
Finalmente, si no hay cambios de último momento, la nueva CGT será conducida por un triunvirato: Héctor Daer, de Sanidad; Pablo Moyano, de Camioneros, y Carlos Acuña, de estaciones de servicio). Y Antonio Caló, el líder de la UOM que quería sumarse como un cuarto integrante de la máxima conducción y logró el apoyo del sindicalismo kirchnerista, quedaría a cargo de la Secretaría de Industria.
¿La CGT que nacerá hoy en el congreso que comenzará a las 8 en Parque Norte será distinta o similar a la que finaliza? En principio, la primera diferencia es que representará el regreso con gloria del moyanismo: Además del hijo de Hugo Moyano, en la estratégica Secretaría Gremial sería designado un aliado del Sindicato de Camioneros como Mario Manrique, secretario adjunto del SMATA. La segunda diferencia es que, por lo menos hasta anoche y pese a la unidad buscada como eje de la recomposición cegetista, no habrá ningún representante del gremialismo K en los principales puestos del Consejo Directivo.
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Es cierto que la central obrera modelo 2021 será más fuerte: contempla el retorno de sindicatos clave y un acento puesto en la unidad interna que le dará más representatividad. Y se perfila como una CGT que, con ese componente decisivo, buscará recuperar el poder perdido. Sin cargos en el Gobierno, sin incidencia en las medidas oficiales y casi sin lugares en las listas de candidatos, el sindicalismo admite que, como sector, perdió influencia política. La fuerza que adquirirá hoy le servirá para algo más: tras las elecciones legislativas, si se repite la derrota del Frente de Todos, se profundizaría la pelea en la coalición de gobierno y, antes de asumir, la mayor parte de la nueva cúpula cegetista ya definió por quién tomará partido: Alberto Fernández.
Por eso algunos creen que no es casual que Caló, híperoficialista de lazos más firmes con Cristina Kirchner y Axel Kicillof, haya quedado afuera de un eventual cuarteto de conducción de la CGT. Los tres líderes que consagrará hoy el congreso cegetista son más cercanos al Presidente que a la Vicepresidenta. Es más, integran los sectores que miran con preocupación el día después de las elecciones: temen que Cristina Kirchner avance aún más sobre el gabinete nacional y reemplace a Claudio Moroni por el abogado Héctor Recalde o la diputada camporista Vanesa Siley en el Ministerio de Trabajo y designe a alguien de confianza de los K en la Superintendencia de Servicios de Salud, que administra los fondos de las obras sociales.
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Esas designaciones serán leídas por los gremialistas como una declaración de guerra. Lo creen posible en el contexto de la disputa entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y se preparan para resistir una ofensiva kirchnerista. Por algo dirigentes de la CGT y de los movimientos sociales se reunieron el martes pasado con el Presidente para anunciarle que harán una movilización el miércoles 17 de noviembre para celebrar el Día de la Militancia. Lo imaginan como una escenificación del Día de la Independencia del primer mandatario respecto de su jefa política: marcharán hacia la Plaza de Mayo y se prevé que hablará Alberto Fernández.
En la fantasía de un sector de la dirigencia gremial, el Gobierno se recompondrá desde la semana próxima sin la Vicepresidenta ni La Cámpora y la CGT, aliada a los gobernadores del PJ, los intendentes y movimientos sociales como el Evita, tendrá espacio en un nuevo gabinete para garantizar la gobernabilidad hasta 2023.
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En este clima denso del Frente de Todos se renovarán las autoridades cegetistas. Por algo los gremialistas quisieron realizar el congreso de la CGT antes de las elecciones: para despegarse de los efectos de las urnas. Algunos temían que, en un escenario triunfal, Cristina Kirchner quisiera copar lugares en la estructura cegetista, sobre todo luego del intento frustrado del sindicalismo K de encumbrar en la conducción de la central obrera a Siley, la diputada cercana a Máximo Kirchner y dirigente de un gremio judicial paralelo.
Desde hoy, conducirían la nueva CGT tres dirigentes que miran con recelo al kirchnerismo. Daer, del sector de “los Gordos”, uno de los dirigentes más cercanos a Alberto Fernández; Pablo Moyano, quien entró en crisis con el Frente de Todos, al igual que su papá, luego de que Cristina Kirchner marginó al moyanismo de las listas de candidatos, y Carlos Acuña, un barrionuevista enrolado en el peronismo antikirchnerista.
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El sindicalismo kirchnerista, agrupado en la Corriente Federal de Trabajadores, les hizo un planteo el martes pasado a Daer y Andrés Rodríguez (UPCN): que los sindicatos industriales estén presentes en el triunvirato o en el cuarteto que liderará la CGT a través de algún dirigente que designen (no mencionaron a Caló, pero pensaban en él). Creen que en la nueva estructura estarán representados el sector de servicios (Sanidad y estaciones de servicio) y del transporte (Camioneros), pero que falta alguien de la industria.
