Menem por Menem: Zulema, la cárcel, sus hijos, Bush, Fidel Castro y la ambición de Duhalde

Un recorrido por las anécdotas, intimidades, encuentros políticos y memorias que el dirigente peronista reveló en su autobiografía

El 8 de julio de 1989 Carlos Menem asumió la presidencia, en forma anticipada, de manos de Raúl Alfonsín (Foto: NA)
El 8 de julio de 1989 Carlos Menem asumió la presidencia, en forma anticipada, de manos de Raúl Alfonsín (Foto: NA)

En 2017, a los 87 años, el ex presidente Carlos Menem terminó de escribir su autobiografía. El libro “Mi vida y mi historia política” fue presentado en el Senado de la Nación junto al entonces senador Miguel Angel Pichetto. Lo acompañó su siempre inseparable hermano, el ex senador Eduardo Menem, su hija, sobrinos, y nietos. Menem dedicó las 142 páginas del libro a Zulemita; a sus hijos, “especialmente a Carlitos”; a sus nietos; “al pueblo argentino” y a Zulema, su ex esposa a quien definió como “sostén de nuestra familia”.

Su nacimiento

Saúl había llegado a la Argentina con una durísima vida a cuestas. (...) En cuanto pudo mi padre volvió a Siria para visitar a su familia. En esa ocasión, en Yabrud, su pueblo natal, conoció a Mohibe. Se casaron y emprendieron camino a la Argentina. En la larga travesía marítima fui concebido, por eso cuando nací, el 2 de julio de 1930, habían transcurrido pocos meses desde la llegada de mis padres a la ciudad de La Rioja. Fui el primero de mis hermanos en nacer en territorio argentino”.

“Mis padres eran de religión musulmana, aunque no demasiado estrictos en la práctica de su fe. Al mismo tiempo, mi madre tenía una gran devoción por María, que se acrecentó después de mi nacimiento. Si bien los musulmanes respetan a la Virgen como madre de Jesús, fue un hecho concreto y especial el que aumentó su devoción por Ella. Ese sentimiento resultó de las consecuencias que le acarreó su primer parto, por el que estuvo en una situación de gravedad llegando a perder el estado de conciencia; fue entonces que tuvo una visión mariana, en la que la Virgen le habló de mi bienestar y de la recuperación de su salud. No sorprende comprender cuán conmovidos resultaron con este sueño/visión; con un niño recién nacido y una joven madre al borde de la muerte. Por entonces mi padre lo conversó con un sacerdote amigo, quien lo tranquilizó. El cura le dijo que el hecho no sólo no era extraño, sino que era posible. Desde entonces, cada 8 de diciembre visitábamos a Nuestra Señora del Valle en Catamarca, adonde se trasladaba toda la familia para honrarla”.

Carlos Menem y su hija Zulemita
Carlos Menem y su hija Zulemita

Un bautismo a escondidas y dos madres de leche

“Como ya dije, nací en el seno de una familia musulmana, aunque por la debilidad de mi madre durante los primeros días de vida fui amamantado por dos amas de leche judías que vivían en la ciudad, algo que siempre he contado y agradecido, tanto por la nobleza del acto, como por la enseñanza que transmite con respecto a las personas de buenas intenciones, que son capaces de hermanarse más allá de la fe que profesen. (...) Siempre me sentí atraído por la fe católica. La vida en comunidad con los vecinos hizo que una mujer que vivía frente a mi casa se diera cuenta de ese deseo. Fue así que la señora Pelliza me hizo bautizar a escondidas de mis padres. La grandeza y la bondad de mi madre, que apreciaba mucho a esa señora, hizo que no se enojara por ese avance inconsulto y no lo tomara a mal. Esto viene a cuento de lo que muchas veces me cuestionaron o dijeron, sin conocer, que mi condición de católico era mentirosa y que me decía católico sólo porque respondía al interés de cumplir los requisitos de la Constitución de 1853, para ocupar la presidencia de la Nación”.

