
Axel Kicillof y Alberto Fernández hablan casi todos los días. Están en permanente contacto. De hecho ayer almorzaron a solas en Puerto Madero. Ambos entienden que la Nación y la provincia de Buenos Aires deben seguir un mismo rumbo. En verdad, el gobernador electo sabe que depende de las políticas macroeconómicas nacionales para poder generar una recuperación bonaerense. Hay una decisión de ambos de tomar medidas pensando los costos y beneficios de cada gobierno. La política económica de los dos tendrá puntos de coincidencia. Ya los tiene. La postura que tomen frente a la deuda existente será la misma. Sea cual sea la decisión.
Apenas asuma, el ex ministro de Economía tendrá sobre su escritorio cuatro temas prioritarios para afrontar con inmediatez: el vencimiento de la deuda por un monto aproximado de 570 millones de dólares; una deuda del IOMA con los proveedores que, según el relevamiento que hicieron, alcanza los seis meses; la paritaria de los docentes y el tratamiento del presupuesto para el 2020.
Kicillof ya tiene decidido pedir sesiones extraordinarias para tratar el presupuesto. No quiere llegar a marzo sin la ley más importante. Sus espadas en las dos cámaras de la Legislatura serán la senadora Teresa García y el diputado Carlos “Cuto” Moreno. Ambos gestionarán los acuerdos cuando comiencen las negociaciones para lograr consenso detrás del presupuesto. Si bien el massismo y La Cámpora serán parte del acuerdo, sus dos dirigentes de confianza –padrinos políticos del nuevo gobernador– serán los que oficien de interlocutores.

Cerca de Kicillof también están interesados en aprobar un paquete de leyes fiscales e impositivas, y analizan pedir la emergencia alimentaria y sanitaria. Aún no está definido, pero la idea es avanzar en la Legislatura durante el verano y sancionar proyectos que sostengan las primeras medidas económicas de la gestión K.
Una de las principales preocupaciones de Kicillof pasa por acordar con cierta rapidez la paritaria docente, un foco de conflicto que se renueva en cada comienzo año y que termina con múltiples medidas de fuerza de los gremios, y negociaciones duras y truncas. Así ha pasado durante los gobiernos de María Eugenia Vidal y Daniel Scioli. El economista quiere cortar con la regla.
A la hora de la negociación, les planteará a los gremios que está dispuesto a darles la mejor paritaria que pueda, pero que habrá que contextualizar la negociación con la crisis económica existente. Como contrapeso pondrá sobre la mesa un proyecto para mejorar, en el corto plazo, la infraestructura de las escuelas que estén en peor estado.

La situación estructural de los colegios bonaerenses es una de las prioridades y una de las mayores preocupaciones de Kicillof. El antecedente de la explosión de una garrafa en la Escuela N° 49 Nicolás Avellaneda de Moreno –que causó la muerte de dos docentes– dejó una marca trágica en la provincia. El ex ministro no quiere lamentar ningún accidente durante su gestión. Por eso pretende avanzar con rapidez sobre las obras más urgentes que deba afrontar en materia de infraestructura escolar.
El nuevo gobierno bonaerense quiere resolver la paritaria entre enero y febrero. Evitar llegar a los días previos al comienzo de clases sin una resolución. Menos desgaste y mayor certidumbre. De todas formas saben que se van a enfrentar a una negociación compleja y sensible que excede las coincidencias ideológicas con los gremios y el nuevo tiempo del peronismo en el poder político.
En enero Kicillof debe afrontar el vencimiento de una deuda por 570 millones de dólares. De ese total 264 millones pertenecen al ANSES mientras que el resto son de tenedores privados. Aún no está claro si pagará, renegociará o cortará el pago. Lo que haga será en sintonía con Alberto Fernández.

Mientras tanto la transición de cambio de gobierno sigue un curso normal y se da en buenos términos. En el entorno del economista destacan la buena predisposición que encontraron en la vereda de enfrente. Carlos Bianco y Federico Salvai se hablan todos los días y acuerdan cada paso del traspaso de mando. Lograron entablar un buen vínculo y nada hace pensar que en el camino que falta desandar aparezca algún punto de conflicto. Kicillof y Vidal también siguen en contacto, aunque por temas puntuales y con menos frecuencia.
El gobernador electo muestra algunas diferencias con respecto a la exposición que ha decidido tener Alberto Fernández. Mientras uno dejó correr múltiples nombres de posibles ministros, el otro restringió la circulación de candidatos y le pidió a su núcleo de colaboradores –quienes formarán parte del futuro gabinete– que eviten ingresar en la rosca política. “Menos rosca y más gestión”, pronunció frente a ellos en una de las últimas reuniones en las oficinas que usa como búnker.
Otro contrapunto entre la Nación y la provincia es la transición. Si bien en los últimos días las negociaciones por el traspaso de mando avanzaron a nivel nacional, hubo momentos en que estuvieron frenadas y afloró la tensión. En territorio bonaerense fue diferente. Después de una campaña con chicanas y acusaciones cruzadas, el traspaso se encaminó y los intercambios de información fluyeron. Sin embargo, en el kicillofismo reconocen que recién sabrán con exactitud el estado financiero y económico de la provincia una vez que comience el gobierno. Un dirigente de la mesa chica de Kicillof lo graficó en pocas palabras: “La situación la vamos a saber bien cuando lleguemos y revisemos los cajones”.
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