
Se estima que el 65,7 % de la población mundial ya ha recibido al menos una dosis de una vacuna contra el COVID-19. Si bien han demostrado su papel esencial en la reducción de las hospitalizaciones, no controlan la transmisión del virus y aún se carece de terapias eficientes y asequibles contra el SARS-CoV-2. En este marco, un estudio publicado en la revista de acceso abierto PLOS Pathogens por un equipo de científicos liderados por Sandrine Belouzard y Jean Dubuisson del Instituto Pasteur en Lille, Francia, sugirió que el clofoctol puede ser un tratamiento eficaz para las infecciones por SARS-CoV-2 en ratones.
Obtener un tratamiento antiviral accesible, que pueda administrarse a gran escala a todos los pacientes diagnosticados en una etapa temprana, puede contribuir a reducir la carga viral en el tracto respiratorio y, por ende, la transmisión de la enfermedad. Es por eso que la reutilización de medicamentos evaluados clínicamente puede, potencialmente, ofrecer una vía rápida para un despliegue ágil de tratamientos para este tipo de enfermedad infecciosa emergente.
El proceso de llevar un fármaco novedoso al mercado es arduo; hay varias etapas de desarrollo preclínico y clínico por las que un candidato a fármaco debe progresar con éxito antes de que pueda ser autorizado para uso humano. Ante una emergencia de salud pública, como la pandemia de COVID-19, los largos plazos asociados con este proceso se vuelven un problema mayor. Una vía de desarrollo de fármacos para COVID-19 se ha centrado en la posible reutilización de fármacos existentes para tratar a los pacientes.

“Los medicamentos que recibieron previamente una autorización para su uso en humanos ya han sido probados para determinar su toxicidad y tolerabilidad en humanos, por lo que uno puede omitir algunos ensayos preclínicos, así como los primeros ensayos clínicos, lo que significa ahorrar tiempo”, explica Dubuisson, jefe de laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Francia y uno de los autores del documento.
Los ejemplos de medicamentos existentes ya probados contra el SARS-CoV-2 incluyen el antirretroviral lopinavir/ritonavir recetado para el tratamiento del VIH, el medicamento contra la malaria hidroxicloroquina y el antiviral remdesivir. “Desafortunadamente, los resultados clínicos de las pruebas de tales medicamentos fueron decepcionantes”, dice Dubuisson. Las primeras estrategias utilizadas para explorar la eficacia de los medicamentos existentes contra el SARS-CoV-2 se basaron en un método conocido como reutilización dirigida. “La gente eligió un solo fármaco para probarlo directamente en humanos, asumiendo que tendría un efecto antiviral”, aporta Dubuisson.
En el nuevo estudio que se lee en PLoS Pathogens, Dubuisson y sus colegas adoptaron un método alternativo. “Nuestro enfoque es diferente porque no había una suposición a priori y probamos un panel muy grande de fármacos utilizados en medicina”, describe. Los investigadores utilizaron la biblioteca Apteeus, una colección de 1942 medicamentos autorizados, para realizar una pantalla de alto contenido (HCS) en células Vero-81, una línea celular de riñón de mono africano que es vulnerable a la infección por SARS-CoV-2. “Después de la primera pantalla, entre los 1942 compuestos probados, identificamos algunas docenas de moléculas con actividad antiviral potencial contra el SARS-CoV-2″, explicó Dubuisson.

En total, la pantalla destacó 21 moléculas que exhibieron actividad antiviral. Estos medicamentos se sometieron a más evaluaciones in vitro, explorando su relación riesgo/beneficio en la clínica y cómo le fue a su actividad antiviral frente a diferentes mecanismos de entrada celular que el SARS-CoV-2 puede usar para ingresar e infectar las células. Tres compuestos, perfenazina, nitazoxanida y clofoctol, se marcaron como demostrando actividad antiviral, independientemente de la ruta de entrada del SARS-CoV-2 probada.
“El clofoctol se desarrolló originalmente como un antibiótico para tratar las infecciones bacterianas de las vías respiratorias”, explicó el especialista. Este compuesto fue elegido para una evaluación adicional contra el SARS-CoV-2 en estudios con animales debido a sus propiedades farmacológicas: tiene un alto perfil de seguridad y se acumula en los tejidos pulmonares en una concentración más alta que en el plasma sanguíneo. “Los ratones transgénicos, alterados genéticamente para expresar los receptores humanos del SARS-CoV-2, fueron tratados con clofoctol después de la infección con el SARS-CoV-2. Este modelo de ratón es un modelo ‘clásico’ para probar la actividad antiviral de un fármaco in vivo”, completa Dubuisson.

El equipo de investigación observó una caída en la producción de virus en los pulmones de los ratones dos días después de la infección, además de una expresión reducida de genes inflamatorios y una patología reducida en los pulmones. No se evaluaron los efectos a largo plazo del clofoctol, ya que los ratones tuvieron que sacrificarse dos días después del tratamiento.
Dubuisson explica los motivos: “A diferencia de los humanos, el clofoctol no se tolera tan bien en los ratones -dice-. El tratamiento tuvo que suspenderse temprano en ratones debido a problemas de pérdida de peso; sin embargo, los humanos pueden ser tratados con seguridad con clofoctol durante 10 días sin experimentar efectos secundarios importantes”.
Con base en los resultados de este estudio, los investigadores argumentaron en la discusión del artículo que existe un “caso sólido” para proponer el clofoctol como “un candidato terapéutico asequible para el tratamiento de pacientes con COVID-19″. Agregaron que, debido a que el medicamento es de bajo costo, podría brindar una oportunidad para tratar a pacientes con COVID-19 en entornos donde los recursos son escasos. “El siguiente paso será probar el clofoctol en humanos en el contexto de un ensayo clínico de Fase III”, concluyó Dubuisson.
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