Un golpe de Estado es una acción violenta ejecutada por fuerzas militares, civiles o cívico-militares que violan la ley para apropiarse del control de un gobierno democrático. Si la acción violenta está dirigida hacia una autoridad ilegal, se trata de un golpe palaciego o una refriega interna, porque el elemento básico del golpe de Estado es la interrupción o el descabezamiento de un gobierno constituido legalmente.
Un golpe de Estado siempre apunta a un Poder Ejecutivo designado a través de procedimientos legales, y su metodología es casi infinita. Al principio, se necesita a los conspiradores, que pueden ser militares, civiles o una mezcla de ambas facciones. Estos conspiradores no comparten el programa del gobierno que pretenden derrocar, y entonces optan por el golpe en lugar de competir con comicios limpios y transparentes.
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Si se analizan los intereses que empujaron a la mayoría de los golpes de estado en América Latina, su lógica es siempre la misma: razones económicas -petróleo, bananas, caña de azúcar, expropiaciones de tierra, vacas, medicamentos, ubicación geográfica, diamantes y oro- recubiertas por un fogoso nacionalismo.
En la Argentina, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Arturo Illia e Isabel Martínez de Perón subrieron golpes de las Fuerzas Armadas con respaldo civil y algunos sectores religiosos. La Corte Suprema de 1930 respaldó la caída de Yrigoyen, y un fallo que aún se estudia en la facultad de derecho de Buenos Aires, consideró que la dictadura de José Félix Uriburu era legítima e implicaba la continuidad jurídica del Estado.
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En la región a lo largo del siglo XX se sucedieron quiebres institucionales en la Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Perú, por citar casos paradigmáticos.
Con excepciones puntuales, el golpe de estado significa la caída del Presidente y el cierre inmediato del Parlamento. Tras el derrocamiento de Yrigoyen -por ejemplo- la mayoría conservadora mantuvo abierto al Congreso, aunque sus miembros pertenecían al denominado fraude patriótico.
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Por último, al colapso de la democracia como división de poderes, se debe sumar la censura previa, la reducción de los derechos civiles y hasta la posibilidad de desaparecer en un operativo de las Fuerzas Armadas. Un golpe de Estado no es solamente la ruptura de la constitución nacional, es el quiebre de una forma de vida.
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