
“Es Messi”. La comparación que hizo alguna vez Alberto Fernández entre su asesora Cecilia Nicolini, y el ídolo futbolístico, sirve a algunos funcionarios para resumir el motivo por el cual el Presidente decidió designar a la funcionaria argentina arribada al país en 2019 como secretaria de Cambio Climático. Pero detrás del nombramiento en un órgano que históricamente tuvo baja relevancia, pero que toma cada vez mayor centralidad para la administración nacional, figuran motivos geopolíticos y un creciente malestar con la administración del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo sustentable, considerada deficitaria en la arena nacional.
La decisión de Alberto Fernández de nombrar en ese rol a la politóloga y magíster en Harvard, que tuvo un rol importante en la compra de vacunas, está vinculada principalmente a la necesidad de potenciar el área con el fin de fortalecer el vínculo del Gobierno con el mundo desarrollado a través de la agenda ambiental. En especial, con la administración de Estados Unidos, a cargo de Joseph Biden, con la cual la relación está tensa desde las fuertes declaraciones de Alberto en Rusia la semana pasada, y con la Unión Europea. Ambas posicionan al cambio climático, respectivamente, en un lugar de alta relevancia en el orden de sus prioridades.
El nombramiento de Nicolini responde, en simultáneo, al mal diagnóstico que hace la Casa de Gobierno de la gestión de Juan Cabandie al frente del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable. Designado en 2019 por la buena consideración que tenía de su figura Alberto Fernández, a lo largo de los últimos dos años, el bajo perfil del ministro y su baja vinculación con el ámbito diplomático empezaron a hacer ruido. “Un ministro de Ambiente, en estos tiempos, en este contexto, no puede dedicarse únicamente a apagar incendios”, resumieron la mirada en la Casa Rosada.
Mientras tanto, continúan los rumores -que circulan desde las PASO- sobre un eventual reemplazo. Por ahora, nadie confirma movimientos en ese sentido. Durante el miércoles hubo silencio en el entorno del ministro sobre la designación de Nicolini, que participó, no casualmente, de la gira de Alberto Fernández por Rusia, China y Barbados. El destino final del viaje estuvo centrado, justamente, en el tema ambiental, y a último momento se sumó Cabandie. Recién ayer por la tarde, varias horas después de que se confirmara (desde el área de la Presidencia) el arribo de la asesora presidencial a su cartera, el ministro le dio la bienvenida por Twitter.

Por su parte, Nicolini, que hasta ahora tuvo despacho en la Casa Rosada, tuvo una centralidad inusual para una asesora durante el primer tramo de la gestión nacional del Frente de Todos, gracias al papel que le asignó el Presidente en la negociación para conseguir vacunas en el mercado global durante el segundo año de la pandemia. Pero a medida que los contratos con los laboratorios empezaron a concretarse con mayor fluidez, y con la proyección cada vez más certera de que se fabricarán dosis a nivel local, su rol quedó desdibujado y se empezó a ver cómo mermaba su nivel de protagonismo en la agenda pública. En parte por este motivo, el Presidente le otorgó en Ambiente un lugar donde pudiera seguir siendo útil para la administración nacional. Fue un gesto que la funcionaria recibió con los brazos abiertos.

En lo inmediato, la orden es que Nicolini busque imprimirle un matiz internacional a la gestión del ministerio, que hoy tiene una presencia moderada a nivel global. “Hizo un muy buen trabajo en últimos años, producto de sus relaciones en el mundo. El Presidente entiende que seguramente, en ese área, que es muy sensible en términos mundiales, es clave una persona como ella. También para darle más brillo a un ministerio que quizás hoy no parecería tenerlo”, resumió un funcionario de confianza de Alberto Fernández en diálogo con Infobae.
“Como trabajó bien con Rusia en su momento, ahora se le pide hacer lo mismo con EE.UU. Es un área que a ellos les interesa, y el tema climático es una buena excusa para acercarse”, sintetizaron en Gobierno.
La agenda del cambio climático tiene un lugar cada vez más preponderante en cumbres internacionales y el Gobierno le prestó especial atención durante el último año y medio, en paralelo -y con vistas a- las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Principalmente por el lugar que ocupa en agenda geopolítica: es un tema donde se busca que confluya la relación de Alberto Fernández con la Casa Blanca y con la Unión Europea, especialmente Francia y Alemania.
Por caso, Alberto Fernández acarreó una nutrida comitiva desde la Argentina a la Cumbre de Cambio Climático que se celebró en Glasgow en octubre, donde la Argentina llegó a plantear un canje de deuda por acción climática -una propuesta que finalmente fue postergada para un análisis futuro por el FMI-. El Gobierno llevó el tema verde en carpeta, también, a innumerables encuentros diplomáticos presenciales o virtuales, de los que participó el Presidente en persona o la administración nacional a través de sus cancilleres -primero Felipe Solá, después Santiago Cafiero-.
En este contexto global, Ambiente, un ministerio de segundo rango en la escala política del Gabinete, empezó a transformarse en una cartera codiciada, en especial en el área vinculada a cuestiones climáticas. Hasta diciembre, el lugar que ocupará Nicolini estaba a cargo Ricardo Rodríguez Tornquist, hombre del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, alfil del jefe de Estado con fuerte ascendencia -prácticamente exclusiva- sobre los asuntos vinculados a la agenda verde.
El coordinador del Consejo Económico y Social fue el gestor de varias acciones en ese sentido, como la emisión de la carta sobre la agenda verde de parte de Alberto Fernández a Joseph Biden y al enviado especial para el Clima de Estados Unidos, John Kerry; los planteos ante el FMI sobre el mismo tema -como la decisión de crear una nueva línea de crédito en el Fondo, además del stand by, llamado New Trust-; y las negociaciones para que el Presidente se encontrara en Roma con Kerry. De ese encuentro no participó Cabandie, sino Béliz, junto al entonces canciller Solá.
Hace dos meses, Béliz “se llevó” a Tornquist para continuar desde la Casa Rosada las gestiones en la agenda climática internacional. El rol ministerial quedó vacante y ahora, con Nicolini en ese lugar, hay quienes ven que se avecina un tironeo. Otros aseguran que trabajarán codo a codo. En el devenir de la gestión se verá cómo se desarrolla la relación en torno a un tema que adquiere relevancia en la agenda global y a través del cual el Gobierno busca vincularse con las potencias mundiales.
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