La relación entre Axel Kicillof y los intendentes de la oposición volvió a tensarse: críticas, temores y pedidos de autonomía

El gobernador bonaerense adelantó que aplicará dos criterios diferentes para aplicar la flexibilización de la cuarentena en la provincia. La última semana los jefes comunales de Juntos por el Cambio apuntaron contra el Gobierno y exigieron mayor apertura de actividades

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Axel Kicillof durante una de las últimas reuniones con los intendentes de Juntos por el Cambio (Gobernación)
Axel Kicillof durante una de las últimas reuniones con los intendentes de Juntos por el Cambio (Gobernación)

La cuerda invisible que une el vínculo político entre Axel Kicillof y los intendentes de Juntos por el Cambio volvió a tensarse al borde de los 80 días de cuarentena. Una vez más. Como ya había ocurrido en el comienzo del año con el debate por la ley impositiva, como sucedió hace poco más de un mes con la discusión sobre las prisiones domiciliarias, y como pasó hace unos pocos días cuando el Gobernador volvió a cuestionar a María Eugenia Vidal por su gestión sanitaria en la provincia de Buenos Aires, lo que originó una ola de cuestionamientos por parte de la oposición.

Una y otra vez las tensiones entre oficialismo y oposición afloraron desde que comenzó el nuevo gobierno. Es decir, desde hace solo seis meses. En esta última oportunidad el punto de conflicto fue la flexibilización de la cuarentena, especialmente en el interior bonaerense, donde el coronavirus no impactó tan fuerte como en el conurbano y los intendentes buscan avanzar con la apertura de actividades a una velocidad que el gobierno de Kicillof no está dispuesto a hacerlo.

En esta etapa de pandemia, los intendentes bonaerenses han protagonizado dos contrapuntos altisonantes. El primero tuvo como protagonistas a los del Frente de Todos que gobiernan en las localidades más pobladas del sur del conurbano. Se lanzaron a los medios de comunicación y las redes sociales para acusar al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, de irresponsable.

Alberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta durante la conferencia del jueves
Alberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta durante la conferencia del jueves

¿El motivo de aquella acusación? La apertura de comercios, en forma escalonada, en la Ciudad de Buenos Aires. Locales donde irían a trabajar muchos de los habitantes que viven en los municipios, lo que implicaba un aumento en la circulación del AMBA y, a priori, un escalada en los contagios. El crecimiento de los contagios en pocos días terminó por darle la razón a los jefes comunales. Al menos, en parte. La discusión se diluyó en unos días y la relación, como la cuarentena, volvió a flexibilizarse.

En esta oportunidad, el foco de tensión lo generaron los intendentes del interior que son de Juntos por el Cambio. Ocho días atrás iniciaron una serie de cuestionamientos contra Kicillof por la demora en la aprobación de los protocolos, el impedimento de abrir actividades recreativas, deportivas y gastronómicas, y la limitación de los municipios para tomar decisiones autónomas sobre las ciudades que gobiernan.

A ese reclamo se subió rápidamente el intendente de Vicente López, Jorge Macri, que puso el grito en el cielo porque el Gobierno llevaba tres semanas sin habilitarle los comercios barriales. La situación en el conurbano es diferente. Los intendentes opositores responden a otro plan de acción y se muestran más cerca de acatar cada resolución que haya entre Kicillof y Larreta con respecto al AMBA. Macri fue uno de los primeros en romper la tregua política.

El disparador del conflicto con el interior fue una carta que enviaron a La Plata ocho intendentes para pedirle a Kicillof que profundice las diferencias entre las políticas sanitarias y de prevención adoptadas para el conurbano, donde está concentrado el foco de contagio, y el resto de las ciudades de la provincia.

Jorge Macri, Miguel Lunghi y Ezequiel Galli, tres de los intendentes de Juntos por el Cambio que se quejaron
Jorge Macri, Miguel Lunghi y Ezequiel Galli, tres de los intendentes de Juntos por el Cambio que se quejaron

No tenemos la misma realidad, ni los mismos casos, ni la misma cantidad de habitantes. Por eso debemos aplicar otras medidas. Ese fue el mensaje. Un concepto que tienen muy en claro en el Gobierno. Las diferencias son una obviedad, pero los intendentes las expusieron en el medio de la discusión porque creen que el gobernador no las contempla y, en cambio, está muy enfocado en lo que sucede en el AMBA.

“Consideramos que se podrían establecer estándares sanitarios regionales, con protocolos de prevención y seguridad únicos convalidados por los intendentes, autoridades sanitarias de cada comunidad y con la intervención del Ministerio de Salud de la Provincia, lo que permitiría avanzar hacia la “nueva normalidad””, fue el pedido que firmaron los intendentes de Ayacucho, Azul, Balcarce, Lobería, Olavarría, Rauch, San Cayetano y Tandil.

