
La legionelosis es una enfermedad causada por una bacteria llamada Legionella pneumophila, que vive en sitios de agua dulce como lagos, arroyos y rara vez causa infecciones. Sin embargo, en sistemas artificiales fabricados por los seres humanos, como conductos y depósitos de agua, aires acondicionados, humidificadores y saunas, puede multiplicarse.
La enfermedad se presenta en forma de brotes, suelen aparecer varios casos a la vez y es necesario notificar de inmediato su presencia, para tomar las medidas necesarias y evitar que se sumen más casos.
Se la conoció por primera vez en Filadelfia (Estados Unidos), en un centro de ex legendarios, de allí su nombre.
Puede estar presente en edificios grandes, con sistemas complejos, hoteles, hospitales o sanatorios; en lugares donde las redes de distribución de agua en muchas oportunidades pueden estar en mal estado o no se cumple con su limpieza; y en instalaciones antiguas, mal conservadas o fuera de uso por tiempo prolongado. En todas ellas, el estancamiento del agua favorece la persistencia de estas bacterias, pues hallan condiciones que le resultan favorables para su crecimiento, multiplicación y fácil propagación.
Esas bacterias existen en dos tipos de comunidades:
· Flotan libremente en el agua.
· Viven en una comunidad formando un ecosistema donde crecen, se alimentan y se adhieren a una superficie, una biopelícula conocida con el nombre de biofilm, donde cumplen ciclos y recubren la superficie interior de las tuberías, resistentes a las desinfecciones.

La forma de contagio de la legionelosis es a través de microgotas que están en el aire y en el agua que proviene de esos grifos o diferentes fuentes. También puede darse por aspiración de agua, que entra directamente a los pulmones, al toser o por sufrir algún tipo de atragantamiento, o por ingerir hielo contaminado.
Pero el mecanismo de infección más frecuente es por inhalación (a través de las fosas nasales). Los síntomas de la enfermedad pueden tardar hasta 2 semanas en aparecer. Hay dos formas clínicas: la forma neumónica y la forma no neumónica (también conocida como enfermedad de Pontiac). Esta última cursa con síntomas leves, se parece a una gripe. Es un cuadro autolimitado que en general desaparece solo; a lo sumo, se siente algún malestar que puede durar de 3 a 5 días.
En cambio, la forma neumónica tiene una evolución muy rápida y es preocupante, ya que causa síntomas más graves, como:
· Fiebre alta.
· Dolores musculares.
· Tos.
· Insuficiencia respiratoria: los pulmones no pueden suministrar suficiente oxígeno al cuerpo o no pueden eliminar suficiente dióxido de carbono de la sangre.
· Insuficiencia renal aguda: es la pérdida repentina de la capacidad de los riñones para filtrar los desechos de la sangre.
· Falla multiorgánica.
· Conmoción.
· Muerte.

Los casos más preocupantes son aquellos pacientes con comorbilidades y que tienen el sistema inmunitario deprimido. Las personas mayores son especialmente susceptibles y vulnerables a la infección, pues además transitan un estado fisiológico de inmunocenescencia (disminución de las defensas fisiológicas y debilitamiento propios del paso del tiempo); en particular, pueden contraer la enfermedad las personas que residen en hogares o residencias.
Cabe recordar que, en el año 2013, en nuestro país se presentó un brote de legionelosis en la localidad de Carmen de Areco, provincia de Buenos Aires.
Existen algunas recomendaciones para la prevención de brotes de legionelosis, que limitan al máximo la proliferación bacteriana:
· Se deben tomar medidas de control para minimizar la proliferación de estas bacterias.
· Es necesario el buen mantenimiento de las instalaciones y de los aparatos de ventilación.
· Cumplir con la limpieza adecuada por personal especializado.
· Si por un tiempo los grifos estuvieron sin correr agua, se recomiendan medidas físicas (abrirlos a temperatura elevada del agua).
· Hipercloración como medida química.
Al ser una enfermedad causada por una bacteria, el médico indicará tratamiento antibiótico, en este caso con fármacos del grupo de las quinolonas, los macrólidos y los azálidos.
Como decimos siempre, ante los primeros síntomas, se debe realizar la consulta médica.
* Dra. Stella Maris Cuevas (MN 81701) Médica otorrinolaringóloga - Experta en olfato – Alergista Expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA)
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