“En el fortuito cambiar de los tiempos, hubo un momento en el que la economía familiar se derrumbó, los negocios de mi padre dejaron de ser redituables y él debió empezar de nuevo, desde cero. (...) Los hijos estábamos con él, ayudando y cumpliendo sus órdenes, sea cargando camiones que transportaban uvas, o cumpliendo las tareas que él nos encomendaba. Si bien éramos apenas unos niños, trabajábamos duro acompañando a papá para rehacer lo perdido. Mientras tanto, mamá siempre estaba atenta para darnos todos los cuidados necesarios y a que nos alimentáramos bien. Recuerdo que ella llegaba hasta donde estábamos para darnos, envueltos en una servilleta, sándwiches de picadillo con tomate, que gozábamos como si fueran manjares.”

Perón y Zulema

Carlos Menem viajó a Madrid a ver a Juan Domingo Perón
Carlos Menem viajó a Madrid a ver a Juan Domingo Perón

En el año 1964 Menem viajó a Siria con sus padres. Desde allí viajó a Madrid a entrevistarse con el General Juan Domingo Perón. “Ya he expresado y reiterado por cientos de veces con orgullo a lo largo de mi vida: soy PE-RO-NIS-TA, y peronista de PERÓN. Digo que la razón es por Perón; por sus claras ideas y sostenidas acciones para transformar a la Argentina y a buena parte del continente”.

“Ingresé a la residencia acompañado por Jorge Antonio, a quien Perón apreciaba y valoraba por su generosidad y su hombría de bien. El encuentro fue una maravillosa experiencia personal y política. Nuestra conversación se extendió sin apuros y me permitió conocer a un hombre extraordinario y cordial, que conversaba animadamente aportando conceptos con claridad y con un conocimiento acabado de la realidad internacional de la época. Era como estar frente a una enciclopedia que ilustrada sobre pensamiento clásico, política, filosofía, economía y de lo que uno quisiera proponerle. Estaba permanentemente con un cigarrillo en la mano”.

Carlos Menem y Zulema Yoma, la madre de sus hijos Carlitos y Zulemita
Carlos Menem y Zulema Yoma, la madre de sus hijos Carlitos y Zulemita

“Fue enorme mi sorpresa y tuve gran alegría cuando el General me pidió que me quedara en Madrid y volviera con él a Buenos Aires. Estaba organizando nada menos que lo que se conoció con el nombre de Operativo Retorno, un intento de regreso a la Argentina, que finalmente se abortó obligando a Perón a descender en Río de Janeiro, por un supuesto pedido del gobierno argentino que nunca lo reconoció. Mi obligación de regresar a Damasco me impidió aceptar esa invitación tan claramente tentadora”.

“Al momento de la despedida sucedió una de las anécdotas de mi vida política que recuerdo con más cariño. Ya bajábamos las escalinatas cuando el General dijo: Jorge, póngale una ficha a este muchacho”.

“Con esa alegría volví a Siria para reencontrarme con mis padres. En Damasco me esperaba la otra gran sorpresa que me deparó el año 1964. Estaba allí un paisano, conocido de mi padre, dedicado al negocio de los cueros, que también residía en la provincia de La Rioja, más precisamente en la zona de Chilecito. Ese nombre tenía una hija a la que también conocí en esa ocasión. Era una mujer hermosa, de rostro radiante y penetrante mirada árabe, su belleza me encandiló. De esa bella mujer me enamoré y comenzamos entonces un romance. Esa mujer es Zulema, tal como la gente la conoce. Se llama Zulema Fátima Yoma y con ella me casé en 1966, después de retornar al país”.

Golpe de Estado y cinco años de prisión

Carlos Menem en Las Lomitas, provincia de Formosa
Carlos Menem en Las Lomitas, provincia de Formosa

El 24 de marzo de 1976 Menem fue destituído como gobernador de La Rioja y encarcelado como preso político. Primero estuvo en el Regimiento de Infantería 15 de su provincia, después fue trasladado al penal militar Magdalena, luego a Mar del Plata, Tandil y Las Lomitas en Formosa, donde nació el tercero de sus cuatro hijos, Carlos Nair.