La alianza de “Gordos” (Daer y Armando Cavalieri), “independientes” (Rodríguez, Gerardo Martínez y José Luis Lingeri) y barrionuevistas se resiste. Aclaran que el jefe de la UOM se autopostuló para el cargo y que no hace falta que la industria tenga un delegado propio en la cúpula cegetista: “Después de todo, ¿quién lo apoya a Caló? Ningún dirigente lo propuso para el triunvirato”, advierten en la coalición que manejará la CGT.
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Los dirigentes que forman parte de la Confederación de Sindicatos Industriales de la Argentina (CSIRA) deliberaron el lunes pasado en la sede del SMATA para debatir la renovación cegetista, pero no difundieron ningún respaldo explícito a Caló. Sólo lo hizo de manera general la Corriente Federal de Trabajadores, que integran Sergio Palazzo (bancarios), Vanesa Siley (judiciales), Pablo Biró (pilotos) y Walter Correa (curtidores), pero intuye que ese pedido no prosperará. ¿Se negarán a formar parte de la nueva central obrera por ese motivo? “No hay chance de que nadie se vaya de la CGT”, anticipan en esa fracción sindical.
Esta mañana, a las 7.30, antes de que comience el congreso, los principales dirigentes gremiales se reunirán en Parque Norte para las últimas negociaciones. Hasta anoche, además del triunvirato y de la Secretaría de Industria para Caló, se avanzó en el siguiente reparto de poder para los cargos más importantes: Secretaría Adjunta, Andrés Rodríguez (UPCN); Gremial, Mario Manrique (SMATA); Relaciones Internacionales, Gerardo Martínez (UOCRA); Acción Social, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias); Interior, Rodolfo Daer (Alimentación); Prensa, Jorge Sola (Seguro); Actas, Carlos Frigerio (Cerveceros); Empleo, Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento); Educación, Sergio Romero (UDA); Vivienda, Sergio Sasia (Unión Ferroviaria); Energía, Guillermo Moser (Luz y Fuerza); Capacitación, Argentino Geneiro (gastronómicos); Medio Ambiente, Roberto Fernández (UTA), y Cultura, Víctor Santa María (encargados de edificios).
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¿Y dónde estarán las mujeres en la CGT que se elegirá hoy? Antes del congreso ordinario para elegir las nuevas autoridades, la central obrera realizará un congreso extraordinario para debatir la aprobación de una reforma estatutaria que aumentará de 25 a 43 los cargos del Consejo Directivo y aprobará la aplicación de la Ley de Cupo Femenino para que un 30% de los cargos de la estructura quede en manos de las mujeres.
Más allá de que el congreso que tratará el avance de las mujeres en la CGT tendrá una contundente mayoría masculina (417 congresales mujeres y 1524 hombres), la mayor participación femenina se aplicará mediante un sistema enmarañado: en las 43 secretarías (con excepción de la Secretaría General, la Adjunta y la de Finanzas), cada sindicato elegirá un hombre y una mujer que se alternarán en el cargo y posibilitarán que, en total, haya un 30% de participación de mujeres en la central obrera.
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El dilema de la CGT no es menor. Cambiará algunos nombres e incorporará sindicatos sin haber discutido para qué se unen y cuál es el proyecto que los agrupará. Aunque apoye mayoritariamente a Alberto Fernández, ¿tendrá un sesgo oficialista? ¿Crítico? ¿Autónomo? ¿Todo al mismo tiempo? Sí se puede prever que su composición será altamente inflamable: juntar a dos archienemigos como Héctor Daer y Pablo Moyano puede derivar en una explosión. Tienen estilos distintos, hasta hace poco se cruzaron las peores acusaciones y cada uno representa lo que el otro detesta. Es difícil pensar en una convivencia pacífica, por ejemplo, cuando Camioneros sigue robándole afiliados a otras organizaciones por las disputas de encuadramiento.
La central obrera que viene también afrontará el desafío de funcionar con un Consejo Directivo que duplicará los cargos. Si la CGT actual era manejada por una mesa chica de seis o siete dirigentes y casi nunca reunía a una conducción de 25 integrantes, cuesta imaginar qué sucederá con una estructura elefantiásica.
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Aun así, la postal del congreso cegetista en Parque Norte mostrará la unidad, ese objetivo declamado pero nunca cumplido por un sindicalismo signado por las divisiones desde hace muchísimas décadas. La existencia de duros y dialoguistas proviene de la prehistoria gremial y puede hacer peligrar esta experiencia unificadora ante una situación política, económica y social que se agravaría luego de las elecciones.
Hoy, la dirigencia cegetista sólo piensa en darle un mensaje al poder político: la defensa del modelo sindical y del sistema de obras sociales está por encima de todo. En ese sentido, la CGT que viene quiere advertir a Cristina Kirchner que no toque a las obras sociales, pero también a Horacio Rodríguez Larreta o al opositor que pueda gobernar desde 2023 que no se le ocurra modificar las indemnizaciones por despido.
No está claro el proyecto que sustentará esta nueva CGT, más allá de unir fuerzas para recuperar poder. Nada nuevo en un momento del país que está urgido de novedades que puedan aportar soluciones. Los sindicalistas se preparan una vez más para reinventarse. ¿Cambiarán para que nada cambie? La moneda está en el aire.
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