
(HealthDay News) -- La administración de una terapia contra el cáncer CAR-T de doble objetivo y centrada en el sistema inmunitario a través del líquido cefalorraquídeo de un paciente redujo rápidamente los tumores cerebrales letales, informan unos investigadores.
La terapia CAR-T aprovecha el poder de las células T del sistema inmunitario del paciente, que se reprograman para buscar y destruir una proteína específica que se encuentra en las células cancerosas. Sin embargo, en el nuevo ensayo, que se centró en pacientes con glioblastomas mortales (GBM, por sus siglas en inglés), el CAR-T se enfocó en dos proteínas diana, lo que dio a las células tumorales aún menos lugares para esconderse.
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Las resonancias magnéticas cerebrales de los seis pacientes inscritos en el ensayo mostraron reducciones rápidas del tumor que ocurrieron dentro de uno o dos días después del tratamiento. En algunos casos, esas reducciones han continuado durante meses, dijo el equipo de la Universidad de Pensilvania.
“Estamos entusiasmados con estos resultados y estamos ansiosos por continuar nuestro ensayo, que nos dará una mejor comprensión de cómo esta terapia de células T con CAR de doble objetivo afecta a una gama más amplia de individuos con GBM recurrente”, dijo el Dr. Donald O’Rourke, cuyo laboratorio en UPenn desarrolló la tecnología.
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Los glioblastomas son las formas más comunes y más agresivas de tumores cerebrales en adultos, con una esperanza de vida después del diagnóstico de solo 12 a 18 meses. Ciertos tratamientos (cirugía, radiación y quimioterapia) pueden hacer retroceder el tumor por un tiempo, pero la recurrencia es común y, cuando eso sucede, la muerte generalmente se produce en un año.

La terapia CAR-T se ha usado con éxito durante mucho tiempo para combatir las neoplasias malignas de la sangre, anotaron los investigadores, pero los tumores sólidos han sido objetivos mucho más difíciles. “El desafío con el GBM y otros tumores sólidos es la heterogeneidad tumoral, lo que significa que no todas las células dentro de un tumor GBM son iguales o tienen el mismo antígeno que una célula T con CAR está diseñada para atacar”, explicó en un comunicado de prensa de la UPenn el investigador principal, el Dr. Stephen Bagley.
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“El GBM de cada persona es único para ella, por lo que un tratamiento que funciona para un paciente podría no ser tan efectivo para otro”. Añadió que los glioblastomas también son expertos en evadir las células del sistema inmunitario, incluso las células reprogramadas que se usan en la terapia CAR-T.
“Nuestro reto es conseguir que nuestro tratamiento se adapte a las defensas del tumor para poder matarlo”, dijo Bagley, profesor asistente de hematología-oncología y neurocirugía en la Universidad de Pensilvania. En el nuevo ensayo, Bagley, O’Rourke y sus colegas decidieron limitar las posibilidades de escape del tumor dirigiéndose a dos proteínas de las células tumorales: el receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR), que se cree que está presente en el 60 por ciento de todos los glioblastomas; y el receptor alfa 2 de la interleucina-13 (IL13Rα2), que se encuentra en más del 75 por ciento de estos tumores.
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También idearon una forma de garantizar que las células CAR-T llegaran directamente al cerebro. En lugar de administrarlos a través de un goteo intravenoso, como es habitual, el equipo los inyectó en el líquido cefalorraquídeo de cada paciente, que viaja directamente al cerebro. La estrategia pareció funcionar: las resonancias magnéticas tomadas solo 24 y 48 horas después de la administración de CAR-T mostraron una notable reducción de los tumores.
“Estas reducciones se han mantenido hasta varios meses después en un subconjunto de pacientes”, dijeron los investigadores de la UPenn. Por supuesto, todos los tratamientos pueden tener efectos secundarios, y la terapia CAR-T también puede matar las células cerebrales sanas, algo llamado neurotoxicidad. Según los investigadores, se produjo una neurotoxicidad “sustancial”, pero fue manejable para los pacientes.
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Los hallazgos se publicaron en la edición del 13 de marzo de la revista Nature Medicine. O’Rourke enfatizó que se necesita más investigación para confirmar y optimizar el éxito del tratamiento.
“Este cáncer es único en cada individuo, por lo que una gama más amplia de pacientes nos ayudará a determinar la dosis óptima, comprender mejor efectos como la neurotoxicidad y establecer una eficacia más firme”, dijo.
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Más información: Obtén más información sobre los glioblastomas en la Sociedad Americana Contra El Cáncer.
FUENTE: Universidad de Pensilvania, comunicado de prensa, 13 de marzo de 2024
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*Ernie Mundell HealthDay Reporter - NYT
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