
Alberto Fernández recibió esta mañana a seis dirigentes de la CGT en la Quinta de Olivos. Entre los temas sobre los que hablaron durante tres horas y media estuvo el aumento del aporte del trabajador a las obras sociales (que subiría un punto, del 3% al 4% del salario), una propuesta que la central obrera está discutiendo con el Ministerio de Salud para compensar la desfinanciación del sistema sindical de salud, agravada como producto de la crisis económica por la cuarentena.
Sobre este tema, que el Presidente escuchó en silencio mientras los sindicalistas explicaron por qué lo están impulsando, sí hubo una definición importante que tranquilizó a la delegación cegetista: “Es necesario reformular todo el sistema de obras sociales”, aseguró Alberto Fernández, en sintonía con las negociaciones que mantiene la central obrera con el ministro Ginés González García.
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Este martes, en la misma charla virtual en la que el ministro de Salud reveló que negociaba con la CGT el aumento del aporte de los trabajadores, también afirmó que el Gobierno “está pensando en cambios estructurales” en el “corto plazo”: dijo, por ejemplo, que “hay muchas obras sociales que no deben existir porque le agregan costos de transacción y conductas antisolidarias al sistema”.
Entre los puntos que podría incluir esta reforma, que sus impulsores quieren que se instrumente antes de fin de año, figuran algunos viejos reclamos sindicales como el aumento de la cápita del monotributo social, la creación de una Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, la instauración de una canasta de prestaciones acorde con los ingresos y una limitación a las obras sociales que funcionan para triangular aportes que son derivados a las empresas prepagas.
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No hay acuerdo en otro aspecto que pide la CGT: que el Estado se haga cargo de pagar los medicamentos de alto costo, que hoy corre por cuenta de las obras sociales y que muchas veces deben hacerlo como consecuencia de fallos judiciales que van desfinanciando a estas entidades, según se quejan los sindicalistas. Uno de los ejemplos es el medicamento que se utiliza para tratar la atrofia muscular espinal: cada ampolla cuesta 60.000 dólares y se necesitan 4 o 5 ampollas por año.
Del encuentro en Olivos, que se produjo 18 días después de la reunión de seis horas que Hugo Moyano mantuvo con el Presidente, participaron los cotitulares de la CGT, Héctor Daer y Carlos Acuña, y los dirigentes Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri y Antonio Caló. También estuvieron, del lado del Gobierno, el ministro de Trabajo, Claudio Moroni; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, y el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello.
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En un clima distendido, los sindicalistas insistieron una vez más en la necesidad de que el Gobierno establezca alguna instancia “permanente” de diálogo tripartito junto con los empresarios para analizar medidas dirigidas a reactivar la economía en la postpandemia.
El Presidente se mostró de acuerdo y dio instrucciones a sus funcionarios para que, en principio, la CGT sea invitada a una reunión del gabinete socioeconómico, que delibera todos los miércoles, con el fin de instrumentar allí el mecanismo de diálogo que pretenden los dirigentes gremiales.
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Fernández insistió en que quiere crear el Consejo Económico y Social para discutir en forma tripartita el trazado económico, aunque los gremialistas opinaron que ese mecanismo podría ser más útil “cuando haya un despegue económico y no ahora”. “Puede ser que tengan razón”, dijo el primer mandatario.
En la reunión se habló del tema de la semana, la protesta de la Policía Bonaerense, y hubo espacio también para conversar sobre política: fue cuando los dirigentes de la CGT le pidieron que “el peronismo tuviera más espacio en el Gobierno”, en referencia a los gobernadores, los intendentes y los propios sindicalistas. Alberto Fernández estuvo de acuerdo. Nadie habló de Cristina Kirchner.
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Los dirigentes se sintieron aliviados cuando el jefe del Estado reconoció que, más allá de sus reiteradas apelaciones a la unidad sindical, “la institución más sólida en el gremialismo es la CGT”. A la delegación cegetista le sonó a música celestial ante el predicamento de la CTA de los Trabajadores en algunos sectores del oficialismo y los mismos contactos presidenciales con Moyano, un rival de quienes conducen hoy la central obrera.
Esta vez, a diferencia del contacto con Moyano, no hubo foto de la CGT con Alberto Fernández, pero sí los dirigentes aprovecharon para una selfie con fondo de la Quinta de Olivos. Todos con barbijo.
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