
Dos ideas fueron las que le permitieron al médico Wu-Lien-tech revolucionar la sanidad pública. Una de ellas fue la de diseñar y fabricar una mascarilla quirúrgica especial a base de algodón y gasa, a la que añadió varias capas de tela para filtrar las inhalaciones, un producto que aconsejó que llevase toda la población para evitar los contagios.
La otra era observar cómo cambió la actuación contra la pandemia cuando el padre de la salud pública china vio un cementerio con miles de ataúdes y cadáveres, víctimas de la peste. Allí entendió que los cuerpos amontonados durante el invierno servirían de incubadora para acabar con esta plaga. Fue así que propuso retirar los restos mortales sin sepultura mediante, para su posterior cremación masiva.
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A principios del siglo XX, una epidemia desconocida fulminaba al noroeste de China. La situación fue devastadora, la peste neumónica de 1911 arrasaba con las poblaciones. En ese contexto surgió la figura del médico de origen malayo con medidas que hoy se utilizan para luchar contra el coronavirus. Esa enfermedad muy contagiosa y cuya propagación se da a través de la transmisión respiratoria fue rebatida con reglas claras y que hoy aplicamos en nuestra vida diaria: cuarentena, restricciones en los desplazamientos y la fabricación de una mascarilla especial con algodón, gasa y varias capas de tela, que obligó a utilizar a la población.

Pero, además, logró rastrear el origen de la enfermedad, y allí surgió, entre los cazadores de marmotas, quienes se habían contagiado a partir de las pieles que colgaban en sus casas. En poco menos de un par de meses, logró controlar la epidemia. Wu-Lien-teh se convirtió en el primer estudiante de medicina chino en la Universidad de Cambridge y el primero de origen asiático en ser nominado al Premio Nobel de Medicina en 1935. Pero su extensa y vasta trayectoria no acaba allí ya que, además, fue presidente de la Asociación Médica de China entre 1916-1920 y dirigió el servicio nacional de cuarentena entre 1931-1937.
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El pionero del tapabocas de tela, que se convirtió en el precursor de la máscara N-95, una de las más usadas, especialmente por el personal médico, durante la pandemia del COVID-19, presidió la Conferencia Internacional de la Plaga en Mukden (Shenyang), en abril de 1911, un encuentro histórico de científicos de los siguientes países: los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Austria-Hungría, Países Bajos, Rusia, México y China. Allí se confeccionó un documento: la mitad de los médicos y enfermeras que atendían la emergencia habían muerto por un problema que nadie había tenido en cuenta y fue Wu-Lien-tech quien, al realizar la autopsia de uno de los fallecidos, comprobó que el virus se propagaba por el aire con una letalidad aproximada al 100 por ciento.
El reconocido epidemiólogo se formó en distintos países, aunque sus estudios comenzaron en Penang, su lugar de nacimiento. Luego, completó sus estudios en el Reino Unido, Alemania y París. Wu-Lien-teh permaneció en la avanzada de la prevención de epidemias en Harbin (China). Fue director médico del Servicio de Prevención en el Norte de Manchuria, que despúes convirtió en el centro de investigación de la peste más importante del mundo. Su perseverancia fue recompensada cuando logró erradicar la reaparición de la peste en 1921 y de la epidemia de malaria de 1919.
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La gran plaga de Manchuria o peste neumónica
La marmota Tarbagan era una especie de roedor que vivía principalmente en los pastizales y la estepa de Mongolia y la vecina Manchuria. Los peleteros europeos, estadounidenses y japoneses habían comprado durante mucho tiempo pieles de sable, visón y nutria a los cazadores locales, pero nunca habían estado interesados en el pelaje grueso de la marmota Tarbagan.
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Desde 1910 hasta el brote del año siguiente, fallecieron más de 60.000 personas. Harbin era parte de lo que se conocía como Manchuria, una región agrícola situada en la coyuntura de China, Japón y Rusia. La ciudad albergaba grandes comunidades de japoneses, estadounidenses y europeos. Miles de cazadores locales fueron encargados por compradores extranjeros de traer pieles de marmota. Probablemente de este comercio haya surgido la enfermedad. Los casos de la peste neumónica aparecieron en las principales terminales ferroviarias, de Beijing a Wuhan. Para principios de siglo XX, Harbin había alcanzado la cifra de más de 5000 muertes.
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