La vida se trata de momentos. Algunos son buenos y otros son malos, pero en cualquier caso todos ellos forman parte de la existencia y de la valentía de sentir que tenemos como seres humanos.
Sin embargo, hay mojones que cambian todo para siempre y que quedan clavados en el día a día como condicionantes eternos que ponen a prueba nuestra resiliencia. Milagros Almaraz, de 18 años, es un testimonio perfecto de todo esto. Ocho veranos atrás, un feroz incendio le provocó quemaduras en el 65% de su cuerpo y la llevó a una cama de internación durante seis meses. Cirugías, dolor, llantos y el incansable trabajo multidisciplinario de los profesionales del Hospital Garrahan fueron parte de su lucha, que como toda justicia divina tuvo su recompensa. En el marco de la Semana de la Prevención de las Quemaduras, este relato reivindica entre otras cosas la importancia de la atención médica temprana y precisa para resolver este complicado cuadro.
La Unidad de Quemados del Hospital Garrahan recibe a alrededor de 50 pacientes por año con heridas graves, la mayoría de ellas provocada por incendios que derivan en un síndrome inhalatorio. Milagros, que sin dudas le hizo honor a su nombre, fue uno de estos casos. En 2014 tenía 10 años y disfrutaba como cualquier niña de su edad hasta que el fuego desatado en su hogar arrasó con su entereza y con su salud. Luego de seis cirugías y de sendos injertos de piel pudo salir adelante y, desde entonces, los médicos la acompañan a través de controles periódicos mientras celebra el valioso y merecido premio de estar viva. “El Garrahan es mi segundo hogar”, aseguró.

Días atrás, Milagros regresó al nosocomio y se reencontró con quienes la segundaron en la lucha por sobrevivir a las quemaduras, que son la quinta causa más común de lesiones no fatales durante la infancia. Particularmente en Argentina, todos los días un niño o una niña sufre estas lastimaduras en formas moderadas o graves. Los más expuestos a estas lesiones traumáticas son los menores de 2 años, mientras que el 75% de estas situaciones se debe a líquidos calientes como bebidas, agua del grifo o vapor, que son motivos frecuentes de internación.
Mabel Villasboas, coordinadora de la Unidad de Quemados del Garrahan, explicó: “Los niños y las niñas con quemaduras graves necesitan para su curación y para su rehabilitación a un equipo multidisciplinario transversal”. En segundo término, agregó: “Aquí en nuestro Hospital contamos con todas las herramientas necesarias para un renacer, es decir para que puedan reinsertarse en la sociedad con sus pares y fundamentalmente aceptarse con su nueva imagen corporal”.
Si hablamos de imagen corporal y de salud general, Milagros nunca perdió la esperanza de mejorar, aunque al mismo tiempo era consciente de sus limitaciones en cada momento del tedioso proceso de recuperación: “Cada avance, por más pequeño que fuera, para mí era un montón, y la terapia me ayudó a darme cuenta de eso. Pero también hay que poner voluntad: es mitad y mitad”, aclaró. Es que a veces la menor no podía ni siquiera caminar y, aun así, bailaba sentada con el optimismo como bandera. Más de una vez la observaron divirtiéndose en su cama con una coreografía mientras dos enfermeras la vitoreaban.

“Todo el personal del hospital me acompañó en el proceso de recuperación. Me consultaban y me escuchaban. También tuve mucho apoyo psicológico, desde el juego y y desde una conversación como de amistad en la que abordamos temas difíciles. Todo esto me ayudó a superar el accidente, mis miedos, y después a volver a la vida cotidiana”, contó Milagros.
Asimismo, esta heroína del Garrahan destacó la paciencia que tuvo el personal de salud mientras se recuperaba: “Yo creía que no veían mi dolor cuando me pedían que me pare, o que haga cosas sola, entonces les gritaba, pero solo trataban de ayudarme. Era por mi bien y hoy lo re agradezco. Cuesta, pero también hay que querer superar eso y un día deja de doler. Hoy abrazo a esa nena de 10 años que hizo todo lo posible para recuperarse y aceptarse”.
En la actualidad Milagros estudia comunicación y, en cuanto a su salud, está haciendo la transición desde cuidados pediátricos hacia especialidades para adultos. De todas maneras, cada vez que puede reivindica a los doctores y a los profesionales que la cobijaron en la que considera su segunda casa. “El Garrahan siempre va a ser parte de mi vida porque me sentí cuidada, protegida y escuchada”.
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