
Durante las vacaciones de verano el consumo de alcohol en los adolescentes es diario en algunos casos. En las playas desde horas muy tempranas y en los locales nocturnos, pueden permanecer intoxicados durante varios días, sobre todo aquellos que vacacionan con grupos de amigos, sin control parental. No es poco común que no recuerden qué hicieron la noche anterior o parte de la noche. Los riesgos de permanecer por horas semiinconsciente pueden ser muy graves.
La Sociedad Argentina de Pediatría advirtió también sobre el aumento en el consumo de marihuana. La narrativa acerca de la ausencia de secuelas hace que fumar marihuana se banalice y pase a ser un consumo, “dentro de lo divertido”, dejando de lado las consecuencias que puede traer a la salud de los adolescentes. Al igual que con el alcohol, muchos padres que han experimentado con marihuana, prefieren que sus hijos fumen en su casa e inclusive con ellos.
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La idea de que la verdadera diversión depende del consumo está instalada en los hogares desde hace tiempo. Por eso, es muy importante hablar de los riesgos del consumo de bebidas alcohólicas y de cannabis desde edades tempranas.

Los efectos del alcohol
La edad de inicio de consumo de alcohol en Argentina es cada vez más baja, actualmente se ubica en los 13 años. El consumo durante esta etapa de la vida afecta los procesos emocionales y cognitivos. Este hábito puede generar incidentes de tránsito, problemas de violencia, actos criminales, impulsividad y falta o ausencia de criterio de realidad, lo que fomenta actitudes y actividades temerarias.
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Según un estudio del CONICET llamado “Consumo de alcohol en jóvenes: riesgos, advertencias y cuidados. Giménez, P. V., Conde, K. N., Peltzer, R. I., Brandariz, R. A., & Cremonte, M. (2023), uno de los principales problemas que trae el consumo en adolescentes son los episodios de amnesia, es decir, que no recuerden lo que hicieron después de la ingesta de alcohol.
El modelo de consumo de alcohol en Argentina fue clasificado como “mediterráneo”, que significa que tomar alcohol se encuentra naturalizado y su consumo es frecuente, moderado y cotidiano. En los jóvenes la ingesta se denomina “episódica” porque consumen grandes volúmenes en ocasiones aisladas.
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Los efectos del cannabis
Por otro lado, según los resultados del “Sexto Estudio Nacional sobre consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Media” realizado por SEDRONAR, la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo entre los jóvenes escolarizados. El trabajo mostró que el 2,7% de los niños entre 12 y 17 años consumió marihuana durante el último mes, ya en 2014.

