
En la actualidad, el estrés laboral se ha convertido en una preocupación creciente debido a la tendencia global hacia jornadas de trabajo cada vez más largas. Con la evolución de la tecnología, la posibilidad de estar conectados las 24 horas del día ha llevado a un aumento en la cantidad de horas dedicadas al trabajo, difuminando las fronteras entre la vida personal y laboral. Este fenómeno ha dado lugar a una cultura de workaholics, personas que se sienten obligadas a trabajar continuamente, lo que ha generado un impacto notable en su bienestar general.
Los especialistas alertan sobre el incremento de esta conducta, destacando que la accesibilidad constante a correos electrónicos, mensajes y plataformas de trabajo en línea está alimentando esta problemática. Los trabajadores, en muchos casos, sienten la presión de estar disponibles en todo momento, lo que contribuye a un ciclo continuado de trabajo sin descanso. La falta de desconexión y el tiempo prolongado frente a dispositivos electrónicos amplifican los niveles de estrés, afectando negativamente la calidad de vida.
Además, diversas encuestas y estudios recientes reflejan que un número creciente de empleados se identifica con el término workaholic, señalando que el balance entre el trabajo y la vida personal es cada vez más difícil de lograr. La sociedad, junto con las empresas, enfrenta el reto de encontrar estrategias efectivas para mitigar estos efectos, promoviendo prácticas laborales que favorezcan la productividad sin sacrificar la salud mental y el bienestar de los trabajadores.
Cuáles son los efectos de trabajar por muchas horas sobre la salud del cuerpo
Un reciente estudio ha suscitado preocupación sobre los efectos negativos que las largas jornadas laborales pueden tener en la salud. En mayo de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) informaron que trabajar más de 55 horas a la semana estaba relacionado con 745.000 muertes por accidente cerebrovascular y enfermedades cardíacas, lo que representa un aumento del 29% desde el año 2000.
“Hay datos suficientes para mostrar que el trabajo excesivo es la primera enfermedad ocupacional en el mundo”, afirmó Alexis Descatha, investigador de la Universidad de Angers-Inserm, a National Geographic.

El estudio resalta que los efectos adversos de trabajar largas horas pueden manifestarse de manera tanto directa como indirecta. El estrés asociado a trabajar muchas horas mantiene al cuerpo en un estado constante de alerta. Esto provoca un aumento de los niveles de cortisol, que afecta a los niveles de azúcar en sangre y altera el sistema inmunitario.
Con el tiempo, si este estrés se vuelve crónico, pueden llevar a numerosas afecciones, como hipertensión, dolores de cabeza, ansiedad, depresión y trastornos digestivos, informó Cleveland Clinic.
Grace Sembajwe, investigadora de la Universidad de Indiana, afirmó a National Geographic que “diez años parece ser el punto en el que realmente vemos un aumento significativo en los efectos acumulativos de trabajar demasiado”.
Además del impacto directo en la salud, las largas horas de trabajo pueden reducir el tiempo disponible para actividades saludables, como el ejercicio y una alimentación adecuada. “Cuando trabajas demasiado, no tienes tiempo para dormir bien, comer adecuadamente o practicar deportes”, indicó Descatha.
Adam Borland, de Cleveland Clinic, observó que “es realmente difícil para las personas desconectar y decir: ‘Voy a dejar esto en la oficina y no pensar ni preocuparme hasta mañana’”.
Borland también destacó que las jornadas extensas pueden afectar la calidad del sueño, la alimentación y las relaciones interpersonales, todos aspectos vitales para mantener el bienestar físico y mental. “Es como intentar que un coche funcione con una cantidad muy limitada de gasolina en el tanque”, señaló Borland a Cleveland Clinic. La falta de sueño, no comer durante el día y la falta de ejercicio son problemas comunes entre las personas que trabajan largas horas.

Las consecuencias ocultas de no equilibrar la vida laboral y personal también se manifiestan en el aumento del consumo de sustancias como drogas y alcohol, ya que algunos trabajadores recurren a estos medios para desconectar del estrés laboral. “No es raro que la gente recurra a sustancias cuando se siente abrumada o siente que necesita desconectar”, afirmó Borland.
Mientras algunas naciones están optando por semanas laborales más cortas para mejorar la calidad de vida, otras parecen ir en la dirección opuesta. En julio, Grecia aprobó una legislación que permite a algunos empleadores exigir una semana laboral de seis días, y Samsung está requiriendo a sus ejecutivos que trabajen también seis días a la semana. En contraste, países como Islandia y Dinamarca han implementado semanas laborales reducidas y más tiempo de vacaciones obligatorias para sus trabajadores.

El panorama global sobre las políticas laborales muestra un avance desigual en lo que respecta a la adopción de modelos de trabajo que priorizan la salud y el bienestar de los empleados. Islandia ha adoptado una semana laboral de cuatro días para el 86% de sus trabajadores, mientras que en Dinamarca, la semana laboral oficial es de 37 horas con cinco semanas de vacaciones obligatorias al año.
“Incluso la semana de 40 horas no es tan buena desde una perspectiva de salud”, afirmó Sembajwe.
Con medidas adecuadas, el balance entre la vida laboral y personal puede resultar en una mejor calidad de vida, sueño y reducción del estrés.
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