
Vivir en un mundo marcado por la guerra y el terrorismo plantea serias preocupaciones para la salud mental de la infancia.
Desde la Primera Guerra Mundial hasta los conflictos actuales, hemos comprendido mejor el profundo impacto psicológico que estos eventos tienen en los más pequeños. Pero también en un mundo global e hiperconectado debemos considerar la exposición constante a imágenes de guerra a través de los medios de comunicación y redes sociales y su influencia en el bienestar emocional de los niños y niñas.
Sigmund Freud hizo importantes contribuciones a la comprensión de las consecuencias psicológicas de la guerra. Aunque no se centró exclusivamente en este tema, sus ideas y teorías psicoanalíticas arrojaron luz sobre cómo la guerra afecta a la mente humana.
Freud escribió sobre lo que denominó “neurosis de guerra” durante la Primera Guerra Mundial. Argumentó que la exposición a la violencia y el trauma en el contexto de la guerra podían dar lugar a trastornos mentales, como el trastorno de estrés postraumático. También realizó un aporte extraordinario en la comprensión de los mecanismos de defensa psicológica, como la represión y la negación como forma de lidiar con lo traumático.

La guerra y el terrorismo son traumáticos para cualquier ser humano, y los niños no son inmunes a sus efectos devastadores. La exposición a la violencia y la destrucción puede llevar a consecuencias psicológicas graves, como el trastorno de estrés postraumático, ansiedad, miedo y desesperanza. Además de los conflictos reales, nuestros hijos se enfrentan a una exposición constante a imágenes de guerra y devastación a través de los medios de comunicación. Esta exposición puede llevar a la desensibilización, dificultades emocionales y una percepción sesgada del mundo.
Las imágenes que transmiten diversos registros de violencia a través de las redes sociales, la televisión, el diario y también los relatos dentro de las familias y la comunidad pueden provocar terror en los niños y niñas.
Los niños no son ajenos a la actualidad y muchas veces los relatos del horror los dejan sin posibilidad de procesamiento de la crueldad por no contar con los mecanismos suficientes por su propia indefensión para metabolizarlos. La crudeza de las imágenes indiscriminadas contra la integridad de las personas y especialmente de los niños los afecta profundamente.

La realidad del niño frente a la violencia contemporánea y su forma de enfrentamiento es un tema del que debemos ocuparnos inmediatamente.
Cómo los afecta
La guerra, el terror y la amenaza de desaparición de personas producen angustia a todos, en los niños ataca su integridad psíquica aunque a veces pasa desapercibido. Cuando los niños observan escenas de muerte y amenaza en la televisión o en las redes sociales pueden hacer preguntas y muchas veces se retacea las respuestas por miedo a provocarles un daño.
Así, el niño se queda asustado y confundido por lo que vio, muchas veces sin poder comprenderlo. Desde la ignorancia puede imaginar cualquier tipo de escenario amenazante.
Un ejemplo narrado en Infancia y terror en la vida cotidiana puede ilustrar la relación que muchos niños establecen con la guerra y la violencia cuando no comprenden qué sucede.

Georges Deveraux, psicoanalista y etnólogo húngaro, cuenta la historia de un niño que, durante la Segunda Guerra Mundial en Budapest fue llevado por su abuela para protegerlo y protegerse a sí misma, a un departamento muy lejos de su casa. Mientras estaban allí el lugar fue bombardeado, como el niño no comprendía porqué estaba padeciendo este ataque, estaba convencido de que su abuela lo había llevado a ese sitio para matarlo.
La mente infantil intenta encontrar una explicación a todas las circunstancias nuevas e incomprensibles y las respuestas las construye con los significados y la matriz que se tenga a mano en ese momento, según el nivel de desarrollo.
Para los niños la violencia, en cualquiera de sus expresiones es una amenaza contra su integridad, física, psicológica y también una amenaza para su familia.
Las consecuencias psicológicas
La guerra y la exposición a situaciones de conflicto armado pueden tener graves consecuencias psicológicas en los niños. Algunas de ellas son:
- Pueden desarrollar trastornos de estrés postraumático (TEPT) u otros traumas psicológicos debido a la exposición a la violencia, la pérdida de seres queridos y la destrucción que los rodea. La guerra puede generar altos niveles de ansiedad y miedo en los niños, ya que viven en un entorno peligroso y lleno de incertidumbre. Los niños expuestos a la guerra son propensos a la depresión debido a la tristeza y la pérdida que experimentan, así como a la sensación de impotencia.

-Pueden llevar a problemas de conducta en los niños, como agresión, aislamiento social y rebeldía.
-La guerra puede interrumpir el desarrollo normal de los niños, ya que pueden perder oportunidades educativas y de crecimiento personal.
- La pérdida de familiares y amigos debido a la guerra puede tener un impacto duradero en la salud mental de los niños.
- Los niños desplazados y refugiados debido a la guerra enfrentan desafíos adicionales en términos de adaptación a nuevos entornos y situaciones precarias.
-Los niños que han vivido la guerra a menudo enfrentan una pérdida de esperanza en el futuro, lo que puede afectar su bienestar emocional.

Consejos para los padres
- Es importante controlar y limitar la exposición de los niños a imágenes y noticias relacionadas con la guerra y el terrorismo. Establecer límites de tiempo y supervisar el contenido es esencial.
- Hablar con los niños y niñas sobre lo que ven y escuchan es fundamental. Fomentar un diálogo abierto les permite expresar sus emociones y preguntas, aunque sean difíciles de responder, hay que intentar hacerlo.
- Brindar un ambiente seguro y apoyo emocional es clave. Los padres deben estar disponibles para escuchar y consolar a sus hijos cuando necesiten hablar de sus miedos y preocupaciones.
En un mundo lleno de conflictos y violencia, la salud mental de los niños y niñas es una prioridad. Al comprender las graves consecuencias psicológicas de la guerra, el terrorismo y la exposición a imágenes impactantes, los adultos podemos tomar medidas para defenderlos y apoyarlos en su camino hacia la protección de su salud mental.
* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.
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