“Debo reconocer que son dos las situaciones que, en ese entonces, me generaron un dolor profundo: una, cuando se nos permitió que recibiésemos visitas, y en tales ocasiones, los guardias palpaban grotesca y groseramente de armas a niños y mujeres. Zulema llevaba a mis hijos, Carlitos y Zulemita, que eran dos niños por entonces. Simplemente le dije a su madre que no los llevara, porque, como padre, no podía permitir que pasaran por tan descabellada y ultrajante situación en manos de esos brutos”.

“La otra, es que no se me permitiera dar el último adiós y enterrar a mi madre; cuando supe de su fallecimiento supliqué que me dejaran ir a despedirla y no lo conseguí. Después llegué a enterarme que quien estaba a cargo de la gobernación de La Rioja ofreció un avión para trasladarme porque sabían del amor que tengo por mi madre y que, además, me apoyaba mi pueblo, como lo ha hecho en todo momento, pero cuando fue consultado Videla, no concedió el permiso. Entonces, sólo me quedó rezar y llorar en la soledad de mi celda”.

Malvinas, la Guerra del Golfo, Bush y Fidel

Carlos Menem junto a George Bush (1989)
Carlos Menem junto a George Bush (1989)

“Durante mis dos presidencias, la posición al respecto fue ganar confianza en el núcleo duro del gobierno británico y de los isleños; aunque me duele decirlo, los británicos no se ablandaron lo suficiente como para sentarse a la mesa de negociación a tratar el tema de la soberanía, nuestro máximo interés. No dudo en afirmar sin el más mínimo temor a errar que, hasta estos días, esas acciones representan grandes e importantes avances en las negociaciones con el Reino Unido desde la finalización del conflicto de 1982, para que las Malvinas vuelvan a ser parte de un territorio del que nunca debieron estar apartadas. Por otra parte, el hecho de haber normalizado las relaciones con Gran Bretaña y recuperado el diálogo, resultó un gran paso para mejorar los vínculos con Europa y para consolidar relaciones con los Estados Unidos”.

Traíamos demasiado lastre en las relaciones con Estados Unidos, sin un sistema efectivo de comunicación. Para poner fin a dubitativas e infructuosas relaciones, me propuse alcanzar confianza con su presidente, por entonces George Bush (padre), y seguir madurando el acercamiento después de la asunción del nuevo presidente, el demócrata Bill Clinton. Fui el primer presidente latinoamericano en ser recibido por ese mandatario, quien, a su vez, nos visitó en 1997. Por otra parte, en oportunidad de mi visita a Washington, en enero de 1999, Clinton habló de la importancia de mantener ‘una alianza de valores con la Argentina’, la relevante significación de que el país fuese aliado extra-OTAN, a la vez que agradeció los esfuerzos realizados por mi gobierno en el intento de ‘democratizar’ a Cuba. Como dato anecdótico de esa visita, recuerdo que bailé un tango con su esposa Hillary, una política de raza que me impactó por su gran personalidad y que también se propuso alcanzar la presidencia de los Estados Unidos en las elecciones del 2016″.

“En septiembre de 1990 tomé la decisión de enviar una fuerza naval y tropas al Golfo Pérsico con el objeto de participar en el bloqueo a Irak. La evaluación que hoy hago de esa decisión es que fue muy buena, porque contribuyó a incrementar el prestigio del país entre las naciones desarrolladas”.

“No puedo prescindir del recuerdo de mi relación con Fidel Castro. No es necesario que ponga aquí que se trataba de un hombre de fuerte carácter y enorme disciplina; y que teníamos miradas enfrentadas en algunos temas relacionados con el ejercicio de las libertades individuales, entre otras cuestiones. Ya en la década de 1990, le pedíamos a Cuba por los presos políticos en su país, siendo que ellos sólo contaban con el apoyo que podíamos darles desde el exterior, muy especialmente desde nuestro continente. (...) Pero una cosa diferente fue nuestra relación personal; Fidel era un hombre harto interesante, inteligente, con gran conocimiento de la historia universal y muy amable en su trato. Disfrutamos largas conversaciones que incluían las dificultades de Cuba y las posibilidades de abrir puertas para terminar con el bloqueo que afectaba seriamente a su economía”.

