
En un contexto de escasez de hacienda y fuerte demanda internacional, el clima se consolida como una de las variables más determinantes para el futuro inmediato de la ganadería argentina. Así lo señala un análisis del Rosgan, que advierte que, tras varios años de elevada extracción, el sector necesita iniciar una etapa de retención sin generar un faltante abrupto de carne en el mercado.
Durante el último año se faenaron 13,6 millones de cabezas y se produjeron 3,15 millones de toneladas de carne, con un peso promedio de 231 kilos por res. En comparación con el ciclo anterior, la faena cayó 2% y la producción 1%, una merma parcialmente compensada por la mejora en el peso medio de los animales. Sin embargo, la reducción de la faena no alcanzó para frenar la caída del stock bovino, que volvería a mostrar descensos cuando se conozcan los datos definitivos a fines de 2025.
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El informe plantea que para iniciar una recuperación sostenida del rodeo será necesario reducir aún más la faena, lo que obliga a incrementar la producción de carne por animal. Este proceso comenzó a consolidarse el año pasado gracias al avance de recrías pastoriles combinadas con terminación a corral, favorecidas por un clima más benigno. Pero tanto la producción de terneros como la eficiencia productiva dependen, además del manejo, de las condiciones climáticas, un factor imposible de controlar.

Para dimensionar el riesgo, el Rosgan tomó como referencia los datos del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica, que clasifica las áreas afectadas según niveles de severidad. Actualmente, las situaciones más críticas se concentran en la franja oeste del país, especialmente en La Pampa, San Luis, sur de Córdoba y sectores del oeste bonaerense, donde diciembre y enero resultaron marcadamente secos y con altas temperaturas.
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Según el análisis, alrededor del 9% del territorio nacional se encuentra bajo categorías de sequía severa a excepcional. Al ponderarlo por la distribución del stock ganadero, se estima que cerca del 15% del rodeo argentino, unas 7,5 millones de cabezas, está en zonas bajo riesgo hídrico. Aunque el número es relevante, representa menos de un tercio del impacto registrado durante la sequía 2022-23, cuando más de 26 millones de animales estuvieron afectados.
Los modelos climáticos muestran además que el evento La Niña se encuentra en fase de debilitamiento y podría dar paso a condiciones neutrales hacia el otoño. En el corto plazo, las lluvias previstas podrían aliviar parte de las áreas comprometidas. De no concretarse, podría acelerarse la salida de hacienda de algunos campos, aunque el Rosgan subraya que se trataría de un fenómeno localizado y transitorio, que no alteraría de manera sustancial la tendencia de fondo hacia una ganadería más eficiente y orientada al crecimiento.
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