La exposición al cannabis en la adolescencia estaría asociada con enfermedades mentales futuras. La sustancia afecta al cerebro en los años en que terminan de crearse las redes neuronales, en las que provoca alteraciones o pérdidas de sinapsis en zonas clave. El adolescente llega así a la adultez con una conectividad neuronal alterada.
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Diversos estudios examinaron las consecuencias del consumo en el medio educativo y lo asociaron con pobre desempeño escolar, actitudes de rechazo hacia la escuela y abandono de los estudios secundarios. De la misma manera, el consumo se ha vinculado con un peor desempeño laboral, que incluye más accidentes y más ausentismo que la media. Como los efectos negativos sobre la atención, la memoria y el aprendizaje duran días o semanas, el consumidor habitual mostraría en la escuela o el trabajo, la mayor parte del tiempo, un nivel intelectual reducido, de acuerdo al estudio Marihuana y adolescencia
Consumo y adolescentes
El estudio “Nadando con cocodrilos” sobre el alcohol en la sociedad (”Swimming with Crocodiles, The Culture of Extreme Drinking”, editado por Marjana Martinic y Fiona Measham, noveno volumen de la serie de libros del ICAP, Centro Internacional para las Políticas sobre Alcohol), recalca que las opiniones de la juventud sobre el alcohol y las borracheras están influidas por la cultura. El estudio reveló algunos puntos de coincidencia entre jóvenes de diversos países como, por ejemplo, que fueron introducidos a su consumo por los propios padres durante celebraciones familiares.
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Entre los adolescentes estar borracho o “fumado” está asociado a la diversión y socialización y al desinhibirse entre pares cuando refiere a los ámbitos públicos, y también en Argentina dentro de las casas con las famosas “previas” (práctica de consumir alcohol y/u otras sustancias psicoactivas, antes de asistir a un evento social, deportivo o musical donde habrá, o no, más alcohol y cannabis disponible).
Su consumo tiene lugar básicamente en establecimientos públicos. También es bastante común la visión del consumo satisfactorio de alcohol o marihuana cuando implica socialización y superación de problemas, y también la conciencia del hecho de consumir alcohol con un sentido de automedicación.
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En el estudio “Tomar alcohol antes de salir: la previa en adolescentes argentinos y su relación con normas sociales y motivos de previa”, de la Universidad Nacional de Córdoba, 2019, reflejó que más del 83 % de los adolescentes reportó haber consumido alcohol alguna vez en la vida y también en el último año, mientras que más de la mitad (64 %) también indicó haber consumido en el último mes.
Estos últimos adolescentes, en promedio, consumieron 75 gramos de alcohol (cantidad equivalente a cinco latas y media de cerveza) por ocasión casi cuatro días al mes. La mitad de los adolescentes reportó al menos un caso de consumo episódico elevado de alcohol durante el mes anterior, pero solo la cuarta parte indicó al menos un episodio de ebriedad durante el mismo período.
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Uno de los objetivos fue examinar si los adolescentes que se involucran en este tipo de práctica consumen más alcohol que sus pares bebedores que consumen exclusivamente por fuera de este contexto. Los hallazgos deberían alarmarnos. Los adolescentes que exhibieron conducta previa, comparados con los adolescentes que no, reportaron un consumo de alcohol significativamente mayor. Esto también se aplicó a la ocurrencia de prácticas riesgosas de consumo excesivo de alcohol hasta la ebriedad.
El estudio demostró que los adolescentes que participaron de previas consumen un medio equivalente a 8 latas de cerveza y experimentaron un mayor número de consecuencias negativas derivadas del consumo de alcohol.
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El uso nocivo de alcohol ocupa el tercer lugar entre los principales factores de riesgo de muerte prematura y discapacidad a nivel mundial y es el principal factor de riesgo de muerte y discapacidad para las personas de entre 15 y 49 años. En el año 2016, implicó la muerte de 3 millones de personas, representando el 5,3% de las muertes en el mundo y el 5,1% de la carga de enfermedades y lesiones, según la Organización Mundial de la Salud.
Un argumento utilizado para justificar el consumo de marihuana es su origen “natural e inofensivo”, lo que indicaría que no puede ser nociva. El argumento, según múltiples estudios, es falso. Al igual que el tabaco, que también tiene un origen natural y su composición, conlleva a efectos perniciosos no sólo evidentes, sino también con fuerte acuerdo social desde hace unos años.

La investigación científica estableció que el humo del tabaco y de la marihuana comparten los mismos compuestos cancerígenos y causantes de enfermedades respiratorias. También estableció que, como la nicotina, la marihuana es adictiva. Y que los adolescentes son particularmente susceptibles a alteraciones de largo plazo, tanto cognitivas como psiquiátricas, por consumo crónico de marihuana.
A pesar de que existen evidencias contundentes sobre el daño que pueden sufrir los cerebros aún en maduración de adolescentes y jóvenes, no se llevan a cabo acciones importantes de prevención como las que se realizan para erradicar el tabaquismo.
El consumo de alcohol en los jóvenes puede derivar en otras conductas de riesgo:
- La propensión a una actividad sexual no planificada y sin protección.
- La conducción de vehículos de manera imprudente en situación de embriaguez.
- El consumo de otro tipo de sustancias psicoactivas y su mezcla con el alcohol.
- El aumento de la agresividad y el ejercicio de comportamientos violentos.
- La desinhibición total que puede llevar a cometer actos ilegales y vandálicos.

- La pérdida de control de sí mismo y estados de inconsciencia que pueden dejarlos en situación de alta vulnerabilidad.
Muchas familias permiten que sus hijos adolescentes consuman alcohol y/o marihuana en sus casas, porque sienten que es más seguro que no lo hagan fuera de ella. En cierto modo eso es verdad, porque están allí para auxiliarlos en una emergencia. Pero ese permiso hace que los adolescentes en edades cada vez más tempranas consuman sustancias potencialmente dañinas.
La idea apabullante con la que los adolescentes son de alguna manera manipulados por el relato social y publicitario del consumo para divertirse, como si la verdadera diversión dependiera del consumo, no es nueva y está instalada en los hogares desde hace tiempo. Esta narrativa hace muy difícil deconstruir un sistema de creencias que ya se ha encarnado, pero hay que intentarlo.
Para ello, desde casa es importante hablar de los riesgos del consumo de bebidas alcohólicas y del consumo de cannabis en edades tempranas. Aunque sea duro, es necesario establecer normas y límites claros. Es importante poner en debate el falso enlace entre diversión y consumo, criticando las publicidades que proponen felicidad y transmitir la idea poderosa de decir NO ante la presión grupal y los mandatos dañinos.
* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.
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