
Las condiciones del espectro autista (CEA) engloban a una amplia gama de trastornos que comprenden el cuadro. Con mayor o menor compromiso, lo que caracteriza a la mayoría de las personas que viven con estos trastornos del desarrollo es la dificultad para socializar o permanecer en lugares donde deben interactuar con otros.
Sin embargo, eso no necesariamente significa que no deseen o necesiten la conexión entre pares. Como cualquier otra persona algunos días tendrán más ganas que otros de compartir y relacionarse.
Por estas razones, muchas personas con autismo encuentran que socializar es extremadamente estresante y les suele provocar ansiedad. Y si bien esto puede disuadirlos de buscar oportunidades para interactuar con otros, algunos sólo necesitan apoyo personalizado para desarrollar las habilidades interpersonales que esto requiere.
A estos fines, existe nueva evidencia acerca de los beneficios del cuidado de las plantas y los animales para las personas con autismo y cómo la interacción con la naturaleza puede promover el crecimiento interpersonal.

Muchas personas con esta condición experimentan dificultades para mantener el contacto visual, registrar señales sociales, leer el lenguaje corporal o interpretar las figuras del habla. Y eso suele malinterpretarse como que prefieren o gustan de estar solos, lo cual muchas veces no es así.
En un artículo publicado en Psychology Today, los expertos en Psicología y Psiquiatría William Anixter y Courtney Kelly, señalaron que “además de estas barreras a la conexión interpersonal, algunas personas con autismo experimentan un mayor grado de sensibilidad a los estímulos, lo que puede hacer que las características comunes de la interacción (tocarse el hombro, abrazar o reír) sean incómodas. Otros luchan con el deterioro del funcionamiento ejecutivo, lo que dificulta mantener la atención durante una conversación”, ahondaron. Incluso otros pueden encontrar sus temas de conversación limitados por la hiperfijación en actividades o temas particulares”.
Los beneficios de interactuar con la naturaleza

Entre las bondades del contacto con plantas y animales, además de comprometerse en su cuidado, los especialistas enumeraron:
1- Autoeficacia mejorada
Cuando se involucran en una práctica regular de cuidar plantas o animales, las personas con autismo obtienen beneficios que se extienden mucho más allá de los frutos literales y figurativos de su trabajo.
Destacaron que se trata de tareas que requieren una combinación de habilidades que aprovechan sus fortalezas únicas.
2- Mejor capacidad de respuesta en situaciones sociales
Suele decirse que -al igual que las plantas- las relaciones entre las personas hay que “cultivarlas”, en el sentido de que requieren un esfuerzo constante y una capacidad de respuesta a la retroalimentación. Ocurre que mientras en la retroalimentación interpersonal un gesto puede sentirse como crítica o rechazo, la retroalimentación de plantas y animales claramente es diferente.
Aseguran los especialistas que “al ofrecer a las personas con autismo un espacio sin prejuicios en el que pueden practicar la interpretación de la retroalimentación y la adaptación de acuerdo con ella, el cuidado de plantas y animales los ayuda a posicionarse para el éxito durante las interacciones humanas”. Así, “no sólo aprenden que no tienen que tomar las respuestas de los demás como algo personal, sino que también aprenden que esas respuestas proporcionan la información que necesitan para futuras interacciones”, señalaron en la publicación.

3- Más confianza para tomar riesgos
Presuponer es una parte importante de la interacción humana. Con los animales y las plantas sucede algo parecido. “Si tu perro se queja y te mira fijamente, es imposible saber por qué hasta que comiences a probar varias intervenciones. Puedes prestarle atención primero, y si continúa con el comportamiento, puedes llevarlo afuera. Y si sigue lloriqueando, sabrás que necesita algo más, tal vez una recarga de su agua”, ejemplificaron Anixter y Kelly.
“Esto difiere del proceso de determinar las necesidades de un ser humano solo en que los animales y las plantas tienen menos requisitos, más sencillos, y no juzgan a sus cuidadores -ahondaron-. Brindan a las personas con autismo un espacio seguro para practicar el tipo de riesgos que deben tomar cuando interactúan con humanos. Y cuanto más asuman tales riesgos, mejor se vuelven en dar cuenta de las perspectivas y experiencias que no coinciden con las suyas”.
4- Asumir menos, prestar más atención
Las personas con autismo pueden tener dificultades para dar cuenta de la perspectiva de otra persona debido a una tendencia a hipo o hipermentalizar a los demás. “Cuando hipomentalizan, asumen que está pasando muy poco en la mente de otra persona, lo que hace que se pierdan las señales comunicativas clave, mientras que cuando hipermentalizan, asumen más allá de lo razonable sobre el estado mental de otra persona”, explicaron los expertos, para quienes “trabajar con animales y plantas los condiciona a asumir menos y prestar más atención, lo que les permite captar las señales que necesitan para comprender mejor a otros seres vivos”.

Para los especialistas, “otra forma en la que el cuidado de animales y plantas ayuda a las personas con autismo a estar presentes durante las conversaciones es apoyando la integración sensorial”.
Y ahondaron: “Los estudios demuestran que pasar tiempo inmerso en los sonidos de los polinizadores, la sensación de la suciedad, los olores de las plantas y los colores de las flores y las frutas no solo es relajante, sino que también puede mejorar la tolerancia sensorial de las personas con el tiempo. Esto hace que la socialización sea mucho más accesible, ya que reduce los efectos angustiantes de la estimulación asociada con grupos o espacios públicos”.
5- Compartir un espacio común con otros
El cuidado de plantas y animales es inmensamente gratificante para las personas con autismo, y esto es doblemente beneficioso cuando pueden hacerlo en colaboración con otros. “La experiencia compartida de cuidar un jardín o criar animales proporciona una base integrada para la conexión que hace que entablar una conversación sea mucho menos estresante para las personas con autismo”, señalaron los autores del artículo, para quienes “sin la presión de tener que averiguar de qué hablar, tienen espacio para concentrarse en el ‘cómo’ interactuar.
En otras palabras, pueden dedicar más energía a procesar la retroalimentación, mantenerse receptivos a las señales sociales y aprender sobre las personas con las que están construyendo relaciones”.
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