
El escenario internacional sacude al mercado agrícola y empieza a reconfigurar decisiones clave en todo el mundo. El conflicto en Medio Oriente, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y nuevas políticas de biocombustibles en EE.UU. impulsan un contexto alcista para la soja, mientras elevan los costos de producción y presionan cambios en la asignación de área a nivel global .
El encarecimiento de la energía y los insumos se ubica en el centro de la escena, puntualiza un informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. Los fertilizantes nitrogenados registraron subas de hasta el 40%, mientras que el petróleo alcanzó niveles cercanos a los 114 dólares por barril, configurando un combo que impacta directamente sobre la rentabilidad agrícola y condiciona las decisiones productivas.
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En este contexto, comienza a delinearse un cambio en la estrategia de siembra, especialmente en Estados Unidos. “Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están empujando a los productores a volcarse hacia la soja, que requiere menor inversión relativa”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral .

La tendencia no se limita a Norteamérica. A nivel global, se observa una migración de superficie desde cereales hacia oleaginosas, impulsada tanto por los costos como por expectativas de demanda. “Si a esto le sumamos la expectativa de una recomposición en la relación comercial entre EE.UU. y China, el incentivo para sembrar soja es aún mayor”, agregó Romano .
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Otro factor clave es el impulso de los biocombustibles en Estados Unidos, donde se fijaron objetivos récord de mezcla para 2026. Esta medida fortalece la demanda de aceite de soja y refuerza el sesgo alcista del mercado. “Todo esto genera una presión alcista indirecta sobre los granos, porque incrementa los costos de producción y condiciona las decisiones de siembra”, sostuvo el especialista .
En Argentina, mientras tanto, la cosecha avanza con buenos rindes, aunque con dinámicas dispares entre cultivos. La soja aparece como el cultivo más favorecido en este nuevo contexto, mientras que el maíz y el trigo enfrentan mayores desafíos por su dependencia de fertilizantes. “Hay una combinación de factores muy potente: demanda potencial firme, políticas públicas favorables y costos relativos más bajos frente a otros cultivos”, concluyó Romano, en un escenario donde la próxima campaña podría redefinir el equilibrio agrícola global .
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