La muerte de Carlitos

Carlitos Menem
Carlitos Menem

“No logro un modo adecuado para transmitir mi sentimiento. Me refiero al día 15 de marzo de 1995, cuando recibí la peor noticia de mi vida: el helicóptero que piloteaba mi amado hijo mayor, Carlitos, había caído en las cercanías de Ramallo, a un costado de la autopista hacia Rosario, ciudad a la que se dirigía, acompañado por su colega Silvio Otra, para competir en una carrera automovilística. Se me informó que se encontraba en estado muy delicado en el hospital de San Nicolás de los Arroyos, y allí concurrí de modo inmediato. Pude verlo y acariciarlo en sus últimos momentos, pues fatalmente su vida se segó pocos minutos después. Cuando Zulema, su madre, y Zulemita, su hermana, llegaron al lugar, ya había sucedido el peor de los desenlaces. No descubro cómo describir mi sentimiento de entonces, no he sentido nunca mayor dolor y desasosiego”.

Duhalde

Carlos Menem y Eduardo Duhalde en la provincia de La Rioja
Carlos Menem y Eduardo Duhalde en la provincia de La Rioja

“A partir de 1995 Eduardo Duhalde comenzó a alejarse y a poner palos en la rueda a las reformas que se llevaban adelante desde mi gobierno. (...) Para 1997, hoy no recuerdo en qué mes de ese año, Duhalde y algunos de sus seguidores comenzaron a presionar al gobierno y a buscar desacreditar la tarea realizada, mostrando una ambición de poder desmesurada, e intentando que mi gobierno actuase de la manera que ellos proponían y tomase el rumbo de su antojo. (...) En esos días me preguntaba a mí mismo: ¿Es que este hombre, Duhalde, quiere reeditar lo ocurrido en el país en 1880, durante el conflicto por la federalización de Buenos Aires, entre el gobernador de Buenos Aires y el gobierno nacional, y no se ha dado cuenta que estamos a fines del siglo XX? El gobernador andaba por las provincias tejiendo alianzas con otros gobernadores, especialmente con los no justicialistas (...) De este modo le fue abriendo y allanando el camino a Néstor Kirchner y a su esposa”.

La Corte

El ex presidente Carlos Menem con su hermano Eduardo Menem (Foto: NA)
El ex presidente Carlos Menem con su hermano Eduardo Menem (Foto: NA)

No tuve miedo ni me tembló la mano para tomar decisiones. El ejercicio del gobierno en la función ejecutiva exige vivir en un estado de relación constante con las decisiones”.

“No puedo dejar de lado la referencia a los asuntos relacionados con el Poder Judicial, y especialmente con el máximo tribunal de la Nación. Una transformación profunda como la que realicé no se puede llevar adelante con una Justicia ideologizada. Aquella Corte Suprema, de la que en años posteriores a mis mandatos tantas cosas se han dicho y, por cierto, no en su favor, comprendió de manera acabada la esencia del proceso que mi gobierno había puesto en marcha”.

“¿Qué hizo la Corte Suprema de Justicia de la Nación durante mis dos presidencias? Apoyar un programa de privatizaciones votado por el Congreso de la Nación. Tanto el Congreso como la Corte entendieron que el presidente de la Nación estaba dispuesto a actuar rápidamente sobre dos cuestiones. Una macroeconómica: la profunda y angustiante crisis fiscal; y la otra, política: devolver la credibilidad a la vida institucional que se encontraba en un altísimo nivel de inestabilidad desde que el gobierno que me precedió, hundido sin capacidad de dar respuestas a las demandas que exigía una inmensa mayoría del pueblo argentino, en momentos de gran expectativa democrática”.

“He escuchado, una y otra vez, con argumentos de distinto calibre, hablar sobre una Corte adicta o de mayoría automática. Pamplinas, cosas fútiles”.

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