Pases de facturas, tensiones acumuladas y un objetivo común en el Triángulo de Hierro

Los últimos días visibilizaron los desacuerdos en los márgenes de la cúpula del poder. La denuncia del PAMI y la reunión previa. El rol de los Menem. Diferencia de estilos y la elección de CABA

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Karina Milei junto a "Lule"
Karina Milei junto a "Lule" Menem y Martín Menem

Era cuestión de tiempo para que en la cúpula del poder empezaran a crujir los cimientos. Nada que, por el momento, vaya a hacer tambalear la estructura, pero a medida que avanza el calendario electoral y la gestión empieza a mostrar signos evidentes de desgaste, propios de cualquier proyecto de construcción de poder, esas fallas empiezan a ser cada vez más notorias.

En la cúpula de La Libertad Avanza esos ruidos se traducen en internas, y esas internas están enfocadas en Karina Milei, Santiago Caputo y, principalmente, en sus entornos. Son dos de los vértices del triángulo de hierro, ese sistema de toma de decisiones ideado por Javier Milei que controla la política y los resortes de poder más sensibles del Estado por fuera de la economía.

“¿Internas? Ya dejaron de ser internas, ahora son cuestiones externas, públicas, a la luz del día“, ironizó este fin de semana una fuente del gobierno.

El último capítulo de esta disputa, que se libra sin eufemismos entre segundas y terceras líneas, quedó expuesto a mediados de semana cuando desde el PAMI se denunció, más de un año después del desembarco de LLA en el poder, el supuesto desmantelamiento de “una caja negra al servicio de la política”. “Se detectó un uso llamativamente elevado de las vías de excepción -un mecanismo que, por definición, debe ser excepcional- para la entrega de medicamentos, insumos y tratamientos”, se subrayó desde el organismo que depende de Mario Lugones, el ministro de Salud que tiene vínculo directo con el Presidente, que transita por el sistema desde hace décadas y que tiene en su hijo Rodrigo a uno de los principales socios de Caputo.

Santiago Caputo, en el debate
Santiago Caputo, en el debate de candidatos porteño (Gustavo Gavotti)

No se trata de ninguna novedad. La comunicación hizo hincapié en los “abusos heredados de gestiones anteriores” pero, puertas adentro, se promocionó como una denuncia al entorno de la hermana presidencial. En particular, a Eduardo “Lule” Menem y Sebastián Pareja, dos de los principales armadores políticos de la funcionaria, en el segundo caso en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave por su peso electoral y porque se acumularon en los últimos tiempos tensiones internas por la estrategia electoral, el control del territorio, la confección de las listas, el financiamiento de la política y las negociaciones con el PRO.

No se trató, sin embargo, de una denuncia al voleo o una operación encubierta de esas que, por cierto, suelen abundar. Según trascendió, el comunicado fue consensuado puertas adentro tras una cumbre entre Karina Milei y Caputo que tuvo el aval del Presidente. “Eso le dio volumen”, confiaron.

En el seno del Ejecutivo aseguran que, por ahora, el vínculo entre ambos no corre riesgos. Pero sí es cada vez más notoria la tensión in crescendo entre el consultor y los Menem. La denuncia del PAMI debe leerse en ese contexto. Como parte de una serie de desacuerdos en los más altos niveles jerárquicos de un proyecto de poder que se tuvo que edificar a las apuradas cuando Milei ganó las elecciones sin una estructura sólida a su alrededor.

En ese contexto, “El Jefe”, como llama el mandatario a su hermana, se rodeó entonces de dirigentes como “Lule” o Martín Menem, o Pareja. Desconfiada, la secretaria General delegó en ellos buena parte de la gestión política. Adrián Menem también colabora activamente pero de manera externa: ayuda en el armado de la capital, acerca dirigentes y coopera en territorio bonaerense, y abre cada tanto el quincho de su casa en la zona norte del Gran Buenos Aires para tertulias hasta altas horas.

“Alguien se empezó a zarpar con las vías de excepción, con la descentralización. En particular, en localidades como Quilmes, y en algunos casos en el norte del país”, resaltó un asesor del PAMI. En esos distritos talla el entorno de la secretaria General, que se apoderó, en gran medida, de la contratación y el manejo de las delegaciones del organismo que suelen utilizarse para las negociaciones políticas. Por ejemplo, en el vínculo con el PRO.

Cuando el Gobierno empezó a legislar vía DNU y necesitó de ese sector para construir mayorías parlamentarias, el asesor presidencial se transformó en uno de los principales interlocutores con ese espacio. Y esas negociaciones incluyeron, entre otros pedidos, oficinas y delegaciones en el Estado. Por ejemplo, en el PAMI. Pero algunos de esos pedidos se habrían trabado en despachos vinculados a la hermana presidencial. “Toda negociación política tiene un precio. Incluso para aquellos que dicen que lo hacen por el bien de la patria”, explicó una fuente libertaria que conoce bien cómo funcionan esos mecanismos de gestión y las negociaciones políticas.

Un año y medio después de desembarcar en el gobierno, en plena campaña electoral, Milei se enfrenta a un desafío clave: la sostenibilidad a futuro de su proyecto y la satisfacción de las demandas frente a una sociedad que, en buena medida, todavía lo percibe como un elemento nuevo del sistema, ante una dirigencia política gastada y fragmentada. Frente a ese desafío, el Presidente debería diferenciarse de un sistema y algunas prácticas que amenazan con volverse recurrentes. El del PAMI es solo un ejemplo.

Una vez que llegó al poder, Milei moldeó un modelo de administración que compartió con su hermana y su asesor. La secretaria General se encargó del armado partidario, se consolidó como el sostén cotidiano de su hermano y se reservó para ella el poder de veto. Es decir, “la guillotina”. Caputo se ocupó de buena parte de la negociación política, de la relación con Mauricio Macri aún cuando llegó, como estos últimos tiempos, a estallar por el aire; del dominio de rubros cruciales del Estado, del vínculo con empresarios, políticos y sindicalistas y hasta de los medios de comunicación.

Mauricio Macri y Santiago Caputo,
Mauricio Macri y Santiago Caputo, entre risas en la cena de la Fundacion Libertad portada

Se repartieron así la administración del gobierno. Con roles bien definidos. En Casa Rosada aseguran que la interna no es entre el consultor y la hermanísima presidencial, pero que los desacuerdos sí se hicieron cada vez más evidentes entre el asesor y los Menem. “Esto no es entre Santiago y Karina, si no entre el entorno de Karina y Santiago”, admitió un funcionario que vio brotar en la superficie en los últimos tiempos cada vez mayores pases de facturas.

Existe, además, diferencia de estilos. Karina Milei es muchísimo más implacable que el asesor. Un largo listado de dirigentes es testigo de esa condición. Por ejemplo, Ramiro Marra, que el martes se trenzó en un abrazo con Caputo en la previa del debate porteño. El consultor conoció a Milei por el legislador.

Caputo, por el contrario, es mucho más flexible y pragmático, a pesar del personaje público que construyó desde las redes. Audaz al extremo, es mucho menos prejuicioso, tal vez por su historia personal y los años que le dedicó a la consultora de sus socios, en la que asesoró a clientes de los más variados. Siempre conoció al sistema que ahora dice combatir desde adentro. Si es “casta”, que no se note. El pasado fin de semana, por ejemplo, se mostró en la cancha de River -se hizo socio hace algunos meses-, en el superclásico, en un palco premium, invitado por el directivo de un grupo de medios, en plena pelea narrativa del Gobierno con el periodismo. El asesor quiere jugar en todas las canchas. Monitorea áreas sensibles como la SIDE, la UIF, ARCA, YPF o Justicia, y supervisa, como confirmó el propio Milei en estos días, hasta las decisiones del jefe de ministros.

La denuncia del PAMI fue, por ahora, la muestra más ruidosa de una batería de desencuentros en los márgenes del triángulo de hierro, desde la fallida elección en Santa Fe, cuya estrategia fue criticada puertas adentro por Caputo, hasta el futuro del acuerdo con el PRO en la provincia de Buenos Aires. No así la elección de la capital, en la que se consensuó un objetivo común que se repite en las dos reuniones semanales de campaña: tratar de vencer al macrismo con nitidez para empezar a hacerse fuerte en ese territorio y que Milei sea el único referente de la derecha. En el Gobierno creen que no hay espacio para dos. Macri lo sabe bien.

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