta.

Las tenias, como Taenia saginata (de la carne de res) y Taenia solium (de porcino), representan otro riesgo relevante, siendo que las infecciones se vinculan al consumo de carne cruda o poco cocida.
En el caso de Taenia saginata, los síntomas suelen limitarse a pérdidas de peso; la Taenia solium puede causar cisticercosis, afección potencialmente severa.
La giardia, conocida como “fiebre del castor”, es un parásito intestinal productor de brotes de diarrea severa, calambres estomacales, náuseas, vómitos, hinchazón, deshidratación e irritabilidad. Basta que este parásito recubra rápidamente la mucosa intestinal para causar síntomas intensos y persistentes.
Los anquilostomas, por su parte, se adquieren al caminar descalzo sobre suelos contaminados. Jolly explica que las larvas penetran la piel, viajan por la circulación y llegan al intestino, donde se fijan y colonizan.

El oxiuro, otro parásito común, infecta sobre todo a niños. Durante la noche, se presenta un prurito intenso en la región perianal, desencadenando comportamientos como rascarse.
Jolly subraya que la infección por oxiuros tiene alta contagiosidad y aunque los medicamentos resultan eficaces, es necesario lavar minuciosamente la ropa de cama y toallas porque los huevos sobreviven en superficies hasta tres semanas.
Para disminuir el riesgo de contagio, los especialistas consultados por TIME insisten en la necesidad de una higiene rigurosa.

Mena Lora recomienda lavar las manos con jabón, utilizar repelente de insectos, emplear calzado al aire libre y asegurarse de que los alimentos estén bien cocidos.
Pritt aconseja recurrir a clínicas de medicina del viajero antes de visitar otros países, ya que los riesgos y medidas varían según el destino. En su experiencia, ha requerido distintas vacunas y, en lugares específicos, evitar hasta el cepillado de dientes con agua local.
La concientización sobre la presencia y peligros de los parásitos es esencial para preservar la salud, más aún cuando se trata de viajeros con destinos exóticos.
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