
MIND es un patrón alimentario que combina ingredientes de la dieta mediterránea y la dieta DASH.
Prioriza el consumo de verduras de hoja verde, bayas, frutos secos, cereales integrales, pescado, aceite de oliva y aves, y limita el de manteca, quesos, carnes rojas, dulces y frituras.
Científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston, junto con colegas de otras instituciones de los Estados Unidos, Reino Unido y China descubrieron que seguir la dieta MIND durante más de diez años se asocia con una pérdida más lenta de materia gris y una expansión ventricular menor en el cerebro.
Es la primera vez que se observa este efecto protector en cambios cerebrales estructurales a largo plazo, según la investigación que publicaron en la revista Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry.

El hallazgo sugiere que las decisiones cotidianas sobre los alimentos que llegan al plato pueden influir en la salud cerebral y en la memoria a lo largo de los años.
El trabajo fue coordinado por investigadores de la Universidad de Zhejiang y la Escuela de Medicina y Salud del Instituto de Tecnología de Harbin, en China, la Universidad de Edimburgo, en el Reino Unido, y el Instituto Glenn Biggs de la Universidad de Texas, el Departamento de Neurología de la Universidad de Boston y el Estudio del Corazón de Framingham en Estados Unidos.
Comer para recordar

La dieta MIND fue creada por la investigadora Martha Clare Morris y su equipo en la Universidad Rush, en Chicago, Estados Unidos.
MIND significa en español “Intervención Mediterránea-DASH para la Retraso de Enfermedades Neurodegenerativas”. Su desarrollo combinó pautas de la dieta mediterránea y la dieta DASH, con el objetivo de proteger la salud cerebral y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Ahora, los investigadores se centraron en el impacto de la dieta MIND sobre la materia gris y los ventrículos, que son cavidades llenas de líquido cefalorraquídeo.
La materia gris es esencial para la memoria y el pensamiento y suele disminuir con el envejecimiento.
Los ventrículos tienden a expandirse cuando se pierde tejido cerebral. El equipo ajustó el análisis y consideró edad, nivel educativo, actividad física y enfermedades crónicas.
Tiempo ganado en el cerebro

Los resultados mostraron que cada tres puntos más en la dieta MIND se asociaron con una pérdida más lenta de materia gris, lo que equivale a un 20% menos de deterioro por la edad y dos años y medio más de cerebro joven.
Además, este puntaje se relacionó con una expansión más lenta de los ventrículos cerebrales, equivalente a un 8% menos de pérdida de tejido y un año de envejecimiento cerebral retrasado.
Entre los alimentos que más beneficio dieron se destacaron las bayas y las aves, asociadas con menor agrandamiento de los ventrículos y menor pérdida de materia gris.
“Los alimentos recomendados en la dieta MIND, ricos en antioxidantes como las bayas y fuentes de proteínas de alta calidad como las aves, pueden reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal”, expresaron los investigadores.
En cambio, quienes consumían más dulces y frituras mostraron más atrofia cerebral y ventrículos agrandados.

El efecto positivo de la dieta MIND fue más notorio en personas mayores, con peso saludable y que hacían actividad física.
El estudio también comprobó que los resultados se mantuvieron en distintos subgrupos. Las asociaciones entre dieta y salud cerebral fueron más fuertes en quienes tenían más riesgo de atrofia.
Los investigadores aclararon que no pudieron analizar todas las áreas del cerebro y dependieron de lo que las personas recordaban sobre su alimentación.
Además, la mayoría de los participantes eran caucásicos, por lo que los resultados podrían no aplicarse a todos los grupos.

En diálogo con Infobae, Diego Querze, licenciado en nutrición y jefe de Nutrición en Enfermedades Neurológicas de Fleni en Argentina, comentó tras leer el estudio: “La dieta MIND, una combinación de las dietas DASH y Mediterránea, ofrece un cambio en la alimentación como estrategia preventiva frente a los principales factores de riesgo y para modificar el estilo de vida”.
Así, enfatizó, se puede reducir la neurodegeneración y enlentecer el envejecimiento cerebral. “Funciona como una herramienta clave para la neuroprotección”, dijo.
“Alcanzar una buena adherencia a las pautas y objetivos de la dieta MIND y adaptarla al propio patrón alimentario, aporta amplios beneficios para la salud cerebral”, sugirió.
Esta dieta propone un esquema alimentario que incluye alimentos ricos en compuestos antioxidantes, ácidos grasos insaturados y otros compuestos antiinflamatorios, que contribuyen a preservar la función neuronal y reducir el estrés oxidativo. De este modo, “favorece la salud del cerebro”, concluyó.
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