Lo que solicitaban era abrir gimnasios, restaurantes y bares, con sus respectivos protocolos; y habilitar actividades deportivas, visitas a los cementerios y templos religiosos, además de abrir el puñado de comercios y profesiones que aún no fueron autorizados. En definitiva, volver a la normalidad. Sea como sea esa normalidad. Volver a un ritmo más veloz debido a que a situación epidemiológica está controlada y el sistema sanitario en condiciones de tolerar un aumento repentino de casos. En la escala de habitantes que cada localidad tiene.

La respuesta del gobierno de la provincia fue taxativa. No. No hay margen para abrir eso. La encargada de recalcarlo fue la ministra de Gobierno, Teresa García, el puente principal que tienen con el Poder Ejecutivo y a quien valoran por el diálogo permanente. El mensaje que bajan desde el Poder Ejecutivo boanaerense es contundente. “El virus no desapareció. Que no tengan el virus, no implica que no tengan que ser ultra responsables”, les dijo García a los jefes comunales.

La ministra de Gobierno, Teresa García, es la encargada de contener el reclamo de todos los intendentes
La ministra de Gobierno, Teresa García, es la encargada de contener el reclamo de todos los intendentes

La mayoría de los intendentes del interior, incluso algunos peronistas, creen que el Gobernador teme que el aumento de casos en el conurbano pueda tener un correlato en otras localidades de Buenos Aires. Si eso pasara, el sistema de salud de la provincia podría ver superada su capacidad de atención. Además, entienden -pero al mismo tiempo cuestionan- la demora en los procesos de aprobación. Los protocolos recaen en la oficina de Carlos Bianco, jefe de Gabinete y encargado de concentrar todos los pedidos. Son 135 distritos. Todos piden. Todos quieren más. Y el embudo que se genera vuelve más lento el proceso.

El punto de inflexión en la discusión es la flexibilización de las actividades que aún quedan pendientes y la autonomía de los municipios para liberarlas. A eso se le suma una comparación que hacen los jefes comunales con lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires. “¿En Capital Federal van a dejar que hagan running y están en el foco del contagio, y yo que tengo muy pocos casos, la mayoría dados de alta, no puedo dejar que hagan deportes? No se entiende”, reflexionó un intendente opositor.

Lo que cuestionan es la falta de criterio en la aplicación de la flexibilización. Comprenden que el aislamiento sea muy estricto en el conurbano, pero no pueden entender por qué demoran tanto en la apertura de actividades en municipios donde hay menos de diez casos y no hay circulación viral.

En el gobierno bonaerense son muy precavidos en cada apertura. No cayó bien el reclamo público de los intendentes: sienten que se les ha habilitado la mayoría de las actividades. Además, no comprenden el planteo en el medio del pico de contagio.

“No entiendo a los intendentes. Se cuidaron desde el inicio. Hicieron barricadas, cerraron sus municipios, cumplieron la cuarentena cuando se estaba preparando el sistema sanitario y ahora, en el pico de la pandemia, quieren abrir todo. No tiene razón de ser”, consideró un ministro clave en el gabinete de Kicillof.

Axel Kicillof junto a Carlos Bianco, jefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires
Axel Kicillof junto a Carlos Bianco, jefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires

El planteo de los jefes comunales parece ser válido. Si tienen pocos casos, podrían avanzar en la apertura incluyendo algunas actividades recreativas. Si la circulación de más gente produce un aumento de contagios, entonces dan marcha atrás. Un ejercicio similar al que están llevando adelante los gobernadores en diferentes provincias del país.

“La única forma de volver atrás es avanzar”, sostuvo uno intendente de una ciudad grande del interior. Esa es la lógica de pensamiento que existe en la mayoría. Empujan los límites con pedidos y reclamos al Gobierno. A veces, los cruzan. Como en el caso del intendente de Tandil, Miguel Lunghi, que afirmó: “Vamos a tener que abrir actividades, aunque no nos autoricen”.

Alberto Fernández delegó en los gobernadores la mayor parte de la responsabilidad para controlar la cuarentena y decidir sobre la apertura de actividades. Gerardo Morales, en Jujuy, habilitó el turismo interno. Adolfo Suárez, en Mendoza, dio permiso para las reuniones familiares. Sergio Uñac, en San Juan, implementó un plan de acción para que las clases retornen después de las vacaciones de invierno. Así sucedió en cada una de las provincias. Se manejaron con autonomía.

Los intendentes bonaerenses esperan la misma libertad de acción. En el gobierno de Kicillof dicen que la tienen y que la única traba es la habilitación de la gastronomía y los deportes. Entre los intendentes insisten en que cada aprobación demora demasiado tiempo y los reclamos se multiplican cada día en su municipio. Y, además, en que no encuentran sentido en que no les dejen habilitar deportes individuales o salidas recreativas los fines de semana cuando tienen poca cantidad de casos.

Algunos de los intendentes de Juntos por el Cambio durante el encuentro que tuvieron con Kicillof cuando comenzó su gobierno (Santiago Salva)
Algunos de los intendentes de Juntos por el Cambio durante el encuentro que tuvieron con Kicillof cuando comenzó su gobierno (Santiago Salva)

Si había confusión entre los jefes comunales por la flexibilización de la cuarentena, esta creció después de la conferencia de prensa del último jueves, en la que Kicillof dijo que separaría la provincia en dos realidades, considerando así las diferencias con el interior, pero aclarando que la apertura sería por fases y que tendrían la mayor libertad posible aquellos municipios en donde no haya habido contagios durante 21 días. “Esos pasarán a la fase 5, donde estaría permitido casi todo”, resaltó el mandatario.

¿Cuál es la confusión? En algunas localidades del interior han sumado nuevos contagios por repatriación. Es decir, personas que llegaron de otro país, fueron testeadas, aisladas y confirmadas como positivo de Covid-19. Sin contar esos casos, algunos municipios llevaban más de tres semanas sin casos. ¿Tiene sentido no pasar de fase por esa situación?, se preguntan.

Hay otros ejemplos. Existen municipios que tienen menos de cinco casos activos. Uno de ellos es Mar del Plata. El promedio es de cuatro casos cada 100.000 habitantes. ¿Podrá alguna vez pasar a la última fase una ciudad que tiene 850.000 habitantes? Parece difícil que no tenga ningún contagio por tres semanas. No obstante, es muy bajo el nivel de casos confirmados que poseen. Tienen un tiempo de duplicación del contagio cada 54 días. Arriba de la media nacional. Entonces, vuelve a aparecer la confusión y las dudas. El gobernador bonaerense dijo que en la actualidad hay habilitados 61 municipios para ingresar a la fase 5. La mayoría de ellos nunca tuvieron el virus.

“Lo que no hay es una actitud resolutiva. Están muy aferrados a la cuarentena y no terminan de ver el daño económico”, disparó un jefe comunal del interior ante la consulta de Infobae. “Esto no tienen nada que ver con la política. Tiene que primar el sentido común y no es lo que está sucediendo. Nos tienen que dejar abrir más”, dijo otro. Un tercero, en la misma línea, especificó: “Se está fallando en la gestión de la administración de los protocolos”.

Las voces están hiladas. Más allá de algunas diferencias puntuales con respecto a los métodos que se usaron para los reclamos, los intendentes de Juntos por el Cambio levantan el tono con una misma idea. Y aseguran que sus pares peronistas no lo hacen para evitar tensar la relación con Kicillof. Sin embargo hay una diferencia sustancial que separa a los opositores. Mientras un grupo del interior denuncia, sin hacerlo público, que la Provincia les envío pocos alimentos e insumos médicos durante estos dos meses de aislamiento, otros resaltan que los ayudaron a pagar los sueldos, que habilitaron la mayoría de las actividades de sus municipios y que recibieron apoyo logístico.

Carlos Bianco, el encargado de recibir, procesar y gestionar todos los protocolos y pedidos que mandan los 135 intendentes de Buenos Aires
Carlos Bianco, el encargado de recibir, procesar y gestionar todos los protocolos y pedidos que mandan los 135 intendentes de Buenos Aires

En el kicillofismo no entienden el porqué de la movida que llevaron a cabo los intendentes. Consideran que la política volvió a meterse en el medio. Y la discusión cayó en la grieta de los que avalan las cuarentena y los que ya sienten que las restricciones no se corresponden con la situación que viven en sus ciudades. Interpretan que la queja es sistemática.

Las próximas tres semanas, hasta el 28 de junio, cuando finalice el nuevo esquema de cuarentena, volverán a tener contrapuntos entre el oficialismo y la oposición. A esta altura las diferencias están expuestas y son claras. Kicillof no está dispuesto a dejar que le tuerzan el brazo. Los intendentes quieren romper con el dominio del Gobierno sobre las decisiones en los municipios. Hay dos miradas distintas. La unidad de criterio para enfrentar la pandemia parece ser parte del pasado.

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