
La dopamina es una de las hormonas del “Cuarteto de la Felicidad”, que incluyen también a la serotonina, oxitocina y endorfina. Cada una de ellas desempeña un papel importante en el organismo y en conjunto contribuyen a generar una sensación de bienestar.
A la dopamina se la llama “la mediadora del placer”, ya que se asocia con la sensación de logro, recompensa y felicidad. También es la responsable de sentimientos como el amor y del deseo sexual.
Pero últimamente se ha descubierto que la dopamina, más allá del placer, es un neurotransmisor esencial para la motivación y el aprendizaje. Y ahora, un estudio realizado por la Universidad de Northwestern, en Estados Unidos, en modelos animales, demostró que participa en el aprendizaje para evitar las malas experiencias. El estudio fue publicado en la revista Current Biology.
Según los investigadores, los niveles de dopamina varían en distintas regiones del cerebro a medida que se aprende a responder frente a situaciones negativas.

Gabriela López, candidata a doctorado en el Programa Interdepartamental de Neurociencia de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, explicó a SINC: “La señalización de la dopamina desempeña un papel fundamental en el aprendizaje de las relaciones de causa y efecto de nuestro entorno”.
Y añadió: “Este aprendizaje lo usamos para tomar decisiones y adoptar comportamientos que nos lleven a obtener buenos resultados en una situación. Lo que demostramos es cómo la dopamina también interviene en la huida de las experiencias con malos resultados”. Así, este neurotransmisor actualiza las expectativas y cambia el comportamiento cuando una experiencia negativa se repite.
“El aprendizaje de evitación (aprender a evitar malos resultados) es un comportamiento esencial de supervivencia. Las señales de dopamina se observan ampliamente en respuesta a estímulos aversivos, lo que indica que podrían desempeñar un papel en el aprendizaje sobre cómo evitar estos estímulos”, dijeron los autores del estudio.

Entre otros aspectos, este análisis explicó cómo la señalización de la dopamina contribuye a la evitación excesiva en trastornos como la ansiedad y el TOC (trastorno obsesivo-compulsivo).
La dopamina y las experiencias negativas
El experimento consistió en entrenar a ratones para que reaccionaran ante una señal de cinco segundos que precedía a una experiencia desagradable. Si se desplazaban a otro sector de la caja, podían evitarla. Durante esta tarea, el equipo científico midió la actividad dopaminérgica en dos zonas distintas del cerebro en el núcleo accumbens, donde se libera la dopamina, implicada en la motivación y el aprendizaje.
De esta forma, descubrieron que las dos áreas del núcleo accumbens respondían de manera diferente. En la región ventromedial del cerebro, la respuesta inicial fue un aumento en los niveles de dopamina frente al evento negativo. Esta reacción fue desapareciendo con el tiempo a medida que los animales lograban anticiparse al mal resultado.
En la parte nuclear, la dopamina disminuyó tanto para la mala experiencia como en la señal de advertencia. A medida que los ratones aprendían, los niveles bajaban aún más.

“Estas respuestas no solo son diferentes en su señal —en una zona, la dopamina sube ante algo malo y, en la otra, baja—, sino que también vimos que una señal es importante para el aprendizaje temprano, mientras que la otra lo es para el posterior”, dijo en un comunicado Talia Lerner, también de la Universidad de Northwestern y otra de las autoras del trabajo.
Luego, los investigadores analizaron qué sucedía en los cerebros de los ratones cuando, una vez que habían aprendido que eso era una mala experiencia, no podían evitarla. Así, observaron que los patrones de dopamina volvieron a su estado anterior al aprendizaje. “Esto demuestra que las señales de dopamina son flexibles, sensibles a las reglas de la tarea, y pueden ayudarnos a adaptarnos a los cambios del entorno”, afirmó López.
Y agregó: “La dopamina no es ni buena ni mala. Nos recompensa por las cosas buenas, pero también nos ayuda a identificar señales que indican problemas, a aprender de las consecuencias y a adaptar continuamente nuestras estrategias de aprendizaje en entornos inestables”.
Qué es el ayuno de dopamina
Los llamados ayunos o detoxificaciones son furor en las redes sociales y buscan restablecer el sistema de recompensa del cerebro y disminuir la dependencia de actividades que generan una alta liberación de dopamina. Entre ellas se encuentran la alimentación, las interacciones sociales, el ejercicio y el uso de dispositivos digitales.

Sin embargo, para los investigadores esta idea de “desintoxicarse” de este neurotransmisor “es demasiado simplista”. “La dopamina es una molécula importante para la vida cotidiana y la toma de decisiones, por lo que ‘desintoxicarla’ probablemente haría más mal que bien”, dijo López.
Por eso, la investigadora señaló que la estrategia debe pasar por “ser conscientes de cómo las redes sociales están diseñadas para reforzar su propio uso manipulando las señales de dopamina, lo que puede llevarnos por un camino problemático si no se controla”.
Además, la investigación halló cómo la evitación excesiva —un síntoma característico de muchos trastornos psiquiátricos como la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y la depresión— puede producirse a través de alteraciones en la función dopaminérgica.
Esto puede llevar a una sobrestimación del peligro en el entorno y a una disminución de la calidad de vida, ya que el cerebro da prioridad a evitar determinadas experiencias. “Esperamos hacer un seguimiento de estos hallazgos de la investigación básica para abordar los problemas clínicos que afectan a los pacientes”, concluyó López.
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