
Después del cierre de campaña con una foto de unidad entre Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa en Merlo, ante un probable escenario de derrota en las elecciones generales, los principales líderes del Frente de Todos se preparan para una reconfiguración interna. En el Gobierno admiten que la relación de fuerzas dentro de la coalición se modificará después de los comicios del domingo, y coinciden en que la profundidad de los cambios dependerá de la magnitud de los resultados, que se esperan adversos. Sean cuales fueren, los distintos espacios ya alistan esfuerzos para la puja de cara a los próximos dos años, con vistas a las Presidenciales de 2023.
En las oficinas de la Casa Rosada dan por sentado que a partir del lunes habrá cambios, pero esperan que sean más ordenados que en septiembre, cuando se precipitó una reconfiguración del Gobierno por el catastrófico revés de las PASO.
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En ese momento, la resistencia de Alberto Fernández a forzar los reemplazos que quería imponer el kirchnerismo desembocaron en una crisis interna sin precedentes. Ahora, en la Casa Rosada y en La Cámpora aseguran que no se repetirá el mismo escenario de renuncias y peleas intempestivas. De todas formas, auguran que una reestructuración será inevitable y la gran incógnita gira en torno al tipo y la profundidad de los cambios que se imprimirán en el frente después del domingo.
El antecedente del cimbronazo en el gabinete que impuso Cristina Kirchner, y algunos rumores provenientes de su entorno, indican que una nueva derrota podría traducirse en nuevas modificaciones en las cabezas de algunos ministerios, con el área económica como principal apuntada.
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Sin embargo, otras voces en la Casa Rosada, en el massismo e inclusive en el camporismo, aseguran que no se repetirá un panorama similar al de aquella crisis y creen que no habrá “cortes de cabeza” significativos sino modificaciones en la dinámica interna de toma de decisiones, que dependerán de cómo le vaya al Frente de Todo en los principales distritos. Unos apuntan que Alberto Fernández podría verse fortalecido y tomar mayor protagonismo. Otros creen que quedará “pintado” y que todas las determinaciones deberán pasar antes por la presidencia del Senado.

En cualquier caso, en los últimos días empezaban a replicarse las discusiones en los espacios que conforman la coalición de gobierno sobre la posibilidad de reflotar la vieja idea de institucionalizar la alianza oficialista, con el objetivo de mejorar la dinámica de la gestión y dirimir de manera organizada las refriegas por los liderazgos con miras a las elecciones presidenciales.
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La propuesta había estado presente en el imaginario del Frente de Todos durante los meses de conformación de la coalición, entre mayo y octubre de 2019. Lo habían deslizado, entre otros, Alberto Fernández y el gobernador de Chaco, Jorge “Coqui” Capitanich, ex jefes de Gabinete de Cristina Kirchner.
Hasta ahora, dijo un funcionario, “a nadie le convenía”. En especial a La Cámpora, que ostentaba la posición más relevante dentro del Frente de Todos. Pero después de las PASO, con la merma en el respaldo en el conurbano; la suba de abstenciones y la importante baja en la asistencia a las urnas, el peso específico de la Vicepresidenta dentro de la coalición quedó disminuido. Además, el Frente de Todos perdió en la primera sección bonaerense, donde Sergio Massa debía aportar a través de su discurso orientado a las clases media y media baja. Y el Presidente quedó seriamente cuestionado puertas adentro por la sucesión de errores que no cesaron desde el año pasado.
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Con el debilitamiento de todos los sectores de la coalición y la escalada de conflictos internos muchas veces irresueltos, el terreno estaría más fértil para la institucionalización, coinciden distintas miradas dentro del oficialismo. Muchos creen que el Instituto Patria podría avalar una propuesta ante la cual se había mostrado reticente desde el comienzo de la aventura frentetodista. En el massismo vienen avisando que lo ven con buenos ojos; en el “albertismo” también.

El tema se discutió al interior de cada espacio en las últimas semanas y se proyecta como una discusión post-electoral, con la experiencia del Frente Amplio de Uruguay como modelo a seguir. De todas formas, algunos lo consideran “inviable” y se muestran proclives, en cambio, a utilizar la estructura del PJ, a través de la incorporación de mecanismos que acomoden las piezas de la alianza de partidos de la manera más componedora posible.
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Barajar y dar de nuevo
Ante la fuerte posibilidad de una inminente derrota, como arrojan los sondeos de las principales encuestadoras, en el oficialismo se muestran ansiosos por “pasar” de una vez por todas el día de la elección, para poder “barajar y dar de nuevo”, según dijo un funcionario que trabajó fuerte en el armado de los últimos dos meses y se mostró cansado de la carrera proselitista al filo de la veda. Como él, la mayoría de los estrategas y los mismos candidatos exhiben agotamiento.
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Ayer se terminó una campaña que duró dos meses agónicos, con momentos de muy baja expectativa, si bien en el último tramo se buscó hacer repuntar el optimismo previo a las PASO. Principalmente, con la implementación de la estrategia afirmativa que aportó el consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubi; con la enfatización de medidas de ayuda económica que se impulsaron prácticamente desde todas las carteras; y con el congelamiento de precios a productos de la canasta básica y los medicamentos que impuso en el último tramo la Secretaría de Comercio.
Aunque recientemente se buscó imprimir un aura de esperanza para llegar con mayores bríos al domingo, la expectativa sigue siendo baja y apunta sólo a acortar la diferencia con Juntos por el Cambio, sin demasiadas esperanzas en lograr derrotar a la oposición.
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Cuando recuerdan la demoledora carta de Cristina Kirchner contra Alberto Fernández y sus principales colaboradores, en septiembre, en todos los sectores concluyen que fue un “error” que “dañó” a la coalición y no creen que se repita un panorama de ese estilo. Creen que el reordenamiento interno post-Generales será más pacífico, pero aseguran que será ineludible. Aunque nadie se atreve a decir cómo se distribuirán los roles y qué peso específico tendrá cada espacio de poder.
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