
Después de perder las PASO, Alberto Fernández tomó dos decisiones. Mantener el mismo gabinete que tenía hasta ese domingo y cambiar la estrategia electoral para dejar de hablarle a la política y empatizar más con el ciudadano común. Tenía en claro, en los días previos a la explosión de la crisis del Gobierno, que la modalidad de campaña había quedado obsoleta después de la derrota.
La primera decisión fue quebrada por Cristina Kirchner. La Vicepresidenta ejerció su poder de fuego y presionó a Fernández para renovar el Gabinete. Lo que sucedió ya es conocido: las renuncias masivas, la carta destructiva de la ex Jefa de Estado, el respaldo del peronismo ortodoxo a la figura presidencial y la fractura interna de la coalición. En el Frente de Todos dicen no saber con exactitud las consecuencias reales de esa guerra interna.
La segunda decisión se puso en marcha en la última semana con una serie de micro actividades con las que el Presidente busca estar más cerca de la gente, correrse del discurso político tradicional arriba del escenario y sentarse, cara a cara, frente a los verdaderos problemas de la sociedad. Los que el peronismo no pudo percibir con la delicadeza necesaria para entender el rumbo de la campaña previo a las PASO.

“Alberto tomó la decisión de parar y escuchar para entender lo que pasó. Nadie en el Frente de Todos predijo esta derrota”, aseguró a Infobae un funcionario con acceso al despacho presidencial. La afirmación tiene una crítica encubierta al kirchnerismo, donde algunos dirigentes, con Cristina Kirchner a la cabeza, dejaron saber que le habían anticipado a la Casa Rosada la derrota del 12 de septiembre.
El nuevo formato de campaña unipersonal consiste en acudir a clubes de barrios, centros de jubilados, comedores y casas de vecinos sin una comitiva de funcionarios y ministros. Hacerlo en forma imprevista, sin cobertura de medios y sin comunicación oficial. Ni antes ni después.
¿El motivo? Pretenden que sea la propia gente que participa del encuentro la que comunique en sus redes sociales lo que quieran sobre la visita del Presidente. Buscan generar un clima de intimidad en el que Fernández logre empatizar con la ciudadano común, que tiene problemas comunes y que está lejos de los discursos políticos cargados de chicanas para la oposición y los medios de comunicación.
El Jefe de Estado está convencido que se terminó el tiempo de los actos masivos con el formato tradicional. Quiere dejar atrás los escenarios, los cuatro, cinco o seis oradores por evento, y la construcción de un microclima de la propia política que, lejos de servir para juntar votos, se convierte en una atmósfera impenetrable donde quedan encapsulados los discursos oficialistas para los propios.
En esta modalidad no hay una agenda con un día definido para acudir al lugar elegido. Tampoco un horario. Se define pocas horas antes de que se efectúe la visita. Fernández acude al lugar con camarógrafo y con uno de los funcionarios que maneja la comunicación gubernamental.
Este nuevo formato será entrelazado con actividades de gestión más tradicionales, recorridas y anuncios. El Presidente está corrido del centro de la campaña y el lugar de mayor protagonismo lo ocupan sus ministros, con el nuevo Jefe de Gabinete, Juan Manzur, en primera fila.
Desde el entorno presidencial aseguran que la decisión de cambiar la estrategia fue tomada por Fernández y que no estar en el centro de la escena pública tiene un sentido. “Alberto encabezó todos los actos en la campaña antes de las PASO y los resultados no fueron buenos. ¿Si hacemos lo mismo, por qué vamos a cambiar el resultado?”, se preguntó uno de sus hombres de confianza.
Escuchar es la primera acción para intentar recuperar el contacto con los electores. Así lo creen puertas adentro de la Casa Rosada. Es también una clara señal del comienzo de la pospandemia. El cara a cara expone la caída de una barrera de limitaciones impuestas por el propio Gobierno para combatir el Covid-19. “Hay que volver a estar con la gente”, sostienen.

La campaña actual que decidió encabezar Fernández está concentrada en el conurbano bonaerense, donde el Gobierno apuesta a recuperar votos y tratar de dar vuelta la elección o, de mínima, achicar la distancia que los separa de Juntos por el Cambio y que la derrota sea digna. En el Frente de Todos hay un convencimiento generalizado de que será muy difícil dar vuelta la elección de noviembre.
Con el nuevo formato visitó tres municipios. En Merlo estuvo en el patio de una casa, en Lanús en una cooperativa de trabajo y en Ituzaingó en la casa de un vecino. A todos lados llevó una libreta y una lapicera para tomar nota de los reclamos. También llegó sin avisar al comedor de los empleados del Aeroparque.
Proximidad, agenda de los temas centrales que preocupan a los vecinos y escucha activa. De eso se trata el esquema de campaña que protagoniza Fernández en soledad. La pata de la gestión está en manos de Manzur, que intenta mostrar, hacia adentro y hacia fuera de la política, que está en marcha una nueva etapa del Gobierno. Con más dinamismo, resolución e hiperactividad.
En Balcarce 50 advierten que para el Presidente esta campaña tiene dos pilares: escuchar y gestionar. No hay que desenfocarse de ese camino. Lo hará alternando los perfiles. Menor exposición en las micro actividades y la luz en la cara en los anuncios más importantes de aquí hasta el día de la elección.
“Es una estrategia para volver a sintonizar con el electorado y con el contrato electoral que firmamos en el 2019. Aquello que veníamos a hacer y que prometimos en campaña. Existe esa necesidad. Hay que entender lo que le pasa a la gente y corregir lo que haya que corregir”, advirtió una voz oficial de peso dentro del armado de la campaña.
En el círculo chico que aún rodea a Alberto Fernández recuerdan una frase del ex presidente Néstor Kirchner para graficar este nuevo tiempo de la campaña y el resultado que busca el Jefe de Estado con el cambio de rumbo en la estrategia electoral y de comunicación.
El ex presidente explicó más de una década atrás: “Dijimos que veníamos con los brazos abiertos a no hacer ningún tipo de diferenciación partidaria porque estábamos cansados de ver a esta Argentina partida por las cúpulas políticas, que no entendían lo que estaba pasando en el subsuelo de la patria, y les puedo asegurar que estamos haciendo todos los esfuerzos para que así sea, absolutamente abiertos, dispuestos a escuchar, dispuestos a corregir, dispuestos a poner todo nuestro esfuerzo para que los argentinos podamos converger en un proyecto